Cusi Cusi, Jujuy
No tan distintos...
miércoles, 18 de marzo de 2026
SI SUPIERA
"Si supiera que esta fuese la última vez
Que te veo salir por esa puerta,
Te daría un abrazo, un beso
Te llamaría de nuevo para darte más…
Si supiera que esta fuera la última vez
Que voy a oír tu voz
Grabaría cada una de tus palabras para poder oírlas
Una y otra vez indefinidamente…
Si supiera que estos
Son los últimos minutos te que veo
Diría te quiero
Y no asumiría tontamente
Que ya lo sabes.
Siempre hay un mañana y la vida
Nos da otra oportunidad para hacer las cosas bien,
Pero por si me equivoco
y hoy es todo lo que nos queda
Me gustaría decirte cuanto te quiero
Que nunca te olvidaré"…
Gabriel García Márquez
Durante su encarcelamiento en Reading Gaol, Wilde no solo escribió, sino que transformó la prisión en un teatro íntimo donde representaba para sí mismo y sus compañeros una tragicomedia de la vida y la injusticia.
Cuando en 1895 Oscar Wilde fue condenado a dos años de trabajos forzados por "indecencia grave", su mundo se redujo a una celda fría y oscura. Pero lejos de sucumbir al desánimo, Wilde convirtió ese encierro en un laboratorio creativo y un escenario privado.
Según testimonios de guardias y compañeros de prisión, Wilde organizaba pequeñas representaciones teatrales improvisadas, donde él mismo interpretaba personajes de sus obras y creaba monólogos que mezclaban humor, ironía y una profunda melancolía. Estas actuaciones no eran para un público externo, sino para mantener viva su mente y espíritu en medio de la brutalidad carcelaria.
Durante su tiempo en prisión, Wilde escribió De Profundis, una larga carta dirigida a su amante Lord Alfred Douglas. Pero lo que pocos saben es que esta carta no fue solo un texto para ser leído; Wilde la recitaba en voz alta, modulando su tono como si fuera un actor en un escenario. La escritura se convirtió en su forma de resistencia, un acto performativo que le permitía desafiar la soledad y la humillación.
Además, en la prisión, Wilde comenzó a trabajar en La balada de la cárcel de Reading, un poema que no solo denuncia la crueldad del sistema penitenciario, sino que también refleja su capacidad para encontrar belleza y humanidad en el sufrimiento. El poema fue escrito con una mezcla de rabia y compasión, y se convirtió en un himno para los presos olvidados.
Una anécdota poco conocida relata que Wilde, en un acto de desafío y teatralidad, pidió que le permitieran conservar un collar de perlas y una rosa roja durante su encarcelamiento. Estos objetos, símbolos de su identidad y su amor por la belleza, se convirtieron en sus amuletos personales. Los guardias, desconcertados, accedieron, y Wilde los exhibía en su celda como un rey en su trono, recordando que aunque preso, su espíritu seguía siendo libre y extravagante.
Al salir de prisión en 1897, Wilde estaba físicamente destruido y socialmente desterrado. Se exilió en Francia, donde vivió sus últimos años bajo el nombre de Sebastian Melmoth, un alter ego que reflejaba su caída y su renacimiento. Murió en 1900, a los 46 años, en la pobreza y el olvido.
Wilde fue la prueba de que incluso en las circunstancias más oscuras, el arte puede ser un acto de rebelión y supervivencia.
"Se equivocó la paloma.
Se equivocaba.
Por ir al Norte, fue al Sur.
Creyó que el trigo era agua.
Se equivocaba.
Creyó que el mar era el cielo;
que la noche la mañana.
Se equivocaba.
Que las estrellas eran rocío;
que la calor, la nevada.
Se equivocaba.
Que tu falda era su blusa;
que tu torso, su cabaña.
Se equivocaba.
(Se durmió en la orilla.
Tú, en la cumbre de una rama)."
El poema pertenece al libro "Entre el clavel y la espada" (1941), escrito por Rafael Alberti durante su exilio en Argentina.
Musicalizado de manera magistral por Carlos Guastavino.
Arte: Michal Lukasiewicz.
"Desnudo en la ventana VII"
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