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martes, 3 de diciembre de 2024

«Ojos de perro azul» es un relato de Gabriel García Márquez que explora el mundo onírico de dos personas, un hombre y una mujer, que se encuentran repetidamente en sus sueños. La historia se centra en sus conversaciones y la conexión especial que comparten, simbolizada por la frase «Ojos de perro azul». Mientras que ella evoca estos encuentros al despertar y busca desesperadamente al hombre en el mundo real, él es incapaz de rememorar nada al día siguiente. El cuento juega con los conceptos de realidad y fantasía, memoria y olvido, cercanía y distancia. García Márquez teje una narrativa surrealista y poética que reflexiona sobre la naturaleza efímera de los sueños y el anhelo de conexión humana.

Lee el cuento completo: https://lecturia.org/cuentos-y-relatos/gabriel-garcia-marquez-ojos-de-perro-azul/5821/

lunes, 6 de mayo de 2024

EL ESTOICISMO

El estoicismo es una filosofía muy simple, que busca el crecimiento personal y con base a eso, mejorar las relaciones de las comunidades. Sus creencias se basan en 4 aspectos principales:

1. Sabiduría: tener la capacidad intelectual de lidiar con todo tipo de situaciones buscando siempre la solución más lógica y racional.

2. Templanza: aprender a controlar todos los instintos y vivir con base única en la moderación de los deseos y las emociones.

3. Justicia: dar a todos lo que les corresponde, tomando en cuenta sus derechos y sus verdades.

4. Valentía: demostrar la fuerza emocional necesaria para saber aceptar los aspectos negativos de la vida sin miedo. 

¿Cómo puedes practicarlo? 

Primer paso: Aprende a controlar tus emociones. Marco Aurelio, solía utilizar la meditación y como mantra decía: "Hoy escapé de mi ansiedad, la saqué de mí porque me di cuenta que venía de mis propias percepciones y no de afuera". 

Segundo paso: Busca un ejemplo que te inspire y sigue sus pasos. Séneca, en su libro "Cartas de un estoico" dice: "Elige a alguien cuya forma de vivir tenga tu aprobación. Mantente siempre en su misma dirección, como un guardián, como un modelo". 

Tercer paso: Aprende a aceptar los fracasos como parte natural de la vida. Las caídas son parte del éxito.

Cuarto paso: Lee todo lo que puedas y actúa con base en tus aprendizajes. Epícuro, en su libro "El arte de vivir" dice: "No digas que has leido varios libros, demuéstralo con tus acciones". 

Quinto paso: Analiza el uso que le das a tu tiempo, puede ser que le estés dando demasiada importancia a nimiedades. 

Esta creencia filosófica, sigue vigente en la actualidad. El líder político, Nelson Mandela se guiaba por los libros de Marco Aurelio, uno de los máximos representantes del estoicismo. La filosofía cree en la paz, mas no quiere decir que crea en la pasividad.

miércoles, 2 de junio de 2021

MUJERES QUE CORREN CON LOS LOBOS - Clarissa Pinkola Estes


 


Dentro de toda mujer alienta una vida secreta, una fuerza ponderosa llena de Buenos instintos, creatividad y sabiduría. Es la Mujer Salvaje, una especie en peligro de extinción debido a los contantes esfuerzos de la sociedad por «civilizar» a las mujeres y constreñirlas a rígidos papeles que anulan su esencia instintiva.

En este libro, Clarissa Pinkola Estés revela ricos mitos interculturales, cuentos de hadas e historias (muchas de ellas relativas a su propia familia) para contribuir a que las mujeres recuperen su fuerza y su salud, atributos visionarios de esta esencia instintiva.

Mediante los relatos y los comentarios de la autora, examinamos el amor y comprendemos a la Mujer Salvaje. Estés ha creado una psicología femenina en un sentido más verdadero, el que lleva al conocimiento del alma.

viernes, 28 de agosto de 2020

Ana Karenina, León Tolstoi

"Todas las familias felices se parecen unas a otras; pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada".
ANA KARENINA 1877

Considerada una de las obras cumbres del realismo. Para Tolstói, Anna Karenina fue su primera verdadera novela.
En Ana Karenina, Tolstoi, desmenuza las frivolidades y las enfermizas pasiones del zarismo, en contraposición al personaje femenino que da título a la novela.
Sobre la decadencia del imperio, que Tolstoi ya intuye irreversible, Ana, ya sea en las sombras de su gabinete o en la infinitud de los campos, se recorta como un fulgor constante. De este modo, el realismo se rodea de la evanescencia de un sueño que el amanecer, aunque lejano, ya comienza a desgarrar.
En esta gran novela se narra el desarrollo de dos amores que se desenvuelven en paralelo. Ana Karenina, mujer de la alta sociedad enamorada del joven oficial Vronski, abandona a su esposo y a su hijo para seguir a su amante. El romance clandestino tiene un final trágico.
A la vez que se nos hace la crónica de estos amores desgraciados, la novela nos ofrece, en contrapunto, la apacible historia de amor de la hermana de Ana que se casa con un noble terrateniente para vivir dichosos en el campo.
En Ana Karenina, la fuerza y la riqueza de las descripciones, la pintura inimitable de los caracteres, la penetración psicológica, y más que nada la alta lección moral que se desprende de ella, forman un conjunto de tanta belleza y grandiosidad, que con razón se ha dicho que es una de las novelas más grandes y una de las obras más acabadas que nos ha dejado el genio del hombre.
Ana Karenina, estremecedo­ra historia de adulterio en el ámbito de la alta sociedad rusa de la época. En ella Tolstói refleja su visión de la sociedad urbana, símbolo de los vicios y el pecado, en oposición a la vida sana de la naturaleza y del campo. De ese mundo necio y patológico de la ciudad es víctima Ana Karenina.
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jueves, 23 de julio de 2020

