sábado, 24 de diciembre de 2016
viernes, 23 de diciembre de 2016
Pensar en ti esta noche - Pedro Salinas
no era pensarte con mi pensamiento,
yo solo, desde mì. Te iba pensando
conmigo, extensamente, el ancho mundo.
El gra sueño del campo, las estrellas,
callado el mar, las hierbas invisibles,
sòlo presentes en perfumes secos, todo,
de Aldebaràn al grillo te pensaba.
!Què sosegadamente
se hacìa la concordìa
entre las piedras, los luceros,
el agua muda, la arboleda trèmula
todo lo inanimado, y el alma mìa.
dedicàndolo a tì! Todo acudia.
dòcil a mi llamada, a tu servicio,
ascendido a intenciòn y a fuerza amante.
Concurrìan las luces y las sombras,
a la luz de quererte; concurrian.
El gran silencio, por la tierra, plano,
suaves voces de nubes, por el cielo;
al càntico hacia ti que en mi cantaba.
Una conformidad de mundo y ser,
de afàn y tiempo, inverosìmil, tregua,
se entraba en mì, como la dicha entera
cuando llega sin prisa, beso a beso.
Y casi dejè de amarte por amarte màs
en màs que en mì, inmensamente confiado;
Ese empleo de amar a la gran noche.
Errante por el tiempo y ya cargada
de misiòn, misionera de un amor vuelto
estrellas, calma mundo, salvado ya
del miedo al cadàver que queda si se olvida.
Pedro Salinas
Cuando sea mi vida - Antonio Machado
toda clara y ligera como un buen río
que corre alegremente a la mar,
a la mar ignota que espera,
llena de sol y de canción.
Y cuando brote en mi corazón la
primavera, serás tú, vida mía,
la inspiración de mi nuevo poema.
Una canción de paz y amor, al ritmo
de la sangre que corre por las venas.
Una canción de amor y paz,
tan solo de dulces cosas y palabras.
Mientras, mientras, guarda la llave de oro
de mis versos entre tus joyas.
Guárdala y espera.
Antonio Machado
jueves, 22 de diciembre de 2016
Espero - Mario Benedetti
suspiros de esperanzas ya perdidas.
No creo que vengas, lo sè, sè que no vendràs.
Sè que la distancia te hiere,
sè que las noches son màs frìas,
sè que ya no estàs, creo saber todo de tì.
Sè que el dìa de pronto se te harà noche:
Sè que sueñas con mi amor, pero no lo dices,
sè que soy un idiota al esperarte,
pues sè que no vendràs.
Te espero cuando miremos al cielo de noche:
Tù allà, yo aquì, añorando aquellos dìas en
los que un beso marcò la despedida, quizàs
por el resto de nuestras vidas. Es triste hablar asì.
Cuando el dìa se me hace de noche, y la luna
oculta ese sol tan radiante, me siento sòlo, lo sè;
Nunca supe de nada tanto en mi vida,
solo sè que me encuentro muy sòlo,
y que no estoy allì.
Mis disculpas por sentir asì,
nunca mi intenciòn ha sido ofenderte.
Nunca soñe con quererte, ni con sentirme asì.
Mi aire se acaba como agua en el desierto,
mi vida se acorta pues no te llevo dentro.
Mi esperanza de vivir eres tù, y no estoy allì.
Por què no estoy allì?, te preguntaràs...
Por què no he tomado ese bus que me llevarìa a tì?
Por què el mundo que llevo aquì no me permite estar allì;
Por què todas las noches me torturo pensando en tì.
Por què no sòlo me olvido de tì?
Por què no vivo sòlo asì?
Por què no sòlo...?
Mario Benedetti
Poema 14 - Pablo Neruda
Juegas todos los días con la luz del universo.
Sutil visitadora, llegas en la flor y en el agua.
Eres más que esta blanca cabecita que aprieto
como un racimo entre mis manos cada día.
A nadie te pareces desde que yo te amo.
Déjame tenderte entre guirnaldas amarillas.
Quién escribe tu nombre con letras de humo entre las estrellas del sur?
Ah déjame recordarte cómo eras entonces, cuando aún no existías.
De pronto el viento aúlla y golpea mi ventana cerrada.
El cielo es una red cuajada de peces sombríos.
Aquí vienen a dar todos los vientos, todos.
Se desviste la lluvia.
Pasan huyendo los pájaros.
