sábado, 23 de mayo de 2026

Elijo besarte en el viento,
porque el viento es más suave que mis labios.
Elijo abrazarte en mis sueños,
porque en mis sueños, no tienes fin. "

Rumi 
¿Dónde estará mi vida, la que pudo 
haber sido y no fue, la venturosa 
o la de triste horror, esa otra cosa 
que pudo ser la espada o el escudo 

y que no fue? ¿Dónde estará el perdido 
antepasado persa o el noruego, 
dónde el azar de no quedarme ciego, 
dónde el ancla y el mar, dónde el olvido 

de ser quien soy? ¿Dónde estará la pura 
noche que al rudo labrador confía 
el iletrado y laborioso día, 

según lo quiere la literatura? 
Pienso también en esa compañera 
que me esperaba, y que tal vez me espera.

Lo perdido,
Jorge Luis Borges,
El oro de los tigres (1972)
Las causas

Los ponientes y las generaciones. 
Los días y ninguno fue el primero. 
La frescura del agua en la garganta 
de Adán. El ordenado Paraíso. 
El ojo descifrando la tiniebla. 
El amor de los lobos en el alba. 
La palabra. El hexámetro. El espejo. 
La Torre de Babel y la soberbia. 
La luna que miraban los caldeos. 
Las arenas innúmeras del Ganges. 
Chuang-Tzu y la mariposa que lo sueña. 
Las manzanas de oro de las islas. 
Los pasos del errante laberinto. 
El infinito lienzo de Penélope. 
El tiempo circular de los estoicos. 
La moneda en la boca del que ha muerto. 
El peso de la espada en la balanza. 
Cada gota de agua en la clepsidra. 
Las águilas, los fastos, las legiones. 
César en la mañana de Farsalia. 
La sombra de las cruces en la tierra. 
El ajedrez y el álgebra del persa. 
Los rastros de las largas migraciones. 
La conquista de reinos por la espada. 
La brújula incesante. El mar abierto. 
El eco del reloj en la memoria. 
El rey ajusticiado por el hacha. 
El polvo incalculable que fue ejércitos. 
La voz del ruiseñor en Dinamarca. 
La escrupulosa línea del calígrafo. 
El rostro del suicida en el espejo. 
El naipe del tahúr. El oro ávido. 
Las formas de la nube en el desierto. 
Cada arabesco del calidoscopio. 
Cada remordimiento y cada lágrima. 
Se precisaron todas esas cosas 
para que nuestras manos se encontraran.

Las causas,
Jorge Luis Borges,
Historia de la noche (1977)
Afuera hay un ocaso, alhaja oscura
engastada en el tiempo,
y una honda ciudad ciega
de hombres que no te vieron.
La tarde calla o canta.
Alguien descrucifica los anhelos
clavados en el piano.
Siempre, la multitud de tu hermosura.
A despecho de tu desamor
tu hermosura
prodiga su milagro por el tiempo.
Esta en ti la ventura
como la primavera en la hoja nueva.
Ya casi no soy nadie,
soy tan solo ese anhelo
que se pierde en la tarde.
En ti esta la delicia
como esta la crueldad en las espadas.

Agravando la reja está la noche.
En la sala severa
se buscan como ciegos nuestras dos soledades.
Sobrevive a la tarde
la blancura gloriosa de tu carne.
En nuestro amor hay una pena
que se parece al alma.

que ayer solo eras toda hermosura
eres tambien todo amor, ahora.

Sábado,
Jorge Luis Borges,
Fervor de Buenos Aires (1923)
Lunas, marfiles, instrumentos, rosas,
lámparas y la línea de Durero,
las nueve cifras y el cambiante cero,
debo fingir que existen esas cosas.

Debo fingir que en el pasado fueron
Persépolis y Roma y que una arena
sutil midió la suerte de la almena
que los siglos de hierro deshicieron.

Debo fingir las armas y la pira
de la epopeya y los pesados mares
que roen de la tierra los pilares.

Debo fingir que hay otros. Es mentira.
Sólo tú eres. Tú, mi desventura
y mi ventura, inagotable y pura.

