Llegó en silencio,
bajo la suave luz amarilla
de un árbol en flor.
Al principio, solo se miraron,
con cautela, curiosidad e incertidumbre.
Pero poco a poco,
la confianza se convirtió en cercanía,
y la cercanía en algo que se sentía como un hogar.
Hay conexiones que no necesitan palabras.
Solo tiempo, ternura y
la sensación de ser visto.
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