El viento. El viento.
Yo sólo puedo luchar contra la fuerza de los hombres.
El temporal arremolina hojas oscuras
y suelta todas las barcas que anoche amarraron al cielo.
Tú estás aquí. Ah tú no huyes.
Tú me responderás hasta el último grito.
Ovíllate a mi lado como si tuvieras miedo.
Sin embargo alguna vez corrió una sombra extraña por tus ojos.
Ahora, ahora también, pequeña, me traes madreselvas,
y tienes hasta los senos perfumados.
Mientras el viento triste galopa matando mariposas
yo te amo, y mi alegría muerde tu boca de ciruela.
Cuanto te habrá dolido acostumbrarte a mí,
a mi alma sola y salvaje, a mi nombre que todos ahuyentan.
Hemos visto arder tantas veces el lucero besándonos los ojos
y sobre nuestras cabezas destorcerse los crepúsculos en abanicos girantes.
Mis palabras llovieron sobre ti acariciándote.
Amé desde hace tiempo tu cuerpo de nácar soleado.
Hasta te creo dueña del universo.
Te traeré de las montañas flores alegres, copihues,
avellanas oscuras, y cestas silvestres de besos.
Quiero hacer contigo
lo que la primavera hace con los cerezos.
Poemas de Pablo Neruda
Sutil visitadora, llegas en la flor y en el agua.
Eres más que esta blanca cabecita que aprieto
como un racimo entre mis manos cada día.
A nadie te pareces desde que yo te amo.
Déjame tenderte entre guirnaldas amarillas.
Quién escribe tu nombre con letras de humo entre las estrellas del sur?
Ah déjame recordarte cómo eras entonces, cuando aún no existías.
De pronto el viento aúlla y golpea mi ventana cerrada.
El cielo es una red cuajada de peces sombríos.
Aquí vienen a dar todos los vientos, todos.
Se desviste la lluvia.
Pasan huyendo los pájaros.
El viento. El viento.
Yo sólo puedo luchar contra la fuerza de los hombres.
El temporal arremolina hojas oscuras
y suelta todas las barcas que anoche amarraron al cielo.
Tú estás aquí. Ah tú no huyes.
Tú me responderás hasta el último grito.
Ovíllate a mi lado como si tuvieras miedo.
Sin embargo alguna vez corrió una sombra extraña por tus ojos.
Ahora, ahora también, pequeña, me traes madreselvas,
y tienes hasta los senos perfumados.
Mientras el viento triste galopa matando mariposas
yo te amo, y mi alegría muerde tu boca de ciruela.
Cuanto te habrá dolido acostumbrarte a mí,
a mi alma sola y salvaje, a mi nombre que todos ahuyentan.
Hemos visto arder tantas veces el lucero besándonos los ojos
y sobre nuestras cabezas destorcerse los crepúsculos en abanicos girantes.
Mis palabras llovieron sobre ti acariciándote.
Amé desde hace tiempo tu cuerpo de nácar soleado.
Hasta te creo dueña del universo.
Te traeré de las montañas flores alegres, copihues,
avellanas oscuras, y cestas silvestres de besos.
Quiero hacer contigo
lo que la primavera hace con los cerezos.
Poemas de Pablo Neruda
Alejandra Pizarnik: una poetiza de vida corta e intensa
Alejandra Pizarnik perteneció y representó al surrealismo poético y tuvo una vida breve pero intensa. Fue libre, para nada tradicional; decidió ser dueña de su vida y también de su muerte. Su precoz final terminó de convertirla en una de las autoras más importantes de Argentina. La poeta maldita Argentina, dejó una huella imborrable en nuestra literatura y en nuestra cultura.
“He nacido tanto, he doblemente sufrido en la memoria de aquí y de allá”, y así pisó esta vida Flora Pizarik Bromiquier. Nacida en Avellaneda el 29 de abril de 1936 e hija de inmigrantes judíos, de ojos expresivos y melancólicos, sacando el dolor que sintió desde las entrañas, logró forjarse a sí misma como la gran escritora que fue.
En su infancia tuvo problemas para poder hablar, ya que tartamudeaba, tenía asma, acné y hasta tendencia a subir de peso. Problemas que influirían en su personalidad durante toda su vida.
En 1954 tomó cursos de Periodismo, Filosofía y Literatura en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires pero nunca los finalizó. Sus fuentes de inspiración vinieron de la mano de Antonio Porchia y los poetas malditos: Arthur Rinbaud y Stéphane Mallarmé. Ellos fueron quienes volcaron al surrealismo.