La Trama Celeste, Adolfo Bioy Casares

En la década de los 40 vieron la luz Ficciones (1944) y El Aleph (1949) de Jorge Luis Borges, obras maestras absolutas del relato fantástico que abrieron el camino para la dignificación y consolidación de este género entre lectores y críticos hispanohablantes. Pero Borges no estaba solo en su labor; Adolfo Bioy Casares, íntimo amigo y colaborador de Borges, ya había emprendido su búsqueda de una voz personal en el campo de la ficción fantástica que culminaría con la publicación de las novelas La invención de Morel (1940) y Plan de evasión (1945) y de la colección de cuentos La trama Celeste (1948) que, desde mi punto de vista, aunque menos conocidas, casi se encuentran al mismo nivel de las creaciones de Borges, a las que, en cierta medida, complementan.
A partir de El sueño de los héroes (1954), Bioy, sin abandonar los aspectos fantásticos, incorpora elementos costumbristas y humorísticos, haciendo que su estilo cambie bastante. A mí personalmente, las obras de este periodo final me gustan menos que las tres obras mencionadas. Pero volviendo a La trama Celeste, cabe decir que seguramente es su libro de relatos más logrado y perfecto, y muchos de los cuentos que lo integran se han incorporado a infinidad de antologías de literatura fantástica y de cuentos. La prosa literaria cultivada por Bioy en estos años es de una exactitud y perfección verdaderamente bella, que huye deliberadamente de estructuras sintácticas complejas y excesivamente barrocas.
Viejas como el miedo, las ficciones fantásticas son anteriores a las letras. Los aparecidos pueblan todas las literaturas: están en el Zendavesta, en la Biblia, en Homero, en Las mil y una noches […] Ateniéndonos a Europa y a América, podemos decir: como género más o menos definido, la literatura fantástica aparece en el siglo XIX y en el idioma inglés. (Prólogo a la “Antología de la literatura fantástica”)
Un procedimiento reconocible en Bioy Casares es la utilización de algunas teorías científicas o filosóficas como base de la construcción de los mundos imaginarios de sus ficciones para explotar sus posibilidades imaginarias y estéticas (en estos cuentos se encuentran ejemplos). La dislocación espacial y temporal y la búsqueda de la inmortalidad son algunos de los temas de estos textos. A Bioy, para quien la escritura fue siempre un riguroso ejercicio mental (se nota la influencia de la literatura policial clásica), le gustaba que sus cuentos tuvieran una explicación fantástica, pero no sobrenatural.
La trama celeste está compuesto de seis relatos cortos, todos de altísima calidad. En El perjurio de la nieve, las convenciones del género fantástico, la circularidad temporal y el mito del eterno retorno, se combinan admirablemente con la trama del policial. En La trama celeste Bioy desarrolla la concepción de la pluralidad de los mundos en una Buenos Aires en la que existen espacios paralelos, pequeñas diferencias de calles y pasajes, y que está determinado, también, por distintas temporalidades. Aquí, es un aviador que, tras algunas piruetas en el aire, aterriza en el aeropuerto de otro Buenos Aires casi idéntico. De los reyes futuros toma como motivo las imprevisibles consecuencias de los experimentos de un naturalista, mantiene la intriga hasta el final y nos recuerda el relato de H.G. Wells, La isla del doctor Moreau. En El otro laberinto, István, el protagonista, muere persiguiendo un manuscrito falso que es nada menos que la historia de su propia vida. Nunca llegamos a leer el manuscrito. El efecto final es la completa confusión e indeterminación. En memoria de Paulina es una historia de amor que trasciende la muerte, casi una historia de fantasmas clásica con la inclusión del tema del doble. En el cuento El ídolo es posible descubrir las trazas de un acontecimiento mítico que sale a flote por medio de un ritual que encuentra su realización en el sueño.
Siempre quise a Paulina. En uno de mis primeros recuerdos, Paulina y yo estamos ocultos en una oscura glorieta de laureles, en un jardín con dos leones de piedra. Paulina me dijo: Me gusta el azul, me gustan las uvas, me gusta el hielo, me gustan las rosas, me gustan los caballos blancos. Yo comprendí que mi felicidad había empezado, porque en esas preferencias podía identificarme con Paulina. Nos parecimos tan milagrosamente que en un libro sobre la final reunión de las almas en el alma del mundo, mi amiga escribió en el margen: Las nuestras ya se reunieron. “Nuestras” en aquel tiempo, significaba la de ella y la mía.
Para explicarme ese parecido argumenté que yo era un apresurado y remoto borrador de Paulina. Recuerdo que anoté en mi cuaderno: Todo poema es un borrador de la Poesía y en cada cosa hay una prefiguración de Dios. Pensé también: En lo que me parezca a Paulina estoy a salvo. Veía (y aún hoy veo) la identificación con Paulina como la mejor posibilidad de mi ser, como el refugio en donde me libraría de mis defectos naturales, de la torpeza, de la negligencia, de la vanidad. (“En memoria de Paulina”)
El extenso e interesante estudio preliminar de Pedro Luis Barcia da las claves de la evolución literaria de Bioy, así como ofrece un estudio detallado de cada relato. Yo recomiendo leerlo al final para no desvelar el argumento y final de los cuentos.
Concluyo señalando que La trama celeste es un libro capital para los aficionados a la gran literatura fantástica en español. La bonita edición de Castalia es impecable. Un libro para leer muchas veces. Totalmente recomendable.
Editorial Castalia (2011)
Colección: Clásicos, 184
Edición y Prólogo: Pedro Luis Barcia
270 págs.

En los seis relatos fantásticos que componen este libro de 1948, la inagotable imaginación de Adolfo Bioy Casares teje sin parar en torno a los juegos de apariencia y realidad, espaciales y temporales, a los laberintos y al poder de la mente sobre la materia. Considerado por Borges como uno de los mejores escritores argentinos, concibió una trama celeste (o divina) donde conviven un asesino pasional, un hombre sometido al arbitrio de animales mutantes, una víctima perseguida por los sectarios del culto al perro, un hombre que traspasa una puerta y retrocede dos siglos, y otro que, mediante un rito mágico, detiene el tiempo.Y, junto a todas estas historias, la pieza que da título al conjunto: La trama celeste. Narrada en primera persona por Carlos Alberto Servian, cuenta las peripecias de su amigo, el capitán Ireneo Morris, que sufre un accidente mientras pilota un avión; a partir de ese momento, entra en un universo paralelo, con similitudes y diferencias respecto de nuestra realidad cotidiana.
Un estudio preliminar de Pedro Luis Barcia sitúa la obra en el conjunto de su narrativa, señala sus líneas axiales, discrimina en todos los relatos los temas entrecruzados en red y analiza el concepto del fantástico en la literatura según Bioy. (Sinopsis de la editorial)
Nacido en Buenos Aires en 1914 y fallecido en la misma ciudad en 1999, Aldolfo Bioy Casares fue uno de los grandes escritores argentinos contemporáneos, amigo íntimo de Borges,  con el que coescribió algunas obras. Entre sus libros figuran varias novelas,  como La invención de Morel o Plan de evasión, además de cuentos, ensayos  y libros policíacos escritos con Borges.

jueves, 11 de junio de 2020

Ser como el río que fluye, Paulo Coelho

La historia personal, la creación literaria, observaciones sobre la naturaleza humana y apreciaciones estéticas conforman este atractivo abanico de reflexiones que comparte Paulo Coelho, mientras muestra que las lecciones vitales más importantes se extraen de experiencias aparentemente insignificantes.
Como el río que fluye recopila opiniones, ideas y relatos seleccionados por el autor y publicados en diversos medios. Los textos, breves y profundos, nos invitan a sumergirnos en el imaginario de su creador, quien, a través de su particular mirada, nos descubre sin artificios la esencia de una filosofía hecha literatura.

"Un río nunca pasa dos veces por el mismo lugar", dice un filósofo. "La vida es como un río," dice otro filósofo, y llegamos a la conclusión de que esta es la metáfora más aproximada al sentido de la vida. En consecuencia, será bueno recordarlo a lo largo de todo el año que viene:

Siempre estamos ante la primera vez

Al recorrer el camino que va desde nuestro manantial (o nacimiento) a nuestro destino (muerte), los paisajes son siempre nuevos. Debemos encarar todas estas novedades con alegría, y no con miedo, porque de nada sirve temer lo que no se puede evitar. Un río no deja nunca de correr.



 En un valle, andamos más despacio


Cuando todo a nuestro alrededor se vuelve más fácil, las aguas se calman, nos volvemos más amplios, más largos, más generosos.

