“Cada noche cruzaba el mar por ella… hasta que una noche las aguas se lo llevaron.”
HERO Y LEANDRO:
En la antigua Grecia vivían dos jóvenes separados por las aguas.
Hero era una joven sacerdotisa de Afrodita que habitaba en una torre junto al estrecho de los Dardanelos.
Al otro lado del agua vivía Leandro.
Un día se conocieron.
Y bastó aquel encuentro para que comenzara una historia de amor que desafiaría incluso al mar.
Pero había un problema.
Hero vivía en una torre al otro lado del estrecho, y los dos no podían encontrarse libremente.
Entonces Leandro tomó una decisión.
Cada noche, cuando caía la oscuridad, cruzaría el estrecho a nado para encontrarse con ella.
Hero encendía una lámpara en lo alto de la torre para guiarlo.
Aquella pequeña luz se convirtió en el símbolo de su amor.
Cuando todos dormían, Leandro entraba en las aguas oscuras.
Nadaba guiándose por aquella luz distante.
Y después de atravesar el mar, llegaba hasta Hero.
Pasaban juntos unas horas.
Luego, antes del amanecer, Leandro regresaba nadando.
Y así ocurrió noche tras noche.
El peligro no consiguió detenerlo.
Ni la distancia.
Ni las aguas.
Ni el miedo.
Pero una noche llegó una tormenta.
El viento comenzó a golpear el mar y las olas crecieron con violencia.
Hero encendió su lámpara como siempre.
Leandro entró en el agua.
Pero aquella vez el mar era diferente.
Las olas lo golpearon.
La oscuridad cubrió las aguas.
Y mientras intentaba alcanzar la luz de la torre, la tormenta apagó la lámpara de Hero.
Sin aquella pequeña luz que lo guiaba, Leandro quedó perdido en medio del estrecho.
Hero esperó.
Esperó hasta que llegó el amanecer.
Pero Leandro nunca apareció.
Cuando las aguas finalmente devolvieron su cuerpo, Hero comprendió que el hombre que había cruzado el mar tantas veces por ella no regresaría aquella noche.
Desesperada por la pérdida, Hero no quiso continuar viviendo sin él.
Y así terminó una historia en la que dos amantes habían conseguido vencer la distancia...
pero no pudieron vencer al mar.
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