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jueves, 24 de septiembre de 2020

Excursión de un día a Utrecht

Utrecht ([ˈytrɛxt] ), en español también llamada UtrechUtrique​ y Utreque, hoy en desuso) es una ciudad de los Países Bajos, capital de la provincia homónima. Ubicada en la parte central del país, se trata de la cuarta ciudad en importancia de este.

Con casi 300.000 habitantes, Utrecht es una de las ciudades más bonitas e importantes de los Países Bajos.
La ciudad cuenta con la universidad más grande del país y destaca por su ambiente universitario.
Utrecht se encuentra situada 40 kilómetros al sureste de Ámsterdam.

Qué ver en Utrecht

La ciudad es pequeña y podés recorrerla casi al completo, pero no olvides ver los siguientes puntos de interés:
Oudegracht: Este canal cruza el centro histórico y es uno de los más animados de los Países Bajos. Encontrarás decenas de bares y restaurantes en sus orillas.



Torre Dom: Con 120 metros de altura, la Torre de la Catedral es la más alta de Holanda. Ofrecen visitas guiadas que llegan hasta la parte superior y recorren otros puntos interesantes del complejo. Si tenés suerte, podés disfrutar de la impresionante música del carillón.



Museum Quarter: Así es como se denomina el centro histórico y es donde encontrarás sorpresas en cada rincón.

¿Cómo llegar a Utrecht?
La forma más fácil y cómoda de llegar a Utrecht es en tren. Desde la Estación Central de Ámsterdam se llega a Utrecht en menos de media hora. El precio de ida y vuelta es de aproximadamente 15 euros.

Para pasar una buena tarde

Si vas a estar varios días en Ámsterdam y querés visitar otra ciudad, Utrecht es muy buena opción. Dado que los museos y otros puntos de interés de Ámsterdam tienen un horario bastante limitado, podéis aprovechar cuando cierren para hacer la visita a Utrecht.
No dejés de tomar una copa en los bares que se encuentran junto al canal. Utrecht es el extremo opuesto de La Haya: mucho ambiente y gente joven son una constante en la ciudad.

sábado, 5 de septiembre de 2020

Pont-Aven: un paisaje que es pura poesía e inspiró a Gauguin

Paul Gauguin y Émile Bernard quedaron seducidos por este pueblo bretón durante su estancia entre 1886 y 1896.
Hay pueblos que con solo ver alguno de sus rincones te los imaginás como un escenario ideal para ser pintado por un artista. Pont-Aven, una preciosa población de la Bretaña francesa perteneciente al distrito de Quimper, empezó a ser conocida gracias a la escuela de pintores que tuvo a Paúl Gauguin como maestro y es uno de esos escenarios.
Es un lugar privilegiado lleno de luz y colores en el que el agua está siempre presente. Los campos y bosques, el colorido de las casas, de los puentes, de los barcos, crean un espacio que te atrapará, porque su paisaje es pura poesía y porque frente a tanta belleza, sentirás un poco de envidia por quienes saben de pintura y lograr plasmar esta magia con su pincel.
Pont Aven es una pequeña ciudad de la Bretaña francesa, alegre y llena de encanto, bañada por el río Aven que cruza el pueblo dando vida a los catorce molinos que aun existen en sus orillas, para desembocar en un estuario tranquilo donde se encuentra un pequeño puerto deportivo y de pescadores.
Paseando junto al río, cruzando los puentes y pasarelas, resulta fácil imaginar cómo la poesía de los paisajes y la luminosidad de este puertecito fascinaban a los artistas.
La marea baja y sube cambiando cada 6 horas, dejando a los barcos como en la foto cuando baja. Verás a los turistas esperando que suba la marea para hacer un paseo por el río.
En el recorrido siempre irás acompañado por el ruido del agua, es un río que cruza toda la ciudad, es caudaloso y serpentea entre puentecitos haciéndote sentir que estás en un lugar mágico. La sensación de que puede aparecer Gauguin flota en el aire.

Qué ver en Pont Aven

En busca de recursos y de temas «exóticos», los pintores llegaron a Pont-Aven a partir de 1860. Gauguin fue más aventurero que otros pintores de su época y fundó la Escuela de Pont-Aven en 1886.

La Plaza Paula Gauguin – La Pensión Gloanec

La plaza en la que se encuentra el primer lugar en el que se alojó Gauguin en el pueblo, la pensión Goenec, que ha sido restaurada y hoy es una librería, lleva su nombre. Puede que éste sea el rincón con menos encanto del pueblo, ya que es imposible competir con la belleza natural del río.

El río Aven

El río Aven sigue siendo, junto con la luz, la joya de la corona de Pont-Aven. Los puentes y el sonido de sus aguas son capaces de convencerte que en cualquier momento te encontrarás a Gauguin con su caballete pintando uno de sus rápidos.

Bosque de Amor

Desde la pensión Gloanec donde vivían los pintores arrastraban su caballete hacia el Bosque de Amor. Actualmente, un delicioso sendero permite conocer esos lugares de inspiración, ofreciendo un espacio para seguir los pasos de los pintores de la escuela de Pont-Aven.
Podrás encontrar una reproducción del cuadro El Talismán de Paul Serusier, localizando el paisaje que pintó y que todavía se ve en el bosque del amor.

Paseo Xavier-Grall


Pont-Aven es un lugar ideal para pasar de los paisajes enmarcados a los paisajes al natural. El paseo Xavier-Grall conduce de una orilla a otra por puentecillos escondidos, junto a los lavaderos, canales y compuertas que riegan los vestigios de los molinos. Las orillas floridas colorean los puentes de piedra.
En el agua, una roca gigantesca conocida como el «zueco de Gagantúa»» recuerda que los héroes legendarios conocían anduvieron por ahí.