 Nuestras márgenes son siempre fértiles

La vegetación sólo nace donde existe agua. Aquél que entra en contacto con nosotros, debe entender que estamos allí para dar de beber a quien tiene sed.

 Hay que esquivar las piedras


Es evidente que el agua es más fuerte que el granito, pero necesita tiempo. De nada sirve dejarse dominar por obstáculos más fuertes, o intentar batirse contra ellos, pues gastaremos energía en vano. Lo mejor es saber dónde se encuentra la salida, y seguir adelante.

 Las depresiones necesitan de paciencia

De repente el río entra en una especie de hoyo, y deja de correr con la alegría de antes. En esos momentos, la única manera de salir es contar con la ayuda del tiempo. En el momento preciso, la depresión se llena, y el agua puede seguir adelante. En lugar del hoyo feo y sin vida, existe ahora un lago que los demás pueden contemplar con alegría.

 Somos únicos
Nacemos en un lugar que estaba destinado a nosotros, que nos mantendrá siempre alimentados de agua de modo que, frente a obstáculos o depresiones, podamos tener la paciencia o la fuerza necesarias para seguir adelante.

Comenzamos nuestro curso de manera suave, frágil, hasta tal punto que una simple hoja puede detenernos.

Sin embargo, como respetamos el misterio del manantial que nos engendró, y confiamos en su Eterna sabiduría, poco a poco vamos ganando todo lo necesario para recorrer nuestro camino.

 Aunque seamos únicos, pronto seremos muchos

A medida que caminamos, las aguas de otros manantiales se acercan, porque aquél es el mejor camino a seguir.

Entonces ya no somos uno solo, sino muchos, y hay un momento en que nos sentimos perdidos.

Sin embargo, como dice la Biblia, "todos los ríos van al mar."

Es imposible permanecer en nuestra soledad, por muy romántica que esta pueda parecer.

Cuando aceptamos el inevitable encuentro con el agua de otro manantial, al final entendemos que eso nos hace mucho más fuertes, esquivamos los obstáculos u ocupamos las depresiones en mucho menos tiempo, y con mucha más facilidad.

 Somos un medio de transporte

De hojas, de barcos, de ideas. Que nuestras aguas sean siempre generosas, que podamos siempre llevar hacia adelante a todas las personas o cosas que pudieran necesitar de nuestra ayuda.

 Somos una fuente de inspiración

Y por lo tanto, dejemos a un poeta brasileño, Manuel Bandeira, las palabras finales:

Ser como el río que fluye
Silencioso dentro de la noche.
No temer las tinieblas de la noche.
Si hay estrellas en el cielo, reflejarlas.
Y si los cielos se cubren de nubes,
Como el río, las nubes son agua,
Reflejarlas también sin amargura
En las profundidades tranquilas.


jueves, 20 de febrero de 2020

La Mujer rota - Simone de Beauvoir

Simone de Beauvoir es bien conocida por su ensayo El segundo sexo, una obra canónica del feminismo que analiza las causas de la histórica relegación de la mujer. Pero la escritora y filósofa francesa es autora también de interesantes novelas y relatos en los que explora los comportamientos sociales, sentimentales e intelectuales de su tiempo, prestando especial atención a la perspectiva femenina.
Tal es el caso de La mujer rota, tal vez el más conocido de los relatos de Simone de Beauvoir. Pero como viene acompañado por otros dos relatos, “La edad de la discreción” y “Monólogo”, lo mejor será proceder con orden.
Como apuntaba, los tres relatos están narrados por voces femeninas y dos de ellos recogen momentos claves de una existencia: la llegada de la vejez y una ruptura sentimental. La forma certera en que de Beauvoir recoge los mil matices de ambos momentos denota el profundo conocimiento que la autora tenía tal vez no del alma humana, pero sí de la psicología.
La perspectiva femenina que mencionaba no entorpece la obra, encasillándola en estrechos clichés de género; antes bien la completa, la engrandece y, si algo viene a demostrar, es cuán parecidos somos unos y otras en lo esencial, en ese núcleo doliente y frágil donde reside nuestra humanidad.
“La edad de la discreción” relata la entrada en la vejez de un matrimonio, enfrentado además a la desilusión de ver como su único hijo no sigue los pasos que para él habían soñado. Varios aspectos interesan en este relato: la forma en que afrontamos nuestra propia decadencia y la de aquel que ha sido nuestro compañero en la vida, tal vez más dolorosa. En una sociedad que rinde un obsesionado culto a la juventud hace falta acercarse a relatos como este, que nos enseñan a envejecer.
Pero también interesa en “La edad de la discreción” la eterna lucha entre generaciones, donde los padres entienden con dificultad las nuevas posturas de sus hijos simplemente porque, aunque no lo parezca, no viven en el mismo mundo. Las ideas de los primeros son fruto de un estado de cosas que ya no existe y cada generación debe adaptarse a la realidad de su tiempo.
“Monólogo” es tal vez la menos profunda pero la más curiosa de las tres historias que recoge este libro. El monólogo de una mujer abandonada por todos, estragada por la soledad y los calmantes, tiene una fuerza sobrecogedora. El rápido discurrir de sus pensamientos lleva al lector en volandas a través de la vida de una mujer acabada, sin esperanzas, llena de rencor pero ahogada por la tristeza. A pesar de no ser un personaje positivo, la sinceridad de sus emociones hace que nos pongamos de forma instintiva de su lado, contra el resto del mundo.
Por último, “La mujer rota” recoge la historia de una ruptura sentimental, desde el momento en que la protagonista conoce la infidelidad de su esposo hasta el momento de la separación definitiva.
Lo reseñable de este relato es la capacidad que demostró Simone de Beauvoir en él para plasmar un descenso a los infiernos doméstico, pero no por ello menos doloroso. Entregada a una situación que no puede controlar, Monique, la protagonista, está también en manos de sus propios sentimientos: la rabia, la humillación, los celos, el amor, la nostalgia la traen y la llevan ante los ojos atentos del lector.
Pero Simone de Beauvoir no se limita a la esfera de lo sentimental en “La mujer rota” (y sería suficiente, dada su capacidad para recoger los mil matices de la situación que describe), sino que además plantea con sutileza la forma en que la idea que tenemos de nosotros mismos depende en gran medida —y tal vez en especial en el caso de la mujer, siempre más condicionada— de la imagen nuestra que vemos reflejada en los demás.
En “La mujer rota”, Monique no pierde únicamente a su esposo, sobre todo se pierde a sí misma. Porque ella era el reflejo que él le devolvía. La infidelidad de su marido le hace primero dudar de esa imagen, y cuando después él ya no está disponible para ser el espejo en que ella se mira, Monique se extravía por completo.
Con su relato, Simone de Beauvoir pone el dedo en la llaga. A la mujer se la enseña a verse a través de los ojos de los demás: de las amigas, de los hijos y, en especial, a través de la mirada masculina, la del marido. Si pierde esa mirada se convierte de pronto en una extraña para sí misma.
Aunque estos relatos están protagonizados por mujeres pertenecientes a la burguesía intelectual y militante francesa de mediados del pasado siglo, son una lectura que tiene calidad literaria suficiente para atraer a los más exigentes lectores contemporáneos. 

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jueves, 2 de enero de 2020

James Joyce

"No hay pasado ni futuro, todo fluye en un eterno presente."

