martes, 21 de junio de 2016

El solsticio de invierno


El solsticio de invierno se produce durante los días 19 y 25 de junio en el hemisferio Sur y entre el 19 y 25 de diciembre en el hemisferio Norte. Por esta razón fue muy importante en la cultura Inca, Maya y Aymará. 

Todos los años se produce en esta fecha un festejo maravilloso que se llama Inti Raimi, en el Cuzco y en diversas localidades en Perú y Bolivia. 

En Tiwanaku hay una gran cantidad de gente que espera desde la noche anterior al 21 de junio para ver la llegada del sol. 

Hacen música con sus instrumentos, usan ropas multicolores y toman chicha hasta quedar en el piso. El sonido de las quenas, los sicus y los charangos es permanente. 
Cuando aparece el sol, elevan sus manos hacia el sol, cantando y pidiendo por la salud y la cosecha. 


 En el hemisferio Norte, tenemos otras historias: los grandes iniciados como Jesú, Buda, Mahoma, nacen dentro de esos días. Son días simbólicos que no coinciden con la fecha real del nacimiento de todos ellos, pero que coinciden con un ciclo de nacimiento. 
 Muchos estudiosos en este tema coinciden en que el solsticio de invierno es muy importante, ya que dentro de estos días se produce lo que se llama: muerte de la naturaleza. Donde tiene lugar la noche más larga del año. 
Este proceso puede darse durante tres días consecutivos donde el sol parece detenerse, para luego comenzar su ascenso, acortando las noches. Todos los años se repite el ciclo en un eterno retorno. 

Muerte de la naturaleza con el frío del invierno y resurrección al tercer día. Por eso dicen los que saben que, durante estos días es el momento de enterrar todas las cosas que nos molestan de otros y de nosotros mismos, para que todo eso muera y nazcan cosas nuevas. También es tiempo de siembra de buenas acciones y buenos pensamientos. Lo que hayamos hecho y estemos haciendo en este tiempo, florecerá en el equinoccio de primavera y tendrá sus frutos en el verano hasta terminar el ciclo. 
Este resultado será el próximo comienzo para el próximo ciclo natural del eterno retorno, como el ave Fenix.
En la cultura celta, la festividad del solsticio de invierno recibía el nombre de Yule. El Yule designa el momento en que la rueda del año está en su momento más bajo, preparada para subir de nuevo.

En Escandinavia existía la tradición de celebrar el Yule con bailes y fiestas. También se sacrificaba un cerdo en honor de Frey, dios del amor y la fertilidad, que según la creencia controlaba el tiempo y la lluvia.
Durante la festividad de Yule era tradicional quemar el tronco de Yule, un largo tronco de árbol que iba ardiendo lentamente durante toda la temporada de celebraciones, en honor del nacimiento del nuevo sol. De esa tradición proceden los pasteles en forma de tronco (troncos de chocolate) que hoy en día se comen en Navidades.

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