Galerías de arte

En el siglo XIX la colonia artística que hizo escuela en este sitio imprimió nuevos colores al pueblo. En la actualidad, las galerías de arte perpetúan el espíritu bohemio de antaño y compiten en número con bares y restaurantes.

Capilla de Trémalo

Por encima del Bosque del Amor la capilla de Trémalo se esconde tras las cortinas de hayas y robles. Su curioso techo asimétrico se inclina casi hasta el suelo por el lado Norte. Gauguin hizo famoso el crucifijo policromo en su cuadro El Cristo amarillo.
Siguiendo río abajo, aparece un bonito molino del siglo XV activado por la marea, junto al castillo de Hénant. Al llegar al mar, la encantadora playa de Port-Manech está salpicada de casetas de baño blancas.

Galletas de Pont Aven

Para descansar entre las visitas a las galerías o para dejar pasar la aglomeración de turistas a ciertas horas del verano, probá las galletas de Pont-Aven: Aquí las llaman Traou-Mad y son deliciosas, crujientes y sabrosísimas.

lunes, 20 de julio de 2020

Bath, el encanto bucólico de la burguesía y la campiña británicas

Fundada por los romanos en el año 52 d.C., tal vez puede decirse que Bath es la ciudad más bonita de Inglaterra, con más de cinco mil edificios protegidos (¡no te extrañará que la UNESCO la declarara Lugar Patrimonio de la Humanidad!). Enclavada en un bucólico paraje natural -un meandro del río Avon, que serpentea entre la ciudad bajo puentes reflejando su bellísima arquitectura urbana-, Bath se convirtió durante el siglo XVIII en uno de los lugares más elegantes y exclusivos del país.
Este edificio de estilo gótico es una de las iglesias medievales más bonitas de Inglaterra. Se tardó 120 años en construirla, lo que se puede apreciar en los intrincados detalles que se ven tanto en el interior como en el exterior. Contempla las escaleras de los ángeles en la fachada occidental de la abadía y las espléndidas vidrieras. La bóveda de abanico que cubre el techo muestra unos detalles increíbles. La abadía de Bath se encuentra junto al museo de las termas romanas, en el centro de una bonita plaza peatonal.
La Abadía de Bath, hasta entonces su monumento más destacable, fue testigo destacado de cómo Bath se transformó en el destino por excelencia para la alta sociedad de la época gracias al exquisito desarrollo urbano diseñado por Beau Nash y los arquitectos John Wood (padre e hijo). El No.1 Royal Crescent, asomado al Victoria Park, con sus lujosos apartamentos, The Circus, o los majestuosos Grand Pump Rooms Assembly Rooms, con sus salones señoriales, o jardines de ensueño como los de Prior Park, donde se conserva el Puente de Pulteney, uno de los pocos puentes palatinos del mundo, son los protagonistas de una ciudad tan perfecta y encantadoramente british que parece sacada de una novela de Jane Austen. Y no sin razón: en la ciudad vivió y escribió varias de sus obras la genial escritora, que paseaba por los Sydney Gardens y en cuyos antiguos apartamentos en Sidney Place puedes alojarte o tomar un estupendo afternoon tea. ¡Y cada mes de septiembre, la ciudad se convierte en un homenaje absoluto al talento de su escritora con el Jane Austen’s Festival! Y, desde luego, cuando vas a viajar a Bath, hay algo que debes hacer y tener anotado en lo más alto de tu lista: tomar un baño en las Termas Romanas. Las vistas panorámicas de Bath son inolvidables…

Viajar a Bath: información práctica

Bath se encuentra a unos 185 kilómetros (115 millas) al oeste de Londres. Su cercanía la ha convertido en un destino de escapada muy popular entre los londinenses, y las opciones de transporte para viajar a Bath desde Londres son muy numerosas.
Por carretera, para recorrer la distancia de la autopista M4 entre ambas ciudades se emplean unas dos horas y media, dependiendo, naturalmente, del estado del tráfico.
Viajar en tren a Bath es una excelente idea. Los trenes en Londres salen de la estación de Paddington. El trayecto es muy ameno, la frecuencia muy elevada -hay trenes entre Londres y Bath cada media hora, aproximadamente- y, dependiendo de su itinerario, tardará entre 1h20 y 2h en realizar el viaje de Londres a Bath. La estación de tren de Bath es la Bath Spa Railway Station.
Los autobuses de la compañía National Express realizan el transporte en autobús entre Londres y Bath. Hay varios puntos de partida: los aeropuertos de Heatrow y Gatwick, y la estación de Victoria Coach Station. En Bath, la estación de autobuses de Dorchester Street, está al lado de la Bath Spa Railway Station.

El puente de Pulteney es uno de los rincones más bonitos y especiales de Bath. Construido en el siglo XVIII, este puente destaca por la cantidad de tiendas que se construyeron a ambos lados. Muchas personas están tan ensimismadas con las encantadoras cafeterías y tiendas que no se dan ni cuenta de que están sobre un puente. El río corre a través de una presa situada junto al puente, creando un efecto de cascada. El puente se encuentra en el centro de la ciudad, detrás del mercado Guildhall y la biblioteca central. Resulta especialmente romántico al caer la noche.