James Joyce

Thomas Van Stein

Según Gabriel García Márquez, James Joyce fue el escritor más influyente del siglo XX por muchos motivos. Pero el principal fue por su habilidad para adaptar un clásico como era La Odisea de Homero al Dublín de la década de 1910 regalando una novela arrebatadora y quizás demasiado transgresora para su tiempo.


La sintaxis usada por el autor, el juego con el idioma inglés que llegó a deconstruir con un amplio conocimiento de las reglas del lenguaje, lo llevaron a crear una obra maestra que hasta estos días continúa siendo una de las piezas literarias más difíciles de leer.

Una de las características innegables de este gran autor es su versatilidad con la pluma, ya que Joyce fue autor de numerosas obras, cuentos, poemas, novelas e incluso de dramas, por lo que el legado que dejó al morir en el año 1941 es excepcional a la par que extenso.


Mentor de una generación que aún sigue celebrando el famoso Bloomsday cada 16 de junio, Desde 1954, el día en que transcurre la acción de Ulises, su obra más importante y celebrada. Consiste en que el público celebrante realiza el mismo itinerario que se describe en la novela, procura comer y cenar lo mismo que los protagonistas de la obra y realiza los actos que están en paralelismo con la novela.


Joyce es otro de los grandes olvidados por el comité del Premio Nobel.


James Augustine Aloysius Joyce 1882 - 1941. Escritor irlandés, mundialmente reconocido como uno de los más importantes e influyentes del siglo XX.

Fuente: revistaarcadia.com



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"Todas las cosas son inconstantes, excepto la fe en el alma, que cambia todas las cosas y llena de luz."

James Joyce

viernes, 27 de diciembre de 2019

Mario Benedetti - Buzón de Tiempo

El conjunto de cuentos que compone Buzón de tiempo recorre las diferentes formas del encuentro: el recuerdo nostálgico de un amor perdido, los rumores de otras épocas, las llamadas sin respuesta, la identidad dolorosamente recuperada, los espejos que envejecen las imágenes, la inminencia de la muerte, el regreso de la conciencia con máscara de fantasma, y los guiños compartidos: el fútbol, el cine, Viglietti, el subcomandante Marcos...
Mario Benedetti nos revela el mundo, ya como poesía, ya como trampa, y siempre como promesa. Benedetti convoca a la emoción original apelando a sus mejores recursos: el humor más inteligente, la ironía más punzante, la ternura más conmovedora.
Es éste un verdadero mosaico de emociones entre señales de humo, naufragios, sueños y cartas arrojadas al centro del corazón: 
"Dejo mi brújula con la advertencia de que el norte es el sur y viceversa; dejo mi calle y su empedrado, dejo mi esquina y sus sorpresas; dejo mi puerta con sus cuatro llaves; dejo mi umbral con tus pisadas tenues".


Terapia de soledad

Querido mío: Aquí estoy, en mi isla, que no es exactamente eso, ya que no está rodeada de mar sino de vegetación, de árboles, de campo propiamente dicho. Pero es una isla en un sentido espiritual. Aunque tampoco es eso, ya que estoy rodeada de lejanas presencias y cercanas ausencias, del recuerdo de otros y de las corrientes de mi propia memoria. ¿Te parezco complicada? Puede ser. Bien sabes que de un tiempo a esta parte sentía la necesidad de aislarme, de reencontrarme con mi soledad perdida (Marcel Proust viejo y peludo!). Por suerte lo entendiste y te confieso que esa comprensión aumentó mi amor (y también mi respeto) hacia vos. Estoy convencida de que el respeto por la soledad del ser amado es una de las menos frecuentes pero más entrañables formas del amor, ¿no te parece?


 Creo que los diez años de bien llevado matrimonio precisaban de esta afirmación de nuestras dos identidades. Es un regalo del destino que seamos tan distintos, algo que nos habilita a descubrirnos casi a diario, a que cada uno celebre en su fuero interno el hallazgo del otro. Esto de "fuero interno" siempre me ha parecido una contradicción gastada, inadecuada e inútil. "Fuero" es tan parecido a "fuera" (ya sé que vienen de etimologías distintas) e "interno" tan cercano a "intimidad". Esa expresión, "fuero interno", ¿habrá querido expresar en sus orígenes una intimidad hecha pública, volcada hacia fuera, o sea lo contrario de lo que hoy significa?
 Pero retomo el hilo de mi sabia reflexión. Seré caótica pero no tarada. Una pregunta indiscreta: ¿cómo te sientes sin mi? ¿Rodeado, como es habitual, de trabajo, de amigos leales y desleales, y también de mujeres guapas y guapísimas? Dada esa circunstancia, tendría buenos motivos para mis celos. Pero para mi condena, no soy celosa. Ah, no te ilusiones, puedo serlo.
 Tú en cambio no tienes ninguna razón para los celos, ya que aquí no estoy rodeada de hombres guapos, sino de pinos, eucaliptus, ranas canoras, amaneceres y crepúsculos, y, en ocasiones, de un silencio nocturno tan compacto que a veces me despierta y hasta me desvela, tan habituados estamos al ruido enloquecedor, cercano o lejano, de las ciudades. Sólo en algunos insomnios me acompañan los grillos, cuya monotonía coral me lo confirma como precursores del canto gregoriano. ¿No estarás celoso de los grillos, verdad? Te aclaro que su pequeñez los hace invisibles, así que ni siquiera sé si son guapos (como grillos, claro). Supongo que también entre ellos habrá cánones de belleza; que habrá grillos equivalentes a Robert Redford y otros feos como Peter Lorre.
 Lo cierto es que, dormida o despierta, he estado haciendo balance de mi misma. No te voy a contar, por ahora, cuál es el saldo. Para hacerlo, tengo que decírtelo en la cama, desnudo tú y desnuda yo, después de fornicar como Dios manda, mirándote a los ojos para que esos ojos tuyos me vayan comunicando tu respuesta o al menos tu comentario. Todavía creo (te lo dije hace mucho, cuando ya vivíamos juntos pero no habíamos cometido el pecado venial de casarnos) que nuestro mejor diálogo ha sido el de las miradas. Las palabras, consciente o inconscientemente, a menudo mienten, pero los ojos nunca dejan de ser veraces. Si alguna vez he pretendido mentir a alguien con la mirada, los párpados se me caen, bajan espontáneamente su cortina protectora, y ahí se quedan hasta que yo y mis ojos recuperamos la obligación de la verdad. Con las palabras todo es más complejo, pero aún así, si las palabras tratan de engañar, los ojos suelen desmentir a la boca.
Retomando de nuevo el hilo conductor, te diré que la soledad es como un tónico y también una cura de modestia. Un tónico porque, con tanto tiempo y espacio para reflexionar, una va detectando de que sirve y qué no sirve en los recovecos del alma propia. Y cura de modestia, porque a la estricta soledad no tienen cabida lo halagos fallutos, ni los mimos a la vanidad, ni siquiera (no es mi caso) el perdón de los confesionarios.
 Mi soledad está además poblada de pájaros. Siempre he sido una analfabeta en cuanto a ornitología, de modo que jamás pude ni podré diferenciar el canto de una calandria del de un zorzal, el monólogo de un mirlo del de un jilguero, y en este tramo de mi vida no pienso especializarme en ciencia pajarera, de modo que he decidido ponerles nombres. Verbigracia: a uno de esos cantautores alados lo llamo Fabricio; a otro, Segismundo; a otro, Venancio; a otro más, Rigoberto. Lo cierto es que cuando los llamo por los nombres de mi particular nomenclatura, ellos me responden con una parrafada de trinos.
 ... Querido: retomo esta carta una semana después de la parrafada de trinos. Ya llevo más de un mes en mi isla verde. Se me ocurre que ya he reflexionado lo suficiente y además he empezado a extrañarte de forma casi enfermiza.
 Así como antes sentí la imperiosa necesidad de un aislamiento, ahora tengo una añoranza terrible de tus manos, de tu boca, de tu abrazo, de tu cuerpo en fin. Confío, compañero, que con estos conmovedores llamados no se le vaya a llenar el tafanario (aclaro que este sinónimo de culo lo aprendía ayer) de papelitos, eh.
 Llegaré el lunes. Te aviso con tiempo suficiente como para que desalojes de nuestra confortable cama doble a cualquier intrusa y su cuerpo del delito. Te lo digo de broma, claro. O no. Te lo digo en serio. A desalojar, a desalojar, con música de Viglietti. Te anticipo que esta temporada de soledad me ha vuelto muy apetitosa. Besos y besos, de tu Natalia.