El enamorado,
Jorge Luis Borges,
Historia de la noche (1977)
Qué no daría yo por la memoria
de una calle de tierra con tapias bajas
y de un alto jinete llenando el alba
(largo y raído el poncho)
en uno de los días de la llanura,
en un día sin fecha.
Qué no daría yo por la memoria
de mi madre mirando la mañana
en la estancia de Santa Irene,
sin saber que su nombre iba a ser Borges.
Qué no daría yo por la memoria
de haber combatido en Cepeda
y de haber visto a Estanislao del Campo
saludando la primera bala
con la alegría del coraje.
Qué no daría yo por la memoria
de un portón de quinta secreta
que mi padre empujaba cada noche
antes de perderse en el sueño
y que empujó por última vez
el catorce de febrero del 38.
Qué no daría yo por la memoria
de las barcas de Hengist,
zarpando de la arena de Dinamarca
para debelar una isla
que aún no era Inglaterra.
Qué no daría yo por la memoria
(la tuve y la he perdido)
de una tela de oro de Turner,
vasta como la música.
Qué no daría yo por la memoria
de haber oído a Sócrates
que, en la tarde de la cicuta,
examinó serenamente el problema
de la inmortalidad,
alternando los mitos y las razones
mientras la muerte azul iba subiendo
desde los pies ya fríos.
Qué no daría yo por la memoria
de que me hubieras dicho que me querías
y de no haber dormido hasta la aurora,
desgarrado y feliz.

Elegía del recuerdo imposible,
Jorge Luis Borges,
La moneda de hierro (1976)
Es el amor. Tendré que ocultarme o huir.
Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz.
La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única.
¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras,
la vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que usó el áspero Norte para cantar sus mares y sus espadas,
la serena amistad, las galerías de la biblioteca, las cosas comunes,
los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño?
Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo.
Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se
levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido los que miran por las ventanas, pero la sombra no ha traído la paz.
Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo.
Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles.
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.
Ya los ejércitos me cercan, las hordas.
(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto.)
El nombre de una mujer me delata.
Me duele una mujer en todo el cuerpo.

El amenazado,
Jorge Luis Borges,
El oro de los tigres (1972)

viernes, 22 de mayo de 2026

En cierta calle hay cierta firme puerta
con su timbre y su número preciso
y un sabor a perdido paraíso,
que en los atardeceres no está abierta
a mi paso. Cumplida la jornada,
una esperada voz me esperaría
en la disgregación de cada día
y en la paz de la noche enamorada.
Esas cosas no son. Otra es mi suerte:
las vagas horas, la memoria impura,
el abuso de la literatura
y en el confín la no gustada muerte.
Sólo esa piedra quiero. Sólo pido
las dos abstractas fechas y el olvido.

H.O.,
Jorge Luis Borges,
El oro de los tigres (1972)

Poema de Borges con música de Pedro Aznar interpretado por Jairo y Aznar en el álbum Caja de Música grabado en vivo en el Teatro Colón de Buenos Aires.

1964

Jorge Luis Borges

I

Ya no es mágico el mundo. Te han dejado.
Ya no compartirás la clara luna
ni los lentos jardines. Ya no hay una
luna que no sea espejo del pasado,

cristal de soledad, sol de agonías.
Adiós las mutuas manos y las sienes
que acercaba el amor. Hoy sólo tienes
la fiel memoria y los desiertos días.

Nadie pierde (repites vanamente)
sino lo que no tiene y no ha tenido
nunca, pero no basta ser valiente

para aprender el arte del olvido.
Un símbolo, una rosa, te desgarra
y te puede matar una guitarra.

II

Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;
un instante cualquiera es más profundo
y diverso que el mar. La vida es corta

y aunque las horas son tan largas, una
oscura maravilla nos acecha,
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha
que nos libra del sol y de la luna

y del amor. La dicha que me diste
y me quitaste debe ser borrada;
lo que era todo tiene que ser nada.

