viernes, 20 de octubre de 2017

12 preceptos Zen

"Si entiendes, las cosas son así. Si no entiendes, las cosas son así"


Autor: Proverbio Zen El Zen es una escuela del Budismo Mahāyāna. La palabra Zen es la pronunciación en japonés de la palabra china Chán (), que a su vez deriva de la palabra sánscrita Dhyana, que significa aproximadamente "meditación" o "estado meditativo". El Zen busca la experiencia de la sabiduría más allá del discurso racional.

El Zen emergió desde distintas escuelas de Budismo y fue difundido primero en China, en el siglo VII, para luego propagarse hacia el sur, a Vietnam y hacia al este, a Corea y Japón.

El Zen es, por otra parte, una de las escuelas del budismo más reconocidas y apreciadas en Occidente, como un recurso espiritual  para encontrar un camino que enseñe al hombre moderno a liberarse del seductor engaño de los sueños, la ambición o de los estímulos de la publicidad, como únicos orientadores de su actividad.

El Zen recoge una sencillez de principios, de difícil transmisión a través de las palabras, que trata de rescatar al hombre del sufrimiento de la existencia. La doctrina Zen subraya los siguientes fundamentos de su enseñanzas:
- La recuperación de la simplicidad y de la sencillez.
- La posibilidad de hallarlo todo, paradójicamente, al perderlo todo.
- Un especial entusiasmo en la riqueza del vacío.
- La inexistencia de un principio y un fin. Tan sólo existe el vacío.

En resumen, el Zen trata de ser una reconciliación de la persona con el ser sensible y con el cosmos, a través de un estado de "desprendimiento" y "ausencia" de deseos a la vez espiritual y psicológico. Para el Zen vaciarse significa darse cuenta de que realmente no se tiene nada y que nunca se ha tenido nada. Nada que ganar y nada que perder, nada que dar y nada que recibir; ser exactamente así de pobre y, sin embargo, ser rico en posibilidades inagotables.

12 preceptos Zen

Hay doce puntos fundamentales y básicos para llevar una vida parecida a los monjes Zen sin necesidad de tener que convertirse en uno de ellos:

1. Una cosa cada vez. Es parte de la vida de un monje Zen, una tarea, nada de multitareas. Un proverbio Zen dice "cuando camines, camina. Cuando comas, come"

2. Hazlo pausadamente y con propósito. Aunque hagas una cosa cada vez, pueden realizarse aleatoriamente y con precipitación. Por el contrario, tus acciones deberán ser razonadas y realizadas con pausa, así ganarás en concentración.

3. Hazlo de forma plena. Centra tu mente en la tarea y complétala antes de pasar a la siguiente. Si algo queda inacabado, aparta la tarea completamente no dejando ningún resquicio. Si preparas un bocadillo, no lo comas hasta que hayas recogido y limpiado todo lo que utilizaste para prepararlo.

4. Haz menos. Un monje Zen no tiene una vida perezosa. Se levanta pronto y trabajada durante todo el día, pero no genera una lista de tareas sin acabar. Realice las tareas que realice serán esas y ninguna más. Menos tareas significa poner tu atención en ellas y las realizarás plenamente. Muchas tareas programadas harán que saltemos de una a otra rápidamente sin pensar y sin concentrarnos en ellas.

5. Espacia las tareas. Disponer de tiempo entre tareas te ayudará a concentrarte en ellas y te facilitará completarlas. Una programación relajada ayudará a finalizar tareas que se alarguen disponiendo del tiempo que necesario para finalizarlas.

6. Desarrolla rituales. Los monjes Zen tienes sus propios rituales para las tareas que realizan, desde comer a limpiar o meditar. Eso les ayuda a darles la máxima atención y a que sean realizadas, con pausa, correctamente. No tienes que seguir ningún ritual, crea tus rutinas propias para cada tarea que realices: preparar comida, limpiar, despertarse o acostarse o hasta como prepararse para el ejercicio.

7. Asigna tiempo para ciertas tareas. Hay tareas diarias que requieren un horario específico. Determina el tiempo para el aseo, para trabajar, para limpiar o para comer. Esto asegura que las tareas sean realizadas regularmente. Si para ti una tarea tiene la importancia suficiente para realizarse con regularidad, asígnale el tiempo necesario.