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viernes, 6 de diciembre de 2019

El nombre de la Rosa, Umberto Eco



Introducción
-
El 16 de agosto de 1968 fue a parar a mis manos un libro escrito por un tal abate Vallet, Le manuscript de Dom Adson de Melk, traduit en français d’après l’édition de Dom J. Mabillon (Aux Presses de l’Abbaye de la Source, Paris, 1842). El libro, que incluía una serie de indicaciones históricas en realidad bastante pobres, afirmaba ser copia fiel de un manuscrito del siglo XIV, encontrado a su vez en el monasterio de Melk por aquel gran estudioso del XVII al que tanto deben los historiadores de la orden benedictina. La erudita trouvaille (para mí, tercera, pues, en el tiempo) me deparó muchos momentos de placer mientras me encontraba en Praga esperando a una persona querida. Seis días después las tropas soviéticas invadían la infortunada ciudad. Azarosamente logré cruzar la frontera austriaca en Linz; de allí me dirigí a Viena donde me reuní con la persona esperada, y juntos remontamos el curso del Danubio.
En un clima mental de gran excitación leí, fascinado, la terrible historia de Adso de Melk, y tanto me atrapó que casi de un tirón la traduje en varios cuadernos de gran formato procedentes de la Papeterie Joseph Gibert, aquellos en los que tan agradable es escribir con una pluma blanda. Mientras tanto llegamos a las cercanías de Melk, donde, a pico sobre un recodo del río, aún se yergue el bellísimo Stijt, varias veces restaurado a lo largo de los siglos. Como el lector habrá imaginado, en la biblioteca del monasterio no encontré huella alguna del manuscrito de Adso.
Antes de llegar a Salzburgo, una trágica noche en un pequeño hostal a orillas del Mondsee, la relación con la persona que me acompañaba se interrumpió bruscamente y ésta desapareció llevándose consigo el libro del abate Vallet, no por maldad sino debido al modo desordenado y abrupto en que se había cortado nuestro vínculo. Así quedé, con una serie de cuadernos manuscritos de mi puño y un gran vacío en el corazón.
Unos meses más tarde, en París, decidí investigar a fondo. Entre las pocas referencias que había extraído del libro francés estaba la relativa a la fuente, por azar muy minuciosa y precisa:
Vetera analecta, sive collectio veterum aliquot operum & opusculorum omnis generis, carminum, epistolarum, diplomaton, epitaphiorum, &. cum. itinere germanico, adnotationibus aliquot disquisitionibus R. P. D. Joannis Mabillon, Presbiteri ac Monachi Ord. Sancti Benedicti e Congregatione S. Mauri. - Nova Editio cui accessere Mabilonii vita & aliquot opuscula, scilicet Dissertatio de Pane Eucharistico, Azymo et Fermentato, ad Eminentiss. Cardinalem Bona. Subjungitur opusculum Eldefonsi Hispaniensis Episcopi de eodem argumento Et Eusebii Romani ad Theophilum Gallum epistola. De cultu sanctorum ignotorum, Parisiis, apud Levesque, ad Pontem S. Michaelis, MDCCXXI, cum privilegio Regis.
Encontré en seguida los Vetera Analecta en la biblioteca Sainte Geneviève, pero con gran sorpresa comprobé que la edición localizada difería por dos detalles: ante todo por el editor, que era Montalant, ad Ripam P. P. Augustinianorum (prope Pontem S. Michaelis), y, además, por la fecha, posterior en dos años. Es inútil decir que esos analecta no contenían ningún manuscrito de Adso o Adson de Melk; por el contrarío, como cualquiera puede verificar, se trata de una colección de textos de mediana y breve extensión, mientras que la historia transcrita por Vallet llenaba varios cientos de páginas. En aquel momento consulté a varios medievalistas ilustres, como el querido e inolvidable Étienne Gilson, pero fue evidente que los únicos Vetera Analecta eran los que había visto en Sainte Geneviève. Una visita a la Abbaye de la Source, que surge en los alrededores de Passy, y una conversación con el amigo Dom Arne Lahnestedt me convencieron, además, de que ningún abate Vallet había publicado libros en las prensas (por lo demás inexistentes) de la abadía. Ya se sabe que los eruditos franceses no suelen esmerarse demasiado cuando se trata de proporcionar referencias bibliográficas mínimamente fiables, pero el caso superaba cualquier pesimismo justificado. Empecé a pensar que me había topado con un texto apócrifo. Ahora ya no podía ni siquiera recuperar el libro de Vallet (o, al menos, no me atrevía a pedírselo a la persona que se lo había llevado). Sólo me quedaban mis notas, de las que ya comenzaba a dudar.
Hay momentos mágicos, de gran fatiga física e intensa excitación motriz, en los que tenemos visiones de personas que hemos conocido en el pasado («en me retraçant ces details, j’en suis à me demander s’ils son réels, ou bien si je les ai rêvés»[*]). Como supe más tarde al leer el bello librito del Abbé de Bucquoy, también podemos tener visiones de libros aún no escritos.
Si nada nuevo hubiese sucedido, todavía seguiría preguntándome por el origen de la historia de Adso de Melk; pero en 1970, en Buenos Aires, curioseando en las mesas de una pequeña librería de viejo de Corrientes, cerca del más famoso Patio del Tango de esa gran arteria, tropecé con la versión castellana de un librito de Milo Temesvar, Del uso de los espejos en el juego del ajedrez, que ya había tenido ocasión de citar (de segunda mano) en mi Apocalípticos e integrados, al referirme a otra obra suya posterior, Los vendedores de Apocalipsis. Se trataba de la traducción del original, hoy perdido, en lengua georgiana (Tiflis, 1934); allí encontré, con gran sorpresa, abundantes citas del manuscrito de Adso; sin embargo, la fuente retraçant ces details, j’en suis à me demander s’ils son réels, ou bien si je les ai rêvés»). Como supe más tarde al leer el bello librito del Abbé de Bucquoy, también podemos tener visiones de libros aún no escritos.
Si nada nuevo hubiese sucedido, todavía seguiría preguntándome por el origen de la historia de Adso de Melk; pero en 1970, en Buenos Aires, curioseando en las mesas de una pequeña librería de viejo de Corrientes, cerca del más famoso Patio del Tango de esa gran arteria, tropecé con la versión castellana de un librito de Milo Temesvar, Del uso de los espejos en el juego del ajedrez, que ya había tenido ocasión de citar (de segunda mano) en mi Apocalípticos e integrados, al referirme a otra obra suya posterior, Los vendedores de Apocalipsis. Se trataba de la traducción del original, hoy perdido, en lengua georgiana (Tiflis, 1934); allí encontré, con gran sorpresa, abundantes citas del manuscrito de Adso; sin embargo, la fuente no era Vallet ni Mabillon, sino el padre Athanasius Kircher (pero, ¿cuál de sus obras?). Más tarde, un erudito —que no considero oportuno nombrar— me aseguró (y era capaz de citar los índices de memoria) que el gran jesuita nunca habló de Adso de Melk. Sin embargo, las páginas de Temesvar estaban ante mis ojos, y los episodios a los que se referían eran absolutamente análogos a los del manuscrito traducido del libro de Vallet (en particular, la descripción del laberinto disipaba toda sombra de duda). A pesar de lo que más tarde escribiría Beniamino Placido[1], el abate Vallet había existido y, sin duda, también Adso de Melk.
