lunes, 21 de septiembre de 2026

De estas calles que ahondan el poniente,
una habrá (no sé cuál) que he recorrido
ya por última vez, indiferente
y sin adivinarlo, sometido

a Quién prefija omnipotentes normas
y una secreta y rígida medida
a las sombras, los sueños y las formas
que destejen y tejen esta vida.

Si para todo hay término y hay tasa
y última vez y nunca más y olvido
¿quién nos dirá de quién, en esta casa,
sin saberlo nos hemos despedido?

Tras el cristal ya gris la noche cesa
y del alto de libros que una trunca
sombra dilata por la vaga mesa,
alguno habrá que no leeremos nunca.

Hay en el Sur más de un portón gastado
con sus jarrones de mampostería
y tunas, que a mi paso está vedado
como si fuera una litografía.

Para siempre cerraste alguna puerta
y hay un espejo que te aguarda en vano;
la encrucijada te parece abierta
y la vigila, cuadrifronte, Jano.

Hay, entre todas tus memorias, una
que se ha perdido irreparablemente;
no te verán bajar a aquella fuente
ni el blanco sol ni la amarilla luna.

No volverá tu voz a lo que el persa
dijo en su lengua de aves y de rosas,
cuando el ocaso, ante la luz dispersa,
quieras decir inolvidables cosas.

¿Y el incesante Ródano y el lago,
todo ese ayer sobre el cual hoy me inclino?
Tan perdido estará como Cartago
que con fuego y con sal borró el latino.

Creo en el alba oír un atareado
rumor de multitudes que se alejan;
son los que me han querido y olvidado;
espacio y tiempo y Borges ya me dejan.

Límites,
Jorge Luis Borges (1960)
«Mi vida es maravillosa si exceptuamos Las olas, mi jornada laboral se salda con dos horas de prosa insustancial a la que he dedicado grandes esfuerzos. Escribo muchas variaciones de cada frase y todas son débiles, tentativas equivocadas. Mi cuaderno parece ahora mismo el delirio de un loco. Confío en que pronto llegará la inspiración, pero el sentido que le doy a mi trabajo es algo artificial y forzado. No quiero que el decoro me haga tachar una sola palabra. Quiero ir al centro, experimentar con el diálogo, abrirme paso de manera implacable, si no sale nada… al menos habré explorado todas las posibilidades. Solo me quejo de no disfrutarlo más».

Diarios,
Virginia Woolf


El poeta cusqueño apareció a mitad de la década de 1950 con una fuerza poco frecuente. Sus primeros libros fueron consagratorios, pero siguió publicando con altísimo nivel hasta su muerte en 2003.

Washington Delgado nació en Cuzco, el 26 de octubre de 1927 y falleció en Lima, el 6 de setiembre de 2003) fue escritor, profesor y poeta. En esta última actividad se consagró como uno de los más importantes e influyentes de la Generación del 50. Su obra poética atraviesa seis décadas y comenzó con el libro Formas de la ausencia, que en 1953 le valió el Premio Nacional de Cultura en poesía. Otros títulos importantes de Delgado son Días del corazón (1957), Para vivir mañana (1959), Destierro por vida (1969), Historia de Artidoro (1986) y Cuan impunemente se está uno muerto (2003).

Te estoy perdiendo

Te estoy perdiendo
en cada voz que escuchas,
en cada rostro que contemplas,
en cada gesto tuyo,
en cada lugar
que recibe a tu cuerpo.
Ser como la luz
que te envuelve, por la que dejas
un retazo de sombra. Ser
como la noche que te obliga
a un pensamiento, a un deseo,
a un sueño.
Ser una materia leve,
una corriente extensa
que te persigue siempre.
No ser esto que soy
y que te está perdiendo.
(De Formas de la ausencia, 1953)

Las palabras no dichas

Las palabras no dichas
está aquí, presentes,
lánguidas en su altura
que no quebró el silencio.
Yo les tiendo el oído
-mental, sencillamente-
y me penetren lentas
sin ruido,
dejando en mi memoria
un sabor de sucesos
que nunca sucedieron,
o tal vez sucedieron,
pero sólo en el ansia.
Estas palabras
que ningún labio dijo
son ajenas al tiempo,
a la medida, al número.
Ellas viven por sí.
(De Formas de la ausencia, 1953)

Allá lejos

Allá lejos, otros ojos
hundidos en los tuyos,
verán maravillados
el mundo que iluminas.
Otros oídos insaciables
entrarán en tu voz.
Y otros labios -posados
en tus labios-
sabrán yan
como el amor existe
cerca de ti,
lejos de ti.
(De Formas de la ausencia, 1953)

Dioses

Amo a los pequeños dioses
que no tienen nombre ni patria
ni estatura.
Amo a los dioses oscuros
que viven sólo un día.
Amo a los dioses sencillos:
el viento amarillo del verano,
el verde viento de la primavera
y las iluminadas mariposas
que al fuego vuelan
y en el fuego mueren.
(De El extranjero, 1956)

Conducta razonable

Porque la libertad es un fuego
que pule, afina, organiza
y destruye la vida.
Porque a un lado está el bien
y al otro el mal y yo no sé
cuál es la conducta razonable.
Porque después de todo, nada
importa sino es el amor,
sino es el odio.
Yo estoy aquí para vivir o para morir,
para cantar o para morir,
para respirar, comer y amar.
O para morir.
(De Para vivir mañana, 1959)


Con la primavera
Viene la canción,
La tristeza dulce
Y el galante amor.