“La tierra más ajena” (1955) y “La última Inocencia” (1956), fueron obras dedicadas a su psicoanalista León Ostrov. En éstas y casi todas sus obras se ven plasmadas las inquietudes de la escritora. Las más recurrentes eran sus problemas de autoestima, la preocupación constante por el amor y el desamor, y el deseo de irse de este mundo. Siempre dejó entrever que no era una persona que se sintiese parte de esta existencia y así lo sostuvo: “Simplemente no soy de este mundo, habito con frenesí la luna”.
En 1960 decidió mudarse a Francia, la tierra de sus autores preferidos le tiraba más que su Argentina natal. Ese mismo año se instaló en París donde estudió historia de la religión y literatura francesa en La Sorbona y conoció a uno de sus más entrañables amigos: Julio Cortázar. Ambos compartían la pasión por Jannis Joplin, Lautreámont y Erzsébet Báthory.
En París trabajó en la revista Cuadernos, realizó traducciones, críticas y publicaciones de numerosos poemas pero su situación económica no fue la mejor. En esa época vivió en una habitación pequeña que olía a cigarrillos mal apagados, pero como siempre sus momentos más oscuros fueron los que la propulsaron a inspirarse y en ese momento escribió: “Árbol de Diana”, prologado por otro gran amigo: Octavio Paz.
En 1964 retornó a Argentina con un aire de libertad que la distinguía del resto porque en Francia había logrado un gran reconocimiento y fue el lugar donde más a gusto se sintió. En ese mismo momento publicó algunas de sus obras más importantes tales como Los trabajos y las noches (1965), Extracción de la piedra de la locura (1968) o El infierno musical (1971).
Con el correr del tiempo fue sumergiéndose en una profunda depresión, haciéndose adicta a los barbitúricos y a los calmantes con los que el 25 de septiembre de 1972 se provocó la muerte tras la ingesta de 50 comprimidos de un barbitúrico; luego de obtener un permiso para salir de un hospital psiquiátrico de Buenos Aires donde se encontraba internada. Sus amigos no podían creer la decisión que había tomado. Bicho, como la llamaba cariñosamente Cortázar, se había ido de este mundo.
Se dice que el amor más grande que sintió fue por Silvina Ocampo (a quien le dedicó innumerables poemas y cartas desesperadas) :“No puedo ser tamaña supliciada”, “no hagas que tenga que morir ya”; pero la esposa de su amigo Adolfo Bioy Casares no pudo corresponderle por las presiones familiares. Su vuelta a Argentina terminó de marcar la decisión de suicidarse. La falta de reconocimiento a sus últimas obras, la adicción a las pastillas y su amor no correspondido la marcaron para llegar a ese desenlace.
Tras el golpe militar de 1976, sus escritos fueron sacados del país, custodiados por Julio Cortázar y su mujer en París y finalmente llevados a la Universidad de Princeton de Estados Unidos. Aurora Bernárdez se contactó con su familia quien decidió que la obra debía llevarse a Princeton. Con el retorno de la democracia su obra pudo ser reconocida con absoluta libertad la misma con la que ella vivió y terminó su vida.
http://www.isecpost.com.ar/alejandra-pizarnik-una-poetiza-de-vida-corta-e-intensa/
“He nacido tanto, he doblemente sufrido en la memoria de aquí y de allá”, y así pisó esta vida Flora Pizarik Bromiquier. Nacida en Avellaneda el 29 de abril de 1936 e hija de inmigrantes judíos, de ojos expresivos y melancólicos, sacando el dolor que sintió desde las entrañas, logró forjarse a sí misma como la gran escritora que fue.
En su infancia tuvo problemas para poder hablar, ya que tartamudeaba, tenía asma, acné y hasta tendencia a subir de peso. Problemas que influirían en su personalidad durante toda su vida.
En 1954 tomó cursos de Periodismo, Filosofía y Literatura en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires pero nunca los finalizó. Sus fuentes de inspiración vinieron de la mano de Antonio Porchia y los poetas malditos: Arthur Rinbaud y Stéphane Mallarmé. Ellos fueron quienes volcaron al surrealismo.
