El poeta cusqueño apareció a mitad de la década de 1950 con una fuerza poco frecuente. Sus primeros libros fueron consagratorios, pero siguió publicando con altísimo nivel hasta su muerte en 2003.
Washington Delgado nació en Cuzco, el 26 de octubre de 1927 y falleció en Lima, el 6 de setiembre de 2003) fue escritor, profesor y poeta. En esta última actividad se consagró como uno de los más importantes e influyentes de la Generación del 50. Su obra poética atraviesa seis décadas y comenzó con el libro Formas de la ausencia, que en 1953 le valió el Premio Nacional de Cultura en poesía. Otros títulos importantes de Delgado son Días del corazón (1957), Para vivir mañana (1959), Destierro por vida (1969), Historia de Artidoro (1986) y Cuan impunemente se está uno muerto (2003).
Te estoy perdiendo
Te estoy perdiendo
en cada voz que escuchas,
en cada rostro que contemplas,
en cada gesto tuyo,
en cada lugar
que recibe a tu cuerpo.
Ser como la luz
que te envuelve, por la que dejas
un retazo de sombra. Ser
como la noche que te obliga
a un pensamiento, a un deseo,
a un sueño.
Ser una materia leve,
una corriente extensa
que te persigue siempre.
No ser esto que soy
y que te está perdiendo.
(De Formas de la ausencia, 1953)
Las palabras no dichas
Las palabras no dichas
está aquí, presentes,
lánguidas en su altura
que no quebró el silencio.
Yo les tiendo el oído
-mental, sencillamente-
y me penetren lentas
sin ruido,
dejando en mi memoria
un sabor de sucesos
que nunca sucedieron,
o tal vez sucedieron,
pero sólo en el ansia.
Estas palabras
que ningún labio dijo
son ajenas al tiempo,
a la medida, al número.
Ellas viven por sí.
(De Formas de la ausencia, 1953)
Allá lejos
Allá lejos, otros ojos
hundidos en los tuyos,
verán maravillados
el mundo que iluminas.
Otros oídos insaciables
entrarán en tu voz.
Y otros labios -posados
en tus labios-
sabrán yan
como el amor existe
cerca de ti,
lejos de ti.
(De Formas de la ausencia, 1953)
Dioses
Amo a los pequeños dioses
que no tienen nombre ni patria
ni estatura.
Amo a los dioses oscuros
que viven sólo un día.
Amo a los dioses sencillos:
el viento amarillo del verano,
el verde viento de la primavera
y las iluminadas mariposas
que al fuego vuelan
y en el fuego mueren.
(De El extranjero, 1956)
Conducta razonable
Porque la libertad es un fuego
que pule, afina, organiza
y destruye la vida.
Porque a un lado está el bien
y al otro el mal y yo no sé
cuál es la conducta razonable.
Porque después de todo, nada
importa sino es el amor,
sino es el odio.
Yo estoy aquí para vivir o para morir,
para cantar o para morir,
para respirar, comer y amar.
O para morir.
(De Para vivir mañana, 1959)