Hoy miro mi agenda y decido tachar tres cosas. No porque no pueda hacerlas. Sino porque no quiero. Y por primera vez, no me siento mal por ello.
Durante mucho tiempo creí que querer menos era fracaso. Que tener menos planes, menos cosas, menos ruido significaba derrota. Que la plenitud era acumular.
Pero hoy descubro que querer menos no es vacío. Es espacio. Es elegir con calma lo que realmente importa. Es decir “no” a lo bonito para decir “sí” a lo esencial.
Y en esa reducción que antes me daba culpa… algo florece. No con ruido. No con esfuerzo. Solo con permiso para desear menos.
Hoy elijo querer menos y disfrutarlo sin culpa. Y todavía estoy descubriendo
qué hacer con todo el espacio que aparece cuando dejo de exigirme tanto.
José Luis Vaquero
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