Los romanos fueron los primeros en descubrir las aguas ricas en minerales que había bajo la ciudad de Bath, que se utilizan miles de años después para bañarse en ellas. El Thermae Bath Spa es un elegante recinto donde podrás relajarte en las aguas termales y disfrutar de unas sesiones de baños de vapor. Hay varias termas en el spa, pero la mejor es la que se encuentra en la azotea al aire libre. El agua caliente resulta revitalizante independientemente del clima. Te recomendamos que vayas de lunes a viernes si puedes, ya que los fines de semana suele estar bastante lleno.

miércoles, 15 de julio de 2020

Bremen, Alemania

Bremen es un importante centro cultural y económico que todavía es conocido por su relevancia histórica. La ciudad se ubica a orillas del río Weser y en su corazón se esconde uno de los barrios históricos mejor conservados de Alemania. Como miembro de la poderosa liga hanseática en la Edad Media, Bremen se ha forjado un glorioso pasado y un próspero presente, pues actualmente es una de las ciudades más grandes y boyantes del noroeste de Alemania.


El centro de Marktplatz, o plaza del mercado, el histórico distrito de Bremen, permanece activo desde el siglo VIII. Los antiguos edificios que rodean la plaza están entre los más hermosos de toda Alemania. En concreto, el ayuntamiento, la catedral de Bremen, el Schütting y el Parlamento de Bremen hacen que esta famosa plaza parezca de otra época. Puedes tomar algo en la terraza de un restaurante y hacer fotos fantásticas de puntos de interés como la estatua de Rolando y el monumento a Bismarck.

Böttcherstraße, o calle de los barrileros, es una calle peatonal de 100 metros con tiendas de artesanía y agradables cafeterías y restaurantes. Esta calle, que erigió un acomodado empresario de Bremen a principios del siglo XX, posee un increíble estilo expresionista en ladrillo. Es una de las principales atracciones turísticas en Bremen, y en ella se encuentran un museo de arte y el carillón de la Glockenspiel. El carillón suena tres veces al día (a las 12:00, a las 15:00 y a las 18:00) de enero a marzo y dos veces (a las 12:00 y a las 18:00) el resto del año.


La catedral de Bremen se construyó en un principio a partir de madera en el siglo VIII, pero posteriormente se demolió y se volvió a construir varias veces. El edificio primero fue de estilo románico y luego gótico, aunque actualmente aúna ambos estilos, y también posee algunos cuadros de estilo neobizantino. Esta enorme catedral es una obra maestra de la arquitectura desde su cripta hasta sus torres. Sube a una de las torres para tener ante ti una impresionante vista de Bremen. Eso sí, ten cuidado con los escalones, que son algo empinados y estrechos. La entrada es gratuita, aunque hay audioguías disponibles a un módico precio.



Schnoor es el barrio más antiguo de Bremen. Este barrio, situado a 250 metros al sur de Marktplatz, en las orillas del río Weser, es como un laberinto de callejuelas adoquinadas con edificios de los siglos XV y XVI que se conservan en perfecto estado. Da una vuelta por este clásico barrio, donde podrás descubrir una magnífica oferta artística, tiendas de joyas y ropa y también cafeterías y restaurantes donde puedes hacer una agradable pausa. De hecho, los ciudadanos de Bremen lo conocen como "el salón de nuestra ciudad".



martes, 7 de abril de 2020

Un paseo por la casa y los Jardines de Monet a 75 km de París

Monet se enamoró de Giverny cuando la vislumbró desde la ventanilla del tren. Se instaló allí en 1883 y durante 43 años llamó a este lugar su “hogar”.


Cuando visites París, si sos amante de la pintura o de los jardines con nenúfares, no dejes de ir a Giverny y visitar la casa y los jardines de Monet. Encontrarás el lugar donde residió el famoso pintor impresionista Claude Monet.

Monet y Giverny

Vivió en este maravilloso lugar con su familia, entre 1883 y 1926, año en que se produce la muerte del pintor.

Los Jardines de Monet

La mejor época para visitar los jardines es de abril a octubre. Pero para ver el jardín en su máximo esplendor tendrías que ir en julio, cuando las flores están en plena floración. Caminá por los pequeños senderos bordeados de macizos de flores, mientras paseás por el jardín. Te sorprenderán los colores y olores.
Este bello lugar se encuentra en la región de Haute-Normandie, a una distancia de 75 km de la capital francesa. Monet se enamoró de Giverny cuando vislumbró la ciudad desde la ventanilla del tren.
Aquí, este maestro del impresionismo, dio rienda suelta a su pasión por los colores y la jardinería. Poco a poco fue creando una obra artística viva, añadiendo nuevas plantas exóticas, un estanque y un puente.
El jardín fue la musa del artista. Según cuentan en ese lugar, su pasión fue la jardinería, y pensando que era mal jardinero… se dedicó a pintar. Monet nunca estuvo interesado en un jardín bien cuidado. Prefería que sus flores y su gran variedad de colores se fusionaran libremente.
La casa es de dos pisos y se mantiene totalmente intacta, con todo el mobiliario y decoración originales. Algunos ejemplos son el taller del pintor, el comedor, la cocina, su dormitorio, el de su esposa y el salón azul de lectura, donde se conserva su colección de estampas japonesas.
Esta colección conforma otra de las obsesiones del artista, quien llegó a poseer más de 200 estampas.
a fachada es de color rosa, y el pintor se encargó de instalar una pérgola con flores trepadoras para crear una unidad entre la casa y el jardín. Frente a la casa también hay un pequeño huerto.
El jardín está dividido en dos áreas: una frente a la casa que se conoce como “Clos Norman”, y otra parte al atravesar la carretera, donde está el “jardín del Agua”, donde se ubica el puente japonés.
Allí se disfruta de forma directa y muy vívida el mundo de color que Monet representó en sus cuadros: las diferentes plantas traídas de los lugares más exóticos del planeta, el estanque asimétrico, también conocido como el de los nenúfares, planta que pintó sin descanso durante toda su vida.
Este estanque se atraviesa por un puente de estilo japonés, rodeado de sauces llorones, glicinas y más nenúfares.
El puente es sin duda uno de los puntos culminantes de los jardines de Monet.