Sólo que me queda el goce de estar triste,
esa vana costumbre que me inclina
al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.

No te salves

Mario Benedetti

No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca

no te salves

no te llenes de calma
no reserves del mundo
solo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo

pero si

pese a todo no puedes evitarlo

y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
solo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas

entonces

no te quedes conmigo.

El mismo lobo tiene momentos de debilidad, en que se pone del lado del cordero y piensa: Ojalá que huya.

Adolfo Bioy Casares

🇦🇷 Adolfo Bioy Casares | Guirnalda con amores (1959)

Hasta un depredador tiene un instante de conciencia, de fisura. Ese segundo extraño en que alguien entiende perfectamente el daño que está por causar y, aun así, sigue siendo quien es. 

Adolfo Bioy Casares nació en Buenos Aires en 1914 y murió en 1999. Fue uno de los grandes narradores argentinos del siglo XX y una figura central de la literatura fantástica en lengua española. Dueño de una prosa elegante, precisa y aparentemente sencilla, construyó relatos donde lo extraño aparece con naturalidad, sin excesos ni grandilocuencia.

Su vínculo intelectual y literario con Jorge Luis Borges marcó buena parte de la literatura argentina moderna. Juntos escribieron cuentos policiales, antologías y textos humorísticos bajo seudónimos como H. Bustos Domecq. Sin embargo, Bioy desarrolló una voz propia: más íntima, más melancólica y profundamente obsesionada con el deseo, el tiempo y las contradicciones humanas.

En La invención de Morel logró una de las novelas más influyentes de la literatura fantástica latinoamericana. Pero también dejó diarios, cuentos y aforismos donde mostraba una inteligencia seca, elegante y muchas veces cruel en su claridad.

Obras destacadas

• La invención de Morel (1940)
• El sueño de los héroes (1954)
• Diario de la guerra del cerdo (1969)
• Dormir al sol (1973)
• Guirnalda con amores (1959)

Bioy Casares recibió el Premio Cervantes en 1990 y es considerado uno de los autores fundamentales de la narrativa argentina. Su influencia atraviesa la literatura fantástica, el policial y la narrativa psicológica contemporánea.

Octavio Paz definió La invención de Morel como “una novela perfecta”. Jorge Luis Borges escribió el prólogo original y la consideraba una obra excepcional dentro de la literatura fantástica.
Una vez sucedió que en un teatro se declaró un incendio entre bastidores. El payaso salió al proscenio para dar la noticia al público. Pero este creyó que se trata de un chiste y aplaudió con ganas. El payaso repitió la noticia y los aplausos eran todavía jubilosos. Así creo yo que perecerá el mundo, en medio del júbilo general del respetable qué pensará que se trata de un chiste.

Søren Kierkegaard,
Diapsálmata

🇩🇰 Søren Kierkegaard | Either/Or (Enten — Eller, 1843)

La escena parece absurda hasta que deja de parecerlo. Kierkegaard describe una sociedad incapaz de distinguir entre entretenimiento y la advertencia. Un público tan acostumbrado al espectáculo que interpreta incluso el peligro como parte del show.

Søren Kierkegaard (1813–1855) fue un filósofo, escritor y teólogo danés considerado uno de los precursores del existencialismo. Nació en Copenhague dentro de una familia profundamente religiosa y desarrolló una obra obsesionada con la angustia, la fe, la libertad y la responsabilidad individual.

Rechazaba los grandes sistemas filosóficos abstractos —especialmente el hegelianismo dominante— porque creía que convertían la existencia humana en una teoría elegante mientras ignoraban el drama concreto de vivir.

También fue un crítico feroz de la Iglesia oficial danesa, a la que acusaba de haber transformado el cristianismo en una costumbre social cómoda y vacía.

Obras destacadas

• Either/Or (Enten — Eller, 1843)
• Temor y temblor (1843)
• El concepto de la angustia (1844)
• La enfermedad mortal (1849)

Hoy es considerado una figura central del existencialismo y una influencia decisiva para pensadores como Heidegger, Sartre, Camus y Unamuno.