Con la primavera
Viene una ansiedad
De pájaro preso
Que quiere volar.

No hay cetro más noble
Que el de padecer:
Sólo un rey existe:
El muerto es el rey.

Con la primavera 
José Martí
Esta famosa metáfora pertenece a la obra "Como gustéis" (As You Like It) de William Shakespeare, específicamente en el célebre monólogo del personaje Jaques en el Acto II, Escena VII.

La idea de que el ser humano puede convertir el mundo en ficción mediante la imaginación y la lectura no es una cita literal de Miguel de Cervantes, sino una de las interpretaciones filosóficas y literarias más famosas sobre su obra cumbre: Don Quijote de la Mancha
«Era demasiado amor. Demasiado grande, demasiado complicado, demasiado confuso, y arriesgado, y fecundo, y doloroso. Tanto como yo podía dar, más del que me convenía. Por eso se rompió. No se agotó, no se acabó, no se murió, sólo se rompió, se vino abajo como una torre demasiado alta, como una apuesta demasiado alta, como una esperanza demasiado alta.»

“Castillos de cartón”
Almudena Grandes
La cita exacta no pertenece a un verso o poema específico de Emily Dickinson, sino que es una paráfrasis o interpretación moderna de su filosofía de vida y de su obra literaria.
La cita exacta no pertenece a un verso o poema específico de Emily Dickinson, sino que es una paráfrasis o interpretación moderna de su filosofía de vida y de su obra literaria.

Siete cajones, El Trapiche, San Luis

Siete cajones, El Trapiche, San Luis
¿Sabías que existe una palabra para aquello que permanece, incluso cuando todo a su alrededor cambia?
Esa palabra es perenne.
Describe algo continuo, duradero, que no se interrumpe con facilidad. Y no tiene que ser algo físico: también puede ser un recuerdo, un vínculo o un sentimiento que sigue presente con el paso del tiempo.
Hay cosas que cambian de forma, pero nunca dejan de existir.
🚨 JUNG EXPLICÓ POR QUÉ TE QUEDAS CALLADO CUANDO ALGUIEN DICE ALGO CON LO QUE NO ESTÁS DE ACUERDO 🚨

Muchas personas lo notan después, en el coche:

👉 "Dijo una barbaridad y yo asentí con la cabeza."
👉 "Me pasé toda la noche con la respuesta atorada."
👉 "Después me dio coraje conmigo, no con él."

Y les dicen:

👉 "No valía la pena discutir."
👉 "Mejor así, evitas problemas."
👉 "Tienes que aprender a defender lo tuyo."

Pero Jung explicó qué se paga por ese silencio.

Callar evita un conflicto afuera.

Y abre uno adentro, que dura mucho más y no tiene con quién resolverse.

Jung describió la persona como la máscara que construimos para encajar con lo que el entorno espera, y advirtió sobre el costo de identificarse demasiado con ella. Quedarse callado es la máscara funcionando: se conserva la armonía, nadie se incomoda, la reunión termina bien. Pero lo que no salió no desaparece; queda dando vueltas y se convierte en enojo dirigido hacia uno mismo. Por eso el coraje de después casi nunca es con quien habló, es contigo por no haber hablado.

La idea incómoda es esta:

👉 El silencio no siempre es prudencia. A veces solo se llama así para no llamarlo miedo.
👉 Y cada vez que callas, la próxima cuesta un poco más: el grupo ya te ubicó como alguien que no objeta.
👉 Con los años uno termina rodeado de gente que no sabe lo que uno piensa de nada importante.

Pero aquí está lo importante:

No hace falta convertir cada comentario en un debate, y elegir las batallas sí es legítimo. Lo que vale la pena distinguir es cuándo callas porque no vale la pena y cuándo callas porque no te atreves, que se sienten igual en el momento y son muy distintas. La pista está en lo que pasa después: si te quedaste tranquilo, fue lo primero. Si vas armando la respuesta en el coche, fue lo segundo. Y esa segunda es la que conviene mirar, no el comentario del otro.

📚 Jung, C. G. (1990). Dos escritos sobre psicología analítica. En Obra completa (Vol. 7). Trotta. (Trabajo original de 1928)
Mirífico.
Todavía existen cosas capaces de devolvernos la capacidad de maravillarnos.
Hay momentos en los que alejarse no significa dejar de querer, sino necesitar espacio para volver a encontrarse.

Eremición describe ese retiro gradual de la vida de otros, no desde el rechazo, sino desde la necesidad de silencio, distancia y transformación personal.

A veces, apartarse también es una forma de cuidarse.