“La tierra más ajena” (1955) y “La última Inocencia” (1956), fueron obras dedicadas a su psicoanalista León Ostrov. En éstas y casi todas sus obras se ven plasmadas las inquietudes de la escritora. Las más recurrentes eran sus problemas de autoestima, la preocupación constante por el amor y el desamor, y el deseo de irse de este mundo. Siempre dejó entrever que no era una persona que se sintiese parte de esta existencia y así lo sostuvo: “Simplemente no soy de este mundo, habito con frenesí la luna”.
En 1960 decidió mudarse a Francia, la tierra de sus autores preferidos le tiraba más que su Argentina natal. Ese mismo año se instaló en París donde estudió historia de la religión y literatura francesa en La Sorbona y conoció a uno de sus más entrañables amigos: Julio Cortázar. Ambos compartían la pasión por Jannis Joplin, Lautreámont y Erzsébet Báthory.
En París trabajó en la revista Cuadernos, realizó traducciones, críticas y publicaciones de numerosos poemas pero su situación económica no fue la mejor. En esa época vivió en una habitación pequeña que olía a cigarrillos mal apagados, pero como siempre sus momentos más oscuros fueron los que la propulsaron a inspirarse y en ese momento escribió: “Árbol de Diana”, prologado por otro gran amigo: Octavio Paz.
En 1964 retornó a Argentina con un aire de libertad que la distinguía del resto porque en Francia había logrado un gran reconocimiento y fue el lugar donde más a gusto se sintió. En ese mismo momento publicó algunas de sus obras más importantes tales como Los trabajos y las noches (1965), Extracción de la piedra de la locura (1968) o El infierno musical (1971).
Con el correr del tiempo fue sumergiéndose en una profunda depresión, haciéndose adicta a los barbitúricos y a los calmantes con los que el 25 de septiembre de 1972 se provocó la muerte tras la ingesta de 50 comprimidos de un barbitúrico; luego de obtener un permiso para salir de un hospital psiquiátrico de Buenos Aires donde se encontraba internada. Sus amigos no podían creer la decisión que había tomado. Bicho, como la llamaba cariñosamente Cortázar, se había ido de este mundo.
Se dice que el amor más grande que sintió fue por Silvina Ocampo (a quien le dedicó innumerables poemas y cartas desesperadas) :“No puedo ser tamaña supliciada”, “no hagas que tenga que morir ya”; pero la esposa de su amigo Adolfo Bioy Casares no pudo corresponderle por las presiones familiares. Su vuelta a Argentina terminó de marcar la decisión de suicidarse. La falta de reconocimiento a sus últimas obras, la adicción a las pastillas y su amor no correspondido la marcaron para llegar a ese desenlace.
Tras el golpe militar de 1976, sus escritos fueron sacados del país, custodiados por Julio Cortázar y su mujer en París y finalmente llevados a la Universidad de Princeton de Estados Unidos. Aurora Bernárdez se contactó con su familia quien decidió que la obra debía llevarse a Princeton. Con el retorno de la democracia su obra pudo ser reconocida con absoluta libertad la misma con la que ella vivió y terminó su vida.
http://www.isecpost.com.ar/alejandra-pizarnik-una-poetiza-de-vida-corta-e-intensa/
"Mono no aware": sensibilidad por y para la belleza
De todos es conocida, la gran sensibilidad que derrocha la cultura y arte oriental y en especial la japonesa.
El término “mono no aware”, es un concepto o característica básica, especialmente de la literatura, pero totalmente extensible y aplicable al resto de las artes japonesas, un concepto estético que empezó a evolucionar en la era “Heian”, hasta nuestros días y relacionado o traducido como sensibilidad o empatía. Este concepto o idea tan puramente oriental, posiblemente no encaje con la concepción del mundo que tenemos los occidentales.
El “aware” o “mono no aware” hace referencia a esa emoción básica, esa sensibilidad o capacidad de sorprenderse o conmoverse, de sentir cierta melancolía o cierta tristeza ante lo efímero, ante la vida y el amor, que en general tienen los japoneses. Es la capacidad de sentir compasión o piedad, sin influencia alguna de religiones o credos. Es un sentimiento puramente humano que va más allá de lo superficial y se centra en algo más profundo.
El ejemplo más práctico y probablemente más conocido para todos del “mono no aware” es sin duda, la pasión de los japoneses por el “hanami”, especialmente por la apreciación del florecimiento de los cerezos. Las flores de cerezo, o “sakura”, desaparecen en unos días, unas semanas como mucho; son increíblemente efímeras y es justamente eso lo que conmueve a los japoneses, que las observan con sensibilidad pero también con cierta tristeza y melancolía ante lo que simbolizan: el paso del tiempo, representan lo efímero de nuestra existencia humana.