Todas esas circunstancias me llevaron a pensar que las memorias de Adso parecían participar precisamente de la misma naturaleza de los hechos que narran: envueltas en muchos, y vagos, misterios, empezando por el autor y terminando por la localización de la abadía, sobre la que Adso evita cualquier referencia concreta, de modo que sólo puede conjeturarse que se encontraba en una zona imprecisa entre Pomposa y Conques, con una razonable probabilidad de que estuviese situada en algún punto de la cresta de los Apeninos, entre Piamonte, Liguria y Francia (como quien dice entre Lerici y Turbia). En cuanto a la época en que se desarrollan los acontecimientos descritos, estamos a finales de noviembre de 1327; en cambio, no sabemos con certeza cuándo escribe el autor. Si tenemos en cuenta que dice haber sido novicio en 1327 y que, cuando redacta sus memorias, afirma que no tardará en morir, podemos conjeturar que el manuscrito fue compuesto hacia los últimos diez o veinte años del siglo XIV.
Pensándolo bien, no eran muchas las razones que podían persuadirme de entregar a la imprenta mi versión italiana de una oscura versión neogótica francesa de una edición latina del siglo XVII de una obra escrita en latín por un monje alemán de finales del XIV.
Ante todo, ¿qué estilo adoptar? Rechacé, por considerarla totalmente injustificada, la tentación de guiarme por los modelos italianos de la época: no sólo porque Adso escribe en latín, sino también porque, como se deduce del desarrollo mismo del texto, su cultura (o la cultura de la abadía, que ejerce sobre él una influencia tan evidente) pertenece a un periodo muy anterior; se trata a todas luces de una suma plurisecular de conocimientos y de hábitos estilísticos vinculados con la tradición de la baja edad media latina. Adso piensa y escribe como un monje que ha permanecido impermeable a la revolución de la lengua vulgar, ligado a los libros de la biblioteca que describe, formado en el estudio de los textos patrísticos y escolásticos; y su historia (salvo por las referencias a acontecimientos del siglo XIV, que, sin embargo, Adso registra con mil vacilaciones, y siempre de oídas) habría podido escribirse, por la lengua y por la citas eruditas que contiene, en el siglo XII o en el XIII.
Por otra parte, es indudable que al traducir el latín de Adso a su francés italianos de la época: no sólo porque Adso escribe en latín, sino también porque, como se deduce del desarrollo mismo del texto, su cultura (o la cultura de la abadía, que ejerce sobre él una influencia tan evidente) pertenece a un periodo muy anterior; se trata a todas luces de una suma plurisecular de conocimientos y de hábitos estilísticos vinculados con la tradición de la baja edad media latina. Adso piensa y escribe como un monje que ha permanecido impermeable a la revolución de la lengua vulgar, ligado a los libros de la biblioteca que describe, formado en el estudio de los textos patrísticos y escolásticos; y su historia (salvo por las referencias a acontecimientos del siglo XIV, que, sin embargo, Adso registra con mil vacilaciones, y siempre de oídas) habría podido escribirse, por la lengua y por la citas eruditas que contiene, en el siglo XII o en el XIII.
Por otra parte, es indudable que al traducir el latín de Adso a su francés neogótico, Vallet se tomó algunas libertades, no siempre limitadas al aspecto estilístico. Por ejemplo: en cierto momento los personajes hablan sobre las virtudes de las hierbas, apoyándose claramente en aquel libro de los secretos atribuido a Alberto Magno, que tantas refundiciones sufriera a lo largo de los siglos. Sin duda, Adso lo conoció, pero cuando lo cita percibimos, a veces, coincidencias demasiado literales con ciertas recetas de Paracelso, y, también, claras interpolaciones de una edición de la obra de Alberto que con toda seguridad data de la época tudor. Por otra parte, después averigüé que cuando Vallet transcribió el manuscrito de Adso, circulaba en París una edición dieciochesca del Grand y del Petit Albert, ya irremediablemente corrupta. Sin embargo, subsiste la posibilidad de que el texto utilizado por Adso, o por los monjes cuyas palabras registró, contuviese, mezcladas con las glosas, los escolios y los diferentes apéndices, ciertas anotaciones capaces de influir sobre la cultura de épocas posteriores.
Por último, me preguntaba si, para conservar el espíritu de la época, no sería conveniente dejar en latín aquellos pasajes que el propio abate Vallet no juzgó oportuno traducir. La única justificación para proceder así podía ser el deseo, quizá errado, de guardar fidelidad a mi fuente. He eliminado lo superfluo pero algo he dejado. Temo haber procedido como los malos novelistas, que, cuando introducen un personaje francés en determinada escena, le hacen decir «parbleu!» y «la femme, ah! la femme!».
En conclusión: estoy lleno de dudas. No sé, en realidad, por qué me he decidido a tomar el toro por las astas y presentar el manuscrito de Adso de Melk como si fuese auténtico. Quizá se trate de un gesto de enamoramiento. O, si se prefiere, de una manera de liberarme de viejas, y múltiples, obsesiones.
Transcribo sin preocuparme por los problemas de la actualidad. En los años en que descubrí el texto del abate Vallet existía el convencimiento de que sólo debía escribirse comprometiéndose con el presente, o para cambiar el mundo. Ahora, a más de diez años de distancia, el hombre de letras (restituido a su altísima dignidad) puede consolarse considerando que también es posible escribir por el puro deleite de escribir. Así pues, me siento libre de contar, por el mero placer de fabular, la historia de Adso de Melk, y me reconforta y me consuela el verla tan inconmensurablemente lejana en el tiempo (ahora que la vigilia de la razón ha ahuyentado todos los monstruos que su sueño había engendrado), tan gloriosamente desvinculada de nuestra época; intemporalmente ajena a nuestras esperanzas y a nuestras certezas.
Porque es historia de libros, no de miserias cotidianas, y su lectura puede incitarnos a repetir, con el gran imitador de Kempis: «In omnibus requiem quaesivi, et nusquam inveni nisi in angulo cum que descubrí el texto del abate Vallet existía el convencimiento de que sólo debía escribirse comprometiéndose con el presente, o para cambiar el mundo. Ahora, a más de diez años de distancia, el hombre de letras (restituido a su altísima dignidad) puede consolarse considerando que también es posible escribir por el puro deleite de escribir. Así pues, me siento libre de contar, por el mero placer de fabular, la historia de Adso de Melk, y me reconforta y me consuela el verla tan inconmensurablemente lejana en el tiempo (ahora que la vigilia de la razón ha ahuyentado todos los monstruos que su sueño había engendrado), tan gloriosamente desvinculada de nuestra época; intemporalmente ajena a nuestras esperanzas y a nuestras certezas.
Porque es historia de libros, no de miserias cotidianas, y su lectura puede incitarnos a repetir, con el gran imitador de Kempis: «In omnibus requiem quaesivi, et nusquam inveni nisi in angulo cum libro».
5 de enero de 1980

