"Entonces llegas tú, con ojos, con miradas, contemplándome hasta quemar mi edad y mi historia. Me regresas, me trasladas al tiempo sin números, me zambulles en el mar de sangre y cielo. Yo duermo y oficio de contemplada. Mis ojos arrojan fuego verde por los párpados cerrados. Sonrío como un pájaro que muere en medio de su canto. Me deshago en tu mirada: en tus ojos hay la seguridad y el orden, hay la creación, hay la poesía seria como una invocación a la lluvia. Habito tus ojos para guarecerme del frío y del peligro conocido. En tus ojos hay aventuras que siempre finalizan con manos entrelazadas. Llega a mí.
Entonces la Gran Sombra encarnó y me abrazó.
-Mi niña –dijo-, ¿hace cuánto que me esperas?
Yo lloré y me dejé abrazar.
-¿No sabes hablar? –dijo.
Yo la miré confundida. ¿Cómo se habla a una sombra?
-Tengo miedo –dije-. Tengo tanto miedo.
La Sombra me abrazó más fuerte como si yo fuese una viajera asfixiada. Yo lloré más: sentía piedad por mí, como si yo no fuera yo."
Para guarecerme del frío
Alejandra Pizarnik
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