Todos tenemos y cumplimos un ciclo en nuestra vida y en la vida de los demás; todo tiene un ciclo, que en el mundo desde los animales y los árboles, hasta las montañas y los ríos, tienen un principio y un final y que la destrucción de algo, a final de cuentas, es parte de un ciclo inevitable del cual formamos parte. Pero en este ciclo también comprende y trata de disfrutar de aquellas pequeñas cosas que hacen que la vida muchas veces valga más la pena, la belleza de las cosas llega a su fin, pero también podemos conservar un tanto de esa belleza dentro de nosotros.
Tenemos que tratar de captar y ser sensibles a esa belleza, la belleza que se encuentra en todo lo que nos rodea, valorar el tiempo que tenemos en nuestro día a día, esa libertad para disfrutar de cosas tan hermosas como una lluvia de pétalos rosa. Esta marcada y especial sensibilidad caracteriza y aparece de manera notable en el arte del ikebana, albergando en su interior esa particular esencia de la belleza efímera. Un ikebanaka, un ikebana debe ser capaz de atraparnos en el tiempo, en sus motivos y elementos florales debe estar presente el pasado, el presente y el futuro.
Las palabras del maestro Kikayama Keita lo define como: "el sentimiento profundo que nos embarga al contemplar una hermosa mañana de primavera, y también la tristeza que nos sobrecoge, al mirar un atardecer otoñal. Pero, ante todo es un sentimiento de delicada melancolía que puede derivar en una profunda tristeza al sentir hondamente la belleza caduca de todos los seres de la naturaleza.”
Esta idea de una búsqueda ideal de la belleza, de un estado de contemplación donde se unen el pensamiento y el mundo de los sentidos, es característica de la innata sensibilidad japonesa por y para la belleza.
http://ikebanartefloraljapones.blogspot.com.ar/2014/04/mono-no-aware-sensibilidad-por-y-para.html
miércoles, 21 de diciembre de 2016
Para Janis Joplin - Alejandra Pizarnik
Para Janis Joplin
a cantar dulce y a morirse luego
no:
a ladrar.
así como duerme la gitana de Rousseau
así cantás, más las lecciones de terror.
hay que llorar hasta romperse
para crear o decir una pequeña canción,
gritar tanto para cubrir los agujeros de la ausencia
eso hiciste vos, eso yo.
Me pregunto si eso no aumentó el error.
hiciste bien en morir.
por eso te hablo,
por eso me confío a una niña monstruo.
Alejandra Pizarnik
martes, 20 de diciembre de 2016
El llanto fracasado - Jaime Sabines
Roto, casi ciego, rabioso, aniquilado,
hueco como un tambor al que golpea la vida, sin nadie pero solo, respondiendo las mismas palabras para las mismas cosas siempre, muriendo absurdamente, llorando como niña, asqueado. He aquí éste que queda, el que me queda todavía. Háblenle de esperanza. Díganle lo que saben ustedes, lo que ignoran, una palabra de alegría, otra de amor, que sueñe. Todos los animales sobre la tierra duermen. Sólo el hombre no duerme. ¿Han visto ustedes un gesto de ternura en el rostro de un loco dormido? ¿Han visto un perro soñando con gaviotas? ¿Qué han visto? Nadie sino el hombre pudo inventar el suicidio. Las piedras mueren de muerte natural. El agua no muere. Sólo el hombre pudo inventar para el día la noche, el hambre para el pan, las rosas para la poesía. Mortalmente triste sólo he visto a un gato, un día, agonizando. Yo no tengo la culpa de mis manos: es ella. Pero no fue escrito: Te faltará una mujer para cada día de amor. Andarás, te dijeron, de un sitio a otro de la muerte buscándote. La vida no es fácil. Es más fácil llorar, arrepentirse. En Dios descansa el hombre. Pero mi corazón no descansa, no descansa mi muerte, el día y la noche no descansan. Diariamente se levantan los montes, el cielo se ilumina el mar sube hacia el mar los árboles llegan hasta los pájaros. Sólo yo no me alumbro, no me levanto. Háblenle de tragedias a un pescado. A mí no me hagan caso. Yo me río de ustedes que piensan que soy triste como si la soledad o mi zapato me apretaran el alma. La yugular es la vena de la mujer. Allí recibe al hombre. Las mujeres se abren bajo el peso del hombre como el mar bajo un muerto, lo sepultan, lo envuelven, lo incrustan en ovarios interminables, lo hacen hijos e hijos... Ellas quedan de pie, paren de pie, esperando. No me digan ustedes en dónde están mis ojos, pregunten hacia dónde va mi corazón. Les dejaré una cosa el día último, la cosa más inútil y más amada de mí mismo, la que soy yo y se mueve, inmóvil para entonces, rota definitivamente. Pero les dejaré también una palabra, la que no he dicho aquí, inútil, amada. Ahora vuelve el sol a dejarnos. La tarde se cansa, descansa sobre el suelo, envejece. Trenes distantes, voces, hasta campanas suenan. Nada ha pasado. |
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The impossible dream - Frank Sinatra
To dream the impossible dream
To fight the unbeatable foe
To bear with unbearable sorrow
To run where the brave dare not go ...
