jueves, 22 de octubre de 2026

Dos palabras opuestas. Dos palabras que, sin embargo, tienen exactamente la misma cantidad de letras.

«Tantas letras tiene un no como un sí.»
— Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, Primera Parte, cap. XXII.

Y quizá ahí haya algo interesante: que una palabra tan pequeña pueda cargar con algo tan grande.

En el pasaje, un hombre ha sido torturado hasta confesar su delito y recibe como castigo seis años de galeras y doscientos azotes. El castigo físico puede verse: queda marcado en su cuerpo.

Pero hay otras cargas que no dejan marcas.

¿Qué ocurre con la culpa? ¿Con el arrepentimiento? ¿Con aquello que una persona sigue llevando consigo incluso después de haber cumplido su condena?

Tal vez un sí y un no tengan la misma cantidad de letras, pero detrás de cualquiera de ellos puede existir una carga completamente distinta.

Y quizá esa sea una de las cosas más inquietantes de las palabras: que pueden ser pequeñas al pronunciarlas y enormes al vivir sus consecuencias.

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