miércoles, 26 de agosto de 2026

¿En qué momento exacto dejamos de ser eternos para convertirnos en rehenes del tiempo y de la memoria?

Eduardo Galeano, desde la calidez subversiva de El libro de los abrazos, desarma la falsa invulnerabilidad del ser humano con una poesía profundamente terrenal. Somos dioses intocables, o al menos eso creemos, hasta que el temblor de un primer beso o la complicidad eufórica de un segundo vaso de vino derrumban nuestras corazas y nos revelan como lo que somos: criaturas frágiles, hechas de carne, dudas y tiempo limitado.

La mortalidad no llega con la vejez ni con la enfermedad, sino en el instante en que nos permitimos sentir sin red de protección. Entregar el control al deseo o a la embriaguez de la vida es aceptar que ya no somos autosuficientes, que el otro y el instante nos atraviesan de manera irremediable.

Dejamos de ser infinitos el día en que nos atrevemos a besar y a sentir sin miedo a perderlo todo.

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