8. Dedica tiempo a sentarte. Una parte fundamental de la vida del monje Zen es la meditación sentado (zazen). Esto requiere designar un tiempo simplemente para sentarse. La meditación es práctica, ayuda a encontrarse, pero no hay por qué realizarla cuando estés sentado. Hacer ejercicio puede ser una buena práctica para centrarse en uno mismo, cualquier actividad te puede ayudar a encontrarte.

9. Sonríe y ayuda a los demás. Los monjes Zen dedican parte de su día al servicio a los demás. Esto enseña humildad y aleja el egoísmo de sus vidas, que se orientan al servicio. Dentro de la familia o fuera, puedes dedicar ese tiempo a los demás. De igual forma, sonreír y ser amable con todo el mundo ayuda a mejorar la vida de los que te rodean. Considera unirte al trabajo voluntario.

10. Haz que limpiar o cocinar sean parte de la meditación. Además de la meditación zazen, limpiar y cocinar son partes importantes del día de un monje Zen. Pueden resultar ensalzantes al realizarlas cada día como practica del auto-conocimiento. Si para ti son aburridas, intenta hacerlas parte de la meditación, concéntrate en ellas, hazlas pausada y plenamente y tu día cambiará... y tu casa estará más limpia.

11. Piensa qué es necesario. Hay muy poco en la vida de un monje Zen que no sea necesario. En su armario no hay prendas exclusivas, ni muchos zapatos, nada de instrumentos tecnológicos, coches o comida basura (su dieta es vegetariana). No es necesario vivir como un monje Zen, pero nos tiene que servir para recordar que hay muchas cosas en la vida que no son necesarias, y es interesante pensar qué necesitamos realmente en nuestra vida y qué cosas son necesarias.

12. Vive de forma sencilla. Es el corolario de la regla 11, si no es necesario, puedes vivir sin ello. Libérate de aquello que no sea necesario o esencial. Para cada uno, esto será diferente, familia, lectura, ejercicio o lo amigos, pueden ser algo esencial en tu vida. Decide qué es lo más importante para ti y hazle hueco en tu vida eliminando lo que no sea esencial.


"El camino perfecto carece de dificultades excepto la de negarse a admitir preferencias, 
solo cuando se ha liberado del odio y del amor se revela plenamente y sin disfraces; 
una diferencia de un décimo de pulgada es lo que separa al cielo de la tierra. 
Si quieres verlo con tus propios ojos, no debes tener pensamientos fijos, ni a favor ni en contra. 
Todo es adecuado y a la vez nada es adecuado" (Poema Zen)

jueves, 19 de octubre de 2017

Luna de enfrente, Jorge Luis Borges

Una despedida

Tarde que socavó nuestro adiós.
Tarde acerada y deleitosa y monstruosa como un ángel oscuro.
Tarde cuando vivieron nuestros labios en la desnuda intimidad de los besos.
El tiempo inevitable se desbordaba
sobre el abrazo inútil.
Prodigábamos pasión juntamente, no para nosotros sino para la soledad ya inmediata.
Nos rechazó la luz; la noche había llegado con urgencia.
Fuimos hasta la verja en esa gravedad de la sombra que ya el lucero alivia.
Como quien vuelve de un perdido prado yo volví de tu abrazo.
Como quien vuelve de un país de espadas yo volví de tus lágrimas.
Tarde que dura vívida como un sueño
entre las otras tardes.
Después yo fui alcanzando y rebasando
noches y singladuras.

Luna de enfrente (1925)  

Love, Peace, Happiness - The Isley Brothers & Santana (2017)

miércoles, 18 de octubre de 2017

Juan Carlos Baglietto - Mirta, de regreso


Esenciales: "De regreso Mirta"

Juan Carlos Baglietto encabezó el Rosariazo, allá por comienzos de los ‘80s, junto a Rubén Goldín, Jorge Fandermole, Silvina Garré y Fito Páez. De su primer disco, compuesta por Adrián Abonizio, llega "Mirta, de regreso".
Rosario, años 1976 a 1981
Adrián Abonizio, el autor de esta canción, formó parte de la Trova Rosarina encabezada por Juan Carlos Baglietto, que desembarcó en Buenos Aires a fines del 81, con un puñado de canciones que se metieron en la historia del rock nacional. Antes de eso, Adrián ya componía sus primