«Lo más difícil no es que alguien te decepcione, sino aceptar que siempre fue así y que, por mucho tiempo, elegiste mirar sus posibilidades en lugar de su realidad.
Con el tiempo entiendes que no puedes cambiar a nadie. No puedes pedirle a alguien que te valore, que te cuide o que actúe de una manera distinta solo porque tú lo harías. Cada persona muestra quién es a través de sus decisiones, de sus acciones y de aquello que repite una y otra vez.
A veces nos aferramos a la idea de que las cosas cambiarán, que con más paciencia, más comprensión o más amor todo será diferente. Pero la verdad es que los cambios auténticos nacen de la voluntad de cada persona, no de nuestras expectativas.
La paz llega cuando dejas de luchar contra lo que es. Cuando permites que cada quien sea quien ha decidido ser y te das el derecho de elegir qué lugar ocupan en tu vida. Porque no todo lo que quieres conservar merece quedarse.
Hay vínculos que enseñan que alejarse también es un acto de amor propio y que proteger tu tranquilidad no es egoísmo, sino respeto por ti mismo.
Al final, la verdadera libertad está en dejar de intentar cambiar a los demás y empezar a elegir aquello que sí te da calma, reciprocidad y paz.»
Nasly Georgette Torres Goenaga
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