Cómo llegar

La mejor manera para llegar es tomar el tren en la estación parisina Gare Saint Lazare hasta Vernon. Al llegar a Vernon hay unos autobuses (navettes) que te llevan hasta Giverny. El trayecto dura unos 50 minutos

lunes, 20 de enero de 2020

Chaouen, el pueblo de los mil tonos de azul de Marruecos

Con su laberinto de casas a cuadrícula encaladas en todos los tonos del azul, desde el índico al cobalto, pasando por el añil, este pueblo morisco de aire andalusí es, sin duda, el más fotogénico del norte del país. Muy cerca, en las montañas del Rif, se puede descubrir un tesoro natural mucho más desconocido, el Parque Nacional de Talassemtane.

Chefchaouen, Chaouen, Xauen a secas… con cualquiera de los tres nombres, y lo mismo alguno más, aparece indicado este pueblito por la carretera que al norte de Marruecos serpentea hacia la cordillera del Rif. El primero, en bereber, significa «mira los cuernos», en alusión a los dos rotundos picachos que despuntan sobre el caserío. Su abigarrado entramado de casas cúbicas encaladas se encajan cual puzzle unas con otras, resbalándose por las laderas entre un laberinto blanquiazul de escalinatas inundadas de gatos y de vida cotidiana.

Cierto que ha crecido bastante en los últimos tiempos y que en temporada alta, dada su proximidad a España, se llena de compatriotas ávidos de un exotismo difícil de concebir tan cerca. Aun así, la villa más bonita del norte del país no ha perdido ni su carácter rural ni la arquitectura andalusí que obliga sí o sí a enamorarse de su medina o ciudad vieja. Fundada por un mulá en el siglo XV, fue ampliada por los judíos y musulmanes que le dieron ese aire de pueblo andaluz.
Hasta principios del XX, el acceso a este lugar santo estuvo prohibido a los infieles so pena de muerte, aunque tras la tristemente célebre Guerra del Rif quedó del todo integrado, hasta 1956, en el Protectorado español. Eso explica que muchos de sus ancianos se manejen como pez en el agua en nuestro idioma; lo de los jóvenes tiene más que ver con el turismo, y con la infinidad de peninsulares instalados para siempre en esta Alpujarra marroquí coloreada de índigo.
Conviene consagrar al menos dos días a callejear sin prisa su cogollo estrictamente peatonal. Desde los lavaderos comunales de Ras el Ma hasta la última de sus cuestas, arremolinadas en torno a la plaza, a rebosar de cafés, que se orilla a las murallas de la kasbah. El pueblo, con sus tienditas-telar de mantas rifeñas, su mercado campesino de los jueves, el vocerío de los niños a la carrera por las esquinas y sus mujeres en bata de paseo al atardecer, regala fotos de postal allá donde se oriente el objetivo.

Que Chaouen es precioso ya no es un secreto, sí lo es más el Parque Nacional de Talassemtane, que lo cerca. Con alturas modestas que rondan los 2000 metros y sus macizos calcáreos coronados de nieve en invierno, a su vera se cobijan racimos de aldeas de adobe que se dirían de otros siglos, como Loubar y Mechkrala, donde uno puede alojarse en las casas de sus campesinos, compartiendo mesa con ellos o aprendiendo de sus mujeres a hacer pan en un horno tradicional, a elaborar la geométrica cerámica bereber o a cocinar sobre las brasas un señor tagine.

GUÍA PRÁCTICA

Cómo llegar

Tánger, a dos horas y media en coche de Chaouen, está conectado con vuelos directos desde Madrid, Barcelona, Málaga y Palma de Mallorca. También se puede llegar a Tánger y a Ceuta en ferry, con posibilidad de embarcar el coche, desde Algeciras o Tarifa.

Dónde dormir

Todo un clásico, Casa Hassan-Dar Baibou (casahassan.com), dos casas de arquitectura tradicional marroquí con habitaciones muy coquetas. También en plena medina, Dar Meziana (riadmeziana.com), otra preciosa vivienda antigua rehabilitada al detalle, coronada por una azotea donde sentarse a admirar el atardecer ante un fragante té a la menta. Buenas opciones son además el Riad Cherifa (riadcherifa.com), Lina Ryad & Spa (linaryad.com) o el más asequible Dar Yacout (daryakout.com).
Dónde comer
El restaurante de Cassa Hassan (casahassan.com) es todo un clásico para cenar, aunque el menos conocido Sofía (Pl. Outa Hammam Khadarine Escalier Roumani), regentado exclusivamente por mujeres, prepara y a precios aún más módicos una exquisita cocina casera que va más allá de los omnipresentes tagines y cuscús que se encuentran por todas partes. Excelente opción también el Lalla Messouda (Av. Hassan I, quartier M'dakka). Y si se quiere tomar una cerveza o aliñar la cena con un buen vino marroquí, que los hay, no queda entonces más opción que el entrañablemente anticuado Parador (hotel-parador.com), el único que sirve alcohol en toda la medina.

lunes, 13 de enero de 2020

Split, la ciudad donde empaparse del hedonismo croata

Alegre, soleada y rendida a los placeres de la vida, esta joya de la costa dálmata que fue el capricho del emperador Diocleciano es pura esencia mediterránea. A sus rincones trufados de historia y sus calas flanqueadas de pinos, se une un animado panorama de terrazas y tabernas, encajado entre las montañas y el Adriático.

De la confluencia de una costa accidentada con unas aguas de color zafiro, de unos imponentes vestigios romanos con huellas renacentistas, de un pasado solemne con el latir de nuestros días, nació esta ciudad llamada a convertirse en una de las más bellas del Mediterráneo. Split, la segunda metrópoli de Croacia, es ese lugar donde la piedra cuenta miles de historias, el aire huele a higueras y pinos, y en la mesa, el paladar se contenta con auténticas delicias marineras.
Pero además Split es un palacio convertido en ciudad. Literalmente. Es el palacio de Diocleciano, el emperador romano que protagonizó las más sangrientas campañas contra los cristianos –cuentan que incluso ordenó el asesinato de su mujer y de su hija por convertirse a esta religión- y que, próximo a morir, llevó a cabo su gran deseo: la construcción de una majestuosa villa para su retiro.   

Así, entre los años 295 y 305 d. C., se levantó un palacio para el que no se escatimaron gastos: se importó mármol de Italia y Grecia, madera del Líbano, piedra de la isla de Brac, se trajeron columnas y esfinges egipcias y se emplearon a fondo más de diez mil esclavos. El resultado fue una obra descomunal (nada menos que 30.000 m2 de edificio y tres hectáreas de superficie) que, en su día, acariciaba el mar y quedaba protegida por cuatro murallas y cuatro puertas.
UN MONUMENTO VIVO
Lo más sorprendente de todo es que, con el tiempo, la ciudad fue inmiscuyéndose en el palacio –o viceversa- y se fueron adosando viviendas y los sucesivos habitantes fueron incorporando todo tipo de elementos nuevos. Y esto, que a priori podría parecer un crimen, es lo mejor que le pudo pasar a este capricho de Diocleciano para no quedar reducido a un mero monumento. Hoy es el único palacio romano lleno de actividad, en el que la gente entra y sale por su interior laberíntico, y donde hay tiendas, restaurantes y movimiento continuo. Donde hay vida, en definitiva, con el privilegio de que tomarse un simple café es un acto que se enmarca en paredes milenarias. 
Catedral de Split

Así sucede, por ejemplo, en el Peristilo –donde antaño se recibía a las delegaciones– ocupado hoy por el bohemio café Luxor (lvxor.hr/en) con sus cojines rojos sobre la escalera: en la noche hay música en directo iluminada por velas. Al lado, paradojas de la historia, el famoso mausoleo con la tumba de este emperador implacable contra el cristianismo fue decretado catedral de Split. Dicen que se trata de la catedral más pequeña del mundo.
EL MÁS PURO DISFRUTE
Puerto de Split

Más allá de intramuros, el trasiego continúa en los dos mercados que flanquean las murallas -de verduras y de pescado- o a lo largo de La Riva, el bullicioso paseo marítimo de corte moderno y cosmopolita, donde dejarse ver en las terrazas de moda. Y también entre las callejuelas de piedra que se esconden a su espalda, en las que admirar el rastro de la dominación veneciana (fachadas renacentistas, colores pastel…) y, ya de paso, detenerse a tomar un aperitivo en locales tan cool como Bokeria (Domaldova ul. 8) o La Bodega (labodega.hr).
Y es que en Split nada resulta más gratificante que hacer lo que los propios locales, es decir, disfrutar de la vida, del buen clima, del carácter abierto de sus gentes, de la excelencia de sus vinos y de una gastronomía que es todo un festín de productos frescos de la tierra y del mar. Para comprobarlo, hay dos restaurantes maravillosos: Fife (Trumbićeva obala, 11) y Sperun (Šperun ul, 3).
PAZ Y AIRE PURO
Pero no olvidemos que esta joya dálmata también presume de escenario natural, de una ubicación privilegiada. La ciudad se eleva sobre una península coronada en un extremo por el boscoso monte Marjan, bajo el cual se esconden, yuxtaponiendo el azul del mar al verde de la vegetación, las mejores playas de la zona.
Escapar del asfalto para plantarse en el verdadero pulmón implica caminar apenas unos quince minutos siguiendo la línea del puerto. Allí, a los pies de una colina y con unas vistas espléndidas al mar, hay una visita imprescindible: la Galería Ivan Mestrovic (mestrovic.hr/en/mestrovic-gallery), el afamado escultor modernista de origen croata. Bellísimas piezas en mármol, piedra, madera y bronce, desperdigadas por el jardín o al abrigo de un edificio que es en sí mismo una obra de arte. 
Split, punto de partida ideal para explorar el puzle de islas de este país balcánico, también goza de sus propias playas, con las que logra durante todo el año un aura de despreocupación veraniega. La más popular es Bacvice, en la ensenada urbana, limpia y recoleta. Pero merece la pena caminar hacia el oeste para encontrarse con la cala Kasjuni. Allí, cóctel en mano, aguarda un atardecer de escándalo desde las lujosas tumbonas del Joe’s Beach Lounge & Bar (Šetalište Ivana Meštrovića 45). El Adriático, en tonos púrpura, nunca se vio tan bonito. 

domingo, 29 de diciembre de 2019

Barrio Gótico de Barcelona


El Pont del Bisbe, el rincón más fotografiado del Barrio Gótico. 

Es una de las pocas zonas de la Ciudad Condal que aún permite perderse entre antiguas y desordenadas callejuelas. Un entramado de historia, terrazas con encanto, arte callejero... y hadas

Del corazón de Plaza Catalunya salen dos arterias que bombean turistas sin descanso. Las Ramblas, donde comprar souvenirs e ir con el bolso sujeto, y la Avenida del Portal de l'Angel, una coqueta vía comercial que muere en el Real Círculo Artístico de Barcelona. El edificio, coronado a media altura por una terraza con guirnaldas de luces entre los árboles, da una idea de lo que poco más adelante esconde la Ciudad Condal. Un Barrio Gótico, piedra ennegrecida y callejuelas estrechas, que invita a perderse y esconde rincones de cuento.
Enmarcado entre el ordenado Eixample y la transitada playa de la Barceloneta, el Barrio Gótico es una de las pocas zonas de la capital que no se ha sometido a la organización milimétrica de la escuadra y el cartabón. Su título ha sido puesto en duda, pues no pocas estructuras que se venden como 'góticas' fueron en realidad levantadas entre los siglos XIX y XX. La misma Catedral de Barcelona, centro neurálgico del callejero y principal competidora de la vanguardista de Gaudí, se lavó la cara entre 1882 y 1913 para darle un aspecto acorde al estilo que vendía el barrio.
La catedral hace las veces de frontera, grandiosa en la Plaza Nova, donde los artistas callejeros dan la bienvenida al lado más romántico de la ciudad. Un grupo de breakdancers -«de repercusión mundial», presumen- dan unas cuantas vueltas sobre sí mismos y abandonan el lugar despavoridos, ahuyentados por un Guardia Urbana. En la fachada principal, junto a las escaleras, dos jóvenes de barba y moño, pintan el aire de folk. Antes, en la esquina que da al flanco derecho de la catedral, un joven toca un piano acompañado por un anciano a la trompeta que permanece impasible en una silla. Detrás de ellos, en la callejuela que se anuncia como el Carrer del Bisbe, un nutrido grupito canta a capella temas en catalán y de Broadway. Vaya acostumbrándose, la música en las calles uno de los grandes atractivos de la capital catalana.
Precisamente, el Carrer del Bisbe fue la vía más transitada en época romana y contiene el elemento más fotografiado de todo el Barrio Gótico: al estilo del Puente de los Suspiros, pero con 300 años menos que el veneciano, se alza el Pont del Bisbe (o del Obispo, para entendernos). A su sombra recalan todos los turistas gracias a las leyendas urbanas que lo rodean. Si se detiene justo debajo, busque la calavera, pero de reojo; si la mira tres veces morirá, o eso dicen. También que si lo cruza de espaldas y luego mira al cráneo, se le concederá un deseo. Otros, en cambio, creen que si se retira la daga que atraviesa la figura, todo Barcelona se derrumbará. Elija la leyenda al gusto.
También aquí se encuentra el acceso al silencioso claustro de la catedral, donde toman el solillo trece ocas blancas en honor a los trece años con los que Santa Eulalia fue ejecutada (la basílica está dedicada a ella). La entrada, de 7 euros, le dará acceso al edificio y a las terrazas, desde donde se consiguen unas maravillosas vistas de la ciudad, la playa, el teleférico y Montjuïc. Merece la pena detenerse en la barandilla unos minutos, amén del viento.
Si continúa en línea recta por la vía del Obispo, llegará el Ayuntamiento y la Generalitat. Si, en cambio, se detiene antes del puente, en la Plaza de Garriga i Bachs, y toma la primera callejuela, desembocará en la pequeña Plaza de Sant Felip Neri, empedrada y quieta, solo interrumpida por el fluir de una fuente de agua cristalina y azulejos blanquinegros. No tiene la ostentación de la Plaza Nova, pero es un rincón con encanto e historia. La iglesia que le da nombre ha quedado marcada por la metralla de la Guerra Civil; aquí se dirigía Gaudí cuando falleció, atropellado por un tranvía; fue la elegida por la banda estadounidense Evanescence para su vídeo 'My Immortal' -los visitantes se detienen en una esquina para entrar en Youtube y hacer la comparativa-; y durante la visita de quien escribe estas líneas sirvió de escenario para que un conjunto de chelo, arpa, flauta y voz rodase su último vídeo. Unas mesas de madera y blancos manteles conforman la coqueta terraza del restaurante Neri y los árboles pelados que ahora se alzan entre las piedras del suelo las cubren de sombra en primavera.
De vuelta, si rodea la catedral dará con la impresionante Plaza del Rey, donde se levanta el Palacio Real Mayor. Es posible visitar alguna de sus estancias -los amplios Salón del Tinell y la capilla palatina de Santa Ágata, ambos del siglo XIV- y allí también queda la entrada al Museo de Historia de Barcelona. Allí acceda al subsuelo y pasee por las calles de la Barcelona de los romanos: una tintorería del siglo II d.C. o los primeros vestigios de las comunidades romanas. En la calle, una cristalera le ofrece un avance de lo que se esconde más abajo; justo al lado, la terraza salpicada de sombrillas de L'Antiquari, que presume de sus mojitos.
En la misma plaza, los Archivos de la Corona de Aragón, que merece la pena visitar aunque sea solo por la paz de sus patios y corredores. Pared con pared se levanta el Museu Frederic Marès, que además de una enorme colección de objetos medievales acoge el Cafe d'estiu, un encantador oasis en medio del barrio, con fuente, terraza y buganvillas entre columnas y arcos de piedra. Como tomar un café en un castillo, a la vista las torres de la catedral. A las puertas del museo-café, un modesto tenor arranca aplausos a los viandantes.
También a las espaldas de la catedral, se esconde el Carrer del Paradís. Si no tiene tiempo de visitar los pasadizos del Museo Histórico, siempre puede ver aquí las sorprendentes ruinas romanas que se han fundido con las casas. En el patio interior del Centro del Excursionista sobreviven al paso del tiempo cuatro columnas de nueve metros de alto que sostuvieron el Templo de Augusto, lo que en su día fue un santuario de 37 metros de largo y 17 de ancho. El resto, ocuparon las estancias de las casas que lo rodearon y que se fueron construyendo sobre su base, sin llegar a derruirlo del todo. Levantado en el siglo I en lo que entonces era una colonia llamada Barcino, está declarado Bien de Interés Cultural y Patrimonio histórico.
Finiquitada la calle del Paraíso, dejando ya atrás la Catedral, la gente se pasea con helados. Vienen Gelaaati di Marco (así, con todas sus 'as'), la segunda heladería de mayor prestigio de Barcelona, según la web de viajeros TripAdvisor. Se entiende, cuando se cuenta con un mostrador con casi cincuenta opciones. Los hay sin gluten, sin lactosa, para veganos Sírvase y pasee hasta la Plaza Sant Jaume, la del Ayuntamiento y la Generalitat, que se abre a su lado, y enlace plazoletas: la de Sant Miguel, con una extraña figura en forma de alambre y en honor a los Castellers; la de George Orwell, pequeña y salpicada de columpios y árboles; y la más suntuosa de todas, la Plaza Real, neoclasicista, plagada de palmeras y arcadas. Descanse y disfrute del sol mediterráneo.
A una lado de la plaza discurren las Ramblas de Barcelona, ahora sin la sombra de sus árboles, pero aún bien transitada. Si desciende por su cauce hasta el Pasaje de la Banca, a la izquierda, antes de que la vía muera en el mar, llegará hasta el Museo de Cera de la ciudad. No es tanto este rincón el que nos interesa, sino otro lleno de magia que se esconde tras una tienda en una esquina. El escaparate está lleno de graciosas figuras de papel, y al fondo se abre una puerta. Es el Bosc de les Fades, un bar conformado por paredes de enredaderas y techos de ramas y faroles, un auténtico bosque en medio de la ciudad. El lugar está en penumbra, pero si investiga un poco dará con las ninfas, busque sino por el riachuelo. Tómese algo a su salud y espere a que lleguen las tormentas. Hasta ahí se puede leer.
Para terminar el ciudad, ascienda a las alturas. Sáltese la norma y salga del Barrio Gótico, hasta el Carmel, un barrio humilde pasado el Parque Güell. Allí aguanta un búnker cuya posición estratégica otorga una panorámica inigualable. Vaya al atardecer y espere. El torrente de Barcelona iluminado.

jueves, 28 de noviembre de 2019

Luis Benshimol recomienda: Un pueblo del Aveyron que se pasa de encanto, Conques

Este pueblo se llama Conques, y es uno de los más bonitos que podrías ver en Francia dentro de la región de Aveyron. Tras varios años de tenerlo en mi mira viajera, finalmente pude conocerlo. En este post les voy a explicar no solo la razón por la que es un lugar increíble, sino además los consejos y guía para visitarlo, con todo lo que hay que ver y hacer en este pueblo, uno de los más bonitos de Francia.

¿Como es Conques? 

Conques es un pueblo que tiene varios ingredientes para transformarse en uno de los pueblos medievales más bonitos que puedas ver. Después de mis variados viajes por distintos departamentos de Francia (viajes que pueden seguir en mi cuenta Instagram al momento), Conques fue un objetivo de mañana de primavera en camino a mi primera introducción al Aveyron. Y hay varias razones para que Conques compita por ser uno de los pueblos más bonitos: para empezar está apartado en un valle estrecho que hace que esté rodeado de naturaleza y verde en todas direcciones.
Tiene pocos habitantes y muchas casas del estilo característico de la región de Aveyron. No hay ninguna construcción que no tenga ese estilo y por tanto la armonía del pueblo es inmejorable. Conques es una preciosa postal desde cualquier ángulo, desde cualquier calle, desde cualquier vista. Una puesta que hoy en día parece escenográfica, un pueblo afortunado de haber cambiado poco y nada con los siglos en una situación privilegiada:
Y que decir de sus casas. Tanto las que están en torno a la famosa abadía que protagoniza el pueblo, pero también las que están algo más apartadas, y se vuelven espaciadas hasta perderse en el valle frondoso (en el que que el río se oculta pero se escucha con su correntada).
Para resistir aún con más armonía la modernidad, es un pueblo casi completamente peatonal. Los coches de turistas se aparcan en las zonas habilitadas (las hay gratruitas, y de pago en más abundancia). Solo resta caminar y caminar por sus calles.
Conques es todas esta belleza trepando por la ladera muere en el valle y el río:

¿Donde queda exactamente Conques?.

Conques está “escondido” en el valle del río Dourdou de Conques, esto es en el sudoeste de Francia y relativamente cerca de ciudades como Cahors, Aurillac o Millau. O para referencias de más peso a 180 kilómetros de Toulouse.
Conques es además uno de los pueblos estrella para visitar en el departamento de Aveyron, región de Occitania. En su entorno es posible encontrar varios pueblos conservados de un modo increíble y que merecen ser visitados uno a uno.
Debo confesar que caminar por las calles de este pueblo fue uno de los mejores momentos de mi viaje y que termino por sumarlo a los que serán mis preferidos de Francia:

¿Cómo llegar a Conques?.

Como se trata de un sitio relativamente apartado en un valle, y en una región donde no hay grandes ciudades cercanas, la mejor forma de llegar no es otra que en coche (o en un coche de alquiler) ya que el transporte público o bien escasea, o los horarios son bastante limitados.
Mi visita a Conques la hice siguiendo un itinerario en coche explorando varios departamentos del centro y sur de Francia. Por esos días estuve explorando el Valle del río Dordoña en Lot, Correze, Cantal y Aveyron. Conques es perfecto para incluirlo en una ruta por pueblos del Aveyron, como les decía, un departamento que contiene varios pueblos preciosos con estilo similar.
O también podrías llegar a Conques siguiendo un sendero del Camino de Santiago Francés (la Via Podiense o también llamado Camino de Le Puy). De hecho es muy usual encontrar senderistas y peregrinos pasar y hacer noche en Conques.
Por cierto, Conques también integra la asociación de los pueblos más bellos de Francia.

Qué ver en Conques.

Uno de los motivos por los que llegar a Conques (desde hace siglos) es que este pequeño pueblo es un gran centro de peregrinación dentro de Francia gracias a la abadía de Saint-Foy. Pero antes de ello, no dudo en decir que lo primero que debes ver y hacer en Conques es caminar.
Caminar sus calles es una auténtica belleza, y hacerlo sin rumbo es un deber. Arquitectura rural, rústica, casas de fachadas entramadas, tejados de piedra, ventanas y flores. No es demasiado grande y lo podrás ver completo en algo más de una hora.
En cuanto a la historia y atractivo de la abadía, evidentemente el establecimiento de un monasterio en Conques es lo que marca un antes y un después en el lugar. Desde el siglo XI fueron llevadas al monasterio las reliquias de Sainte Foy (una de las primeras mártires cristianas). Pero llevadas no precisamente de un modo elogiable, sino directamente robadas desde Ager por un monje integrante de la abadía.
En aquellos tiempo, el “éxito y fama” de un santuario estaba condicionado por el valor de las reliquias a exhibir: eran el imán para atraer peregrinos, y por tanto, riquezas. Con el tiempo Conques se fue convirtiendo en un punto ineludible para peregrinar, además de una parada obligada dentro del Camino francés de Santiago. Por lo tanto, la historia, el crecimiento del monasteria, las obras de la iglesia y su valor patrimonial, hicieron que esta abadía encabece lo más importante que ver en Conques.

La Abadía de Conques.

Cuando uno llega a visitar pueblos que desde siglos pasado fueron un santuario capaz de atraer peregrinos, no es difícil sorprenderse con las dimensiones de los edificios religiosos (no olvidemos que estamos en pueblos que apenas tienen más de 300 habitantes). Algo similar ocurre en Rocamadour (relativamente cercano). La Abadía de Saint-Foy en Conques es deslumbrante y protagoniza la arquitectura del pueblo sobresaliendo con sus torres y altura:
La iglesia abacial de Sainte-Foy de Conques es el edificio que enmarca el pueblo. Y está considerada como una obra maestra del románico en el sur de Francia.
No olvidemos que el valor arquitectónico e histórico de esta iglesia integran el itinerario de los Caminos de Santiago en Francia, declarados como Patrimonio de la Humanidad. Su origen se remonta al año 819 con la creación del monasterio. Pero sin duda que el gran hito para el crecimiento de este santuario fue la incorporación de las reliquias de Saint-Foy, que les decía, según la historia fueron robadas a otra Iglesia. La fama de las reliquias atrajeron más y más peregrinos desde entonces, junto con la riqueza para el monasterio. Así se construye la iglesia más grande y actual a partir del siglo XI.
La iglesia deslumbra no tanto por su decoración, que es más bien sobria, sino por sus dimensiones y altura.
El Museo del Tesoro de la Abadía. Como una curiosidad, el relicario y los objetos del tesoro de oro y plata en Conques se conservaron hasta la actualidad, una auténtica rareza en comparación a otros relicarios y tesoros que no sobrevivieron a los robos, avaricia o la destrucción de guerras y catástrofes. Hoy en la abadía se puede presumir de uno de los tesoros religiosos más espectaculares de Francia. Precisamente hay un museo en donde se exhibe este auténtico tesoro en el edificio que está junto al antiguo claustro. Aunque el museo es pequeño, hay una colección de enorme valor, que además fue conservada por los propios lugareños en tiempos en que se intentaba confiscar los tesoros religiosos durante la Revolución Francesa.

Alojarse en Conques.

Además de un hermoso pueblo turístico, Conques es un punto de parada para peregrinos modernos. Actualmente no solo llegan peregrinos de fervor religioso, también amantes de la arquitectura, la historia, o simplemente del encanto de los pueblos del Aveyron. Conques es un pueblo precioso para alojarse y quedarse al menos una noche. Siendo un punto acostumbrado a los “forasteros” desde hace siglos, cuenta con varios, hostales, hoteles, restaurantes, tiendas de artesanías, de productos locales, y los infaltables suvenirs.
No me animo a agregar más que lo que ya puedan expresar tantas fotos en cuanto a encanto y belleza. Uno de los pueblos que hacen digno pensar seriamente seguir rutas explorando el interior de Francia.
Para capital, está París, pero no está completa Francia sin sus pueblos apartados y desconectados de lo que se supone es el estilo de la modernidad. Conques es uno de los mejores ejemplos.
(*) Todas las imágenes pertenecen a Matías Callone y están bajo licencia Creative Commons