lunes, 2 de diciembre de 2019

"El mundo de Sofía". Jostein Gaarder

El mundo de Sofía (1991) es una novela escrita por Jostein Gaarder. Esta obra trata de responder a preguntas trascendentales como: ¿Quiénes somos? ¿Por qué estamos aquí? ¿Existe el libre albedrío o estamos determinados por el destino?
Estas son solo algunas de las cuestiones con las que el autor invita al lector a reflexionar, al mismo tiempo que asiste a un curso de filosofía inmejorable a través de los ojos de Sofía, su protagonista.

El mundo de Sofía resumen

Sofía es una joven noruega que está a punto de cumplir 15 años. Un día, al regresar del colegio, encuentra en el buzón una nota en la que puede leer: “¿quién eres?”.
Esta es la primera carta de las muchas que recibe. Así es como la joven comienza un curso de filosofía a distancia impartido por un misterioso profesor, Alberto Knox. Por otro lado, también recibe postales destinadas a una misteriosa muchacha llamada Hilde cuyo remite es Albert Knag, su padre.

Los mitos y los filósofos de naturaleza

Sofía comienza el curso de filosofía aunque, al principio, desconoce la identidad de su profesor.
La primera lección que recibe es sobre cómo surgieron los mitos. Los primeros humanos aludían a ellos para explicar los fenómenos naturales.
Después, aparecieron los denominados como “filósofos de naturaleza”, que trataron de dar una explicación sobre el mundo y poner en evidencia las creencias mitológicas imperantes.

Filosofía antigua

Las siguientes lecciones que aborda el profesor están relacionadas con la filosofía antigua.
Entretanto, la joven Sofía descubre cual es la verdadera identidad de Alberto Knox y también se encuentra con una bufanda roja de Hilde.
Para conocer la filosofía de la antigüedad, Alberto le habla de Sócrates y su famosa frase “solo sé que no sé nada”.
Otro día, Sofía recibe una lección sobre Platón, su teoría de las ideas y el mito de la caverna a través de una cinta de vídeo en la que el profesor recorre las calles de la antigua Atenas.
Después, Sofía da un paseo por el bosque y se encuentra con la “cabaña del mayor”, y descubre que esa es la casa de su profesor de filosofía. Allí ve un espejo cuyo reflejo le devuelve un guiño.
Finalmente, la joven toma la última clase de filosofía antigua y aprende sobre Aristóteles.

Filosofía en la Edad Media

Durante unos días, Sofía no recibe cartas de Alberto y decide ir con su amiga a la cabaña del bosque. Allí encuentran postales para Hilde. Cuando se marchan, la joven se lleva el espejo a su casa.
La siguiente cita con el profesor de filosofía tiene lugar en una iglesia. Allí aprende que durante la Edad Media fue notoria la influencia de la religión en la filosofía. La joven descubre a filósofos como San Agustín y a Santo Tomás de Aquino, quienes terminaron por “hermanar” a la filosofía y la religión.

Filosofía moderna

El profesor pasa a explicarle a Sofía las figuras clave del Renacimiento y el Barroco. También, la filosofía dualista de Descartes y su famosa frase “pienso luego existo”. Más tarde continúa con la filosofía de Spinoza, que creyó que Dios había creado las leyes de la naturaleza que rigen lo que el hombre puede hacer.
Después, le habla sobre Locke y su teoría sobre la “tabula rasa”, también sobre David Hume y George Berkerley, que pensó que los humanos solo existen en la mente de un “dios creador”.
Alberto le da a entender a Sofía que son personajes ficticios de una novela que Albert Knag ha escrito para su hija Hilde.

Filosofía contemporánea

Albert Knag,que se encuentra de viaje de trabajo, le envía a su hija un libro llamado El mundo de Sofía como regalo de cumpleaños. Hilde comienza a leerlo y se obsesiona con la historia hasta tal punto que pierde la noción del tiempo.
En un momento de la novela, Sofía sueña con Hilde y su crucifijo. Después Hilde busca el crucifijo y se da cuenta que no está. Este hecho le hace plantearse si Sofía existe de verdad y no solo en la historia de su padre.
En la novela, Sofía sigue recibiendo clases de filosofía y aluden al periodo de la Ilustración, también a Kant y su deseo de unificar el pensamiento empírico y racional.

La fiesta de Cumpleaños y desenlace

En la noche del cumpleaños de Sofía organizan una fiesta en el jardín de su casa. Allí ocurren una serie de acontecimientos absurdos. Alberto y Sofía tratan de escapar del control de Albert Knag y desaparecen.
Cuando Albert regresa de viaje le cuenta a su hija la última lección de filosofía mientras están sentados en un muelle. Allí le habla sobre el Big Bang y la creación del universo. Mientras, Sofía intenta intervenir en el mundo de Hilde.

Filósofos que aparecen en El mundo de Sofía

La novela supone un recorrido a través de la historia de la filosofía occidental de manera cronológica.
Así, este libro se convierte en una nueva oportunidad para aquellos que dieron la filosofía por imposible. Mientras la protagonista evoluciona y se vuelve más segura, los lectores aprenden sobre la filosofía y su importancia en el mundo.




A continuación, se puede observar un esquema de los filósofos que aparecen en El mundo de Sofía.

Análisis del libro

Una de las cuestiones que plantea al lector es precisamente la delgada línea que existe entre ficción y realidad. ¿De qué forma el autor nos hace plantearnos, incluso, nuestra propia existencia?
Gracias a la metaficción, a la creación de una novela dentro de una novela. Sofía se plantea su existencia en el momento en el que descubre que puede ser solo parte de la imaginación de otra persona, Albert Knag.

¿Qué importancia tiene la filosofía?

Esta es, sin duda, una de las preguntas más importantes que nos deja este libro. Jostein Gaarder propone a la filosofía como el camino fundamental para comprender la vida, el que nos ayuda a comprender el origen de todas las cosas, el mundo que nos rodea, el lugar que ocupamos en él.
Como Sofía, a veces hemos tenido la sensación de que en el colegio no se enseña bien la filosofía y que incluso se le da más importancia a otras materias.
Este libro esconde una profunda crítica hacia los sistemas educativos que no dan la importancia que deberían a cuestiones más complejas, cuyo estudio podría ser igual o más interesante que otras asignaturas corrientes.
Lo único que necesitamos para convertirnos en buenos filósofos es la capacidad de asombro.
A veces, los sistemas educativos se centran en desarrollar actividades rutinarias que merman la creatividad y la imaginación. El objetivo principal es superar la evaluación a través de pruebas escritas. ¿Dónde queda entonces la capacidad de asombro del alumno?

El autoconocimiento

La primera pregunta que recibe Sofía en una de las notas es “¿quién eres?”. Inmediatamente, el lector queda también sometido a esta cuestión.
Y es que, al igual que la protagonista, creemos saber quién somos. Sin embargo, lo que Sofía desconoce es que es un personaje creado por el padre de Hilde, personaje a su vez de Gaarder, para que esta última aprenda filosofía.
Poco a poco, a medida que Sofía investiga sobre quién es Hilde, se descubre a sí misma como un personaje. Es solo en este momento, cuando conoce su identidad, que deduce que el autoconocimiento es el único camino hacia la libertad y la búsqueda de la verdad.

El destino

Uno de los temas sometidos a estudio para algunos filósofos fue el destino. También es un tema primordial en este libro.
¿Estamos condicionados por el destino o controlados por un ser superior? ¿Actuamos libremente?
Podemos reflexionar sobre esta cuestión y objetar las diferentes posturas que tomaron los filósofos a cerca de este tema. Pero hay una consideración de fondo que Gaarder nos ofrece: ¿Y si, al igual que Sofía, somos un personaje cuyas acciones están previamente establecidas o somos como ordenadores previamente programados?

La mujer en la historia de la filosofía

¿Por qué las mujeres que han contribuido en la historia del pensamiento no han tenido la suficiente repercusión o no son mencionadas en los manuales de filosofía?
Un tema interesante en el libro es el papel que la mujer ha tenido en la historia de la filosofía.
En diferentes capítulos Alberto Knox hace referencia a que en la historia la mujer ha estado “reprimida como ser pensante debido a su sexo”. Critica que las mujeres fueron tratadas como seres que cuya función principal era la de concebir.

Símbolos y metáforas del libro

Sofía en la filosofía

La elección del nombre de Sofía para la protagonista de este libro no es algo casual. Si atendemos a la etimología griega de la palabra, Sofía (Σoφíα) significa sabiduría.
Sofía también era la diosa griega de la sabiduría. El propio término filosofía deriva de la raíz griega φιλος (philos = amor) y σοφός (sophos= sabiduría). Lo cual significa “amor a la sabiduría”.
Así, lo que Sofía simboliza y lo que se despierta en ella a lo largo de este libro es el “amor”, precisamente, al conocimiento.

La primavera

La primavera es la estación que está entre el invierno y el verano, a menudo se suele asociar con el cambio, la renovación. Para los renacentistas, la primavera era una metáfora del origen de la vida.
En esta novela, el contexto está enmarcado en esta estación que, asociado al periodo de pubertad que experimenta la protagonista cobra un carácter simbólico. Un periodo de transformación y cambio personal, de crecimiento. En definitiva, una renovación que va de la ingenuidad de un niño a la sabiduría de un adulto.

El seto y el jardín del Edén

En este proceso de madurez, Sofía sigue acudiendo a un sitio donde puede conservar su inocencia. Como un niño que tiene un escondite secreto, la joven accede a ese lugar a través de un seto al final del jardín de su casa.
Para Sofía, ese “callejón” es lo más parecido al paraíso, tal y como ella imaginaba que sería el Jardín del Edén descrito en el Génesis.
Durante la infancia, es muy común que los niños vivan en un mundo de fantasía, que luego pierden en la etapa adulta.
Así, podemos entender el jardín como un lugar de protección de la niñez en el que Sofía puede liberarse presión que tiene para crecer y perder su ingenuidad.

El conejo blanco

En el libro existe una metáfora relacionada con el viejo truco del conejo blanco que sale, de forma repentina, del sombrero negro del mago.
Para Gaarder, el mundo es el conejo blanco. Generalmente, los adultos se esconden en el pelo del conejo y se mantienen, de alguna forma, ajenos al mundo. Sin embargo, establece una comparación entre los filósofos y los niños, que se mantienen superiores al pelo del conejo.
Con esta explicación, se mantiene la idea de que los filósofos y los niños están preparados a conocer el mundo que les rodea, porque son capaces de mirar a los ojos del mago. Es decir, mantienen la curiosidad por responder a las preguntas sobre la vida.

El espejo

El espejo es una alusión directa a la novela Alicia a través del espejo de Lewis Carroll. En el caso del libro El mundo de Sofía, el espejo sirve para unir a las dos protagonistas, es como un “portal” que fusiona dos mundos paralelos, el de Hilde y el de Sofía, a través de su reflejo.

Personajes principales

  • Sofía: Es una niña noruega que está a punto de cumplir 15 años. Es una chica solitaria y curiosa, le gusta reflexionar para conocer el mundo que le rodea. Cuando avanza la novela descubrimos que, en realidad, Sofía es un personaje creado por Albert Knag.
  • Hilde: Al igual que Sofía, Hilde es una joven que también está a punto de cumplir 15 años. Su padre Albert le envía la primera parte de la historia de Sofía. La muchacha es muy similar a Sofía, le gusta estar en soledad y el mundo que le rodea despierta su curiosidad. Su espíritu rebelde la hace querer encontrar respuestas a través de la filosofía.
  • Alberto Knox: Es el filósofo que enseña a Sofía a lo largo de toda la novela. Simboliza a la figura del profesor “perfecto”, cuya tarea consiste en guiar a su alumna y mostrarle el mundo a través de la historia de la filosofía. Hace que la joven no deje de hacerse preguntas y cuestionar el mundo que le rodea sin dar todo por supuesto.
  • Albert knag: Es el padre de Hilde, su trabajo le impide pasar el tiempo que le gustaría con su hija. Por eso, decide mandarle cartas sobre Sofía con el fin de que su hija aprenda filosofía.

Biografía de Jostein Gaarder

Es un escritor noruego autor del libro El mundo de Sofía, una de sus novelas más exitosas a nivel mundial desde su publicación en 1991.
Estudió lenguas escandinavas y teología, también fue profesor de filosofía.Comenzó su carrera literaria como escritor de cuentos infantiles.
A principios de la década de los 90, obtuvo el premio Nacional de Crítica Literaria de Noruega, más tarde también el Premio Europeo de literatura Juvenil. El mundo de Sofía supuso su reconocimiento a nivel mundial, ya que la obra se tradujo en más de 40 idiomas y se convirtió en un auténtico best seller.

Película El mundo de Sofía

En 1999 el director noruego Erik Gustavson llevó al cine la adaptación del libro El mundo de Sofía de Jostein Gaarder.
La película es un drama de aventuras protagonizado por la actriz Silje Storstein, con una duración de 114 minutos, pretende plasmar los acontecimientos más importantes de la novela.
Si ya disfrutaste de la novela, aquí puedes ver el tráiler del filme El mundo de Sofía.
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