To right the unrightable wrong
To be better far than you are
To try when your arms are too weary
To reach the unreachable star ...
This is my quest,
to follow that star
No matter how hopeless,
no matter how far ...
To be willing to give
when there's no more to give,
To be willing to die
so that honor and justice may live ...
And I know - if I'll only be true
to this glorious quest -
That my heart
will lie peaceful and calm
when I'm laid to my rest.
And the world will be better for this
That one man,
scorned and covered with scars,
Still strove
with his last ounce of courage
To reach the unreachable star ...
To fight the unbeatable foe
To bear with unbearable sorrow
To run where the brave dare not go ...
To right the unrightable wrong
To be better far than you are
To try when your arms are too weary
To reach the unreachable star ...
This is my quest,
to follow that star
No matter how hopeless,
no matter how far ...
To be willing to give
when there's no more to give,
To be willing to die
so that honor and justice may live ...
And I know - if I'll only be true
to this glorious quest -
That my heart
will lie peaceful and calm
when I'm laid to my rest.
And the world will be better for this
That one man,
scorned and covered with scars,
Still strove
with his last ounce of courage
To reach the unreachable star ...
Soñar el sueño imposible
Luchar contra el enemigo invencible
Soportar con dolor intolerable
Correr donde los valientes nos se atreven ...
Corregir los abusos incorregibles
Ser mucho mejor de lo que eres
Tratar cuando tus brazos están cansados
De alcanzar la estrella inalcanzable ...
Esta es mi búsqueda,
ir detrás de esa estrella
Sin importar la desesperanza,
Sin importar la distancia ...
Estar dispuesto a entregar
cuando no hay más para dar,
Estar dispuesto a morir
para que el honor y la justicia puedan vivir ...
Y sé - si pudiera ser fiel
a esta búsqueda gloriosa -
Que mi corazón
estará calmo y en paz
cuando me pongan a descansar.
Y el mundo será mejor porque
Un hombre,
despreciado y lleno de cicatrices,
Peleó aún
con su última pizca de coraje
Por alcanzar la estrella inalcanzable ...
lunes, 19 de diciembre de 2016
Nomeolvides - Mario Benedeti
Tuve un largo poema, que aunque
se prodigaba en sus malvones,
al poco tiempo se quedo sin rojo.
Tuve otro con jazmines,
fràgiles hogareños e insondables,
pero se descolgaron como copos de nieve.
Y tuve alguno màs,
que era un cerco balsàmico de rosas,
pero se marchitaron sin grandeza.
Por fin tuve un harèn de nomeolvides,
y no puedo olvidarlos,
porque añaden azul a mi memoria.
Mario Benedetti
El mono no aware y el wabi-sabi son dos conceptos esenciales en el mundo artístico japonés
El mono no aware y el wabi-sabi son dos conceptos esenciales para entender no solo la literatura, sino todo el mundo artístico japonés. Son ideas tan puramente orientales que no encajan con la concepción del mundo que tenemos los occidentales. En mi opinión, leer literatura japonesa sin conocer estos conceptos es comprender tan solo una parte de lo que el autor intenta transmitir. A través de estos dos conceptos el autor logra comunicar emociones con su arte, bien sean las palabras, bien sean las líneas de un dibujo. Vamos a verlos detenidamente.
Mono no aware (o tan solo aware):
Podríamos traducirlo literalmente como “la compasión por las cosas”. Es un concepto estético que empezó a evolucionar en la era Heian (de 794 a 1185, con capital en Kioto), cuando en el arte aún no se había empezado a notar la influencia del budismo o el confucianismo. El aware es el sentir humano, despojado de toda creencia religiosa y de todo patrón ético y moral. Es la piedad que sentimos cuando escuchamos o vemos cualquier acontecimiento. Lo que el personaje en cuestión experimenta en su interior cuando ve que un pájaro que ha caído de la rama y yace muerto en la tierra. Es una expresión puramente estética del arte japonés.
Genji Monogatari (源氏物語?), generalmente traducido como Novela de Genji, Romance de Genji o Historia de Genji, es una novela clásica de la literatura japonesa, considerada por muchos como la novela más antigua de la historia escrita alrededor del año 1000 por Murasaki Shikibu.
Es en Genji Monogatari (La historia de Genji), una magna obra sobre la corte de la época (considerada la primera novela del mundo) donde podemos encontrar el concepto de aware en su máximo esplendor. ¿Por qué es una obra tan antigua el representante por excelencia del aware? Porque no había todavía influencia de los patrones de comportamiento que dictan las religiones en la literatura. Me explico: el budismo dota al ser humano de un desarraigo por la vida terrenal; es más espiritual, por lo que carece de aware. Al mismo tiempo, el confucianismo predica un comportamiento intransigente: una jerarquía y un desapego a la vida que se manifiesta en el concepto de vida y muerte que tenían los samuráis de la época. Como el budismo tuvo su edad gloriosa a partir de la era Kamakura (a partir de 1485, como ejemplo, el budismo zen) y el confucianismo tuvo su máximo apogeo con la era Tokugawa (1603-1867), el concepto de mono no aware queda eclipsado por la ética de ambas religiones-filosofías.
Tal y como expone el traductor Carlos Rubio en su libro Claves y textos de la literatura japonesa (pags. 205-208), encontramos en Genji Monogatari un ejemplo muy esclarecedor: el adulterio. Un lector que vea las relaciones adúlteras que tienen lugar en la obra desde el prisma confuciano (o cristiano) censurará estas relaciones por no adecuarse a las pautas morales que establece su credo. Este lector carecerá de mono no aware. En cambio, Genji, el protagonista de la historia, comprenderá las relaciones adúlteras, pues su kokoro (corazón, alma), dotado de mono no aware, es capaz de llegar a comprender a una persona que se ha guiado por el instinto del amor.
Así pues, el mono no aware no entiende de credos: es la sensibilidad humana en sí misma.
Wabi-sabi
Concepto estético que empezó a desarrollarse a partir del budismo zen y que impregna cada valor artístico japonés de esa capa “zen” que muchas veces es tan imposible de explicar para un occidental. Cuando vemos una película japonesa, leemos un libro, admiramos un cuadro, saboreamos sus platos… Todo tiene una extraña sensación que los occidentales solemos definir como “muy zen”. Eso es precisamente el wabi-sabi: hacer de la imperfección, la asimetría y la menudencia el germen de la belleza. Es algo tan diferente de nuestra concepción de lo hermoso que es complicado de entender para nosotros, que nos regimos por la idea de perfección de los griegos.
Para los japoneses, la idea de belleza radica en lo hermosamente imperfecto. Esa piedra tan impura, con diferentes tonalidades de grises y cuya forma dista mucho de ser el círculo perfecto. La sensación de ver la belleza en la imperfección es el wabi-sabi. Es la austeridad hecha felicidad. Sería como un pobre dichoso, una persona que no tiene nada de valor por fuera pero en su interior esconde un valor supremo. ¿No es eso lo que experimentan los budokas cuando practican artes marciales? ¿No se sienten estos superados por la simpleza de los movimientos, por la riqueza, paradójica, de esa sobriedad? Lo mismo pasaría en la conocidísima ceremonia del té japonés: decoración austera, movimientos lentos, silencio…
Este concepto alcanza su esplendor en las artes japonesas más conocidas en occidente: el sadö (camino o ceremonia del té), el ikebana, los haiku, los jardines zen, las ceremonias en las artes marciales, la presentación en la gastronomía japonesa...
Aunque en la literatura contemporánea estos dos valores no están tan marcados, sí que se percibe una fina capa que envuelve a las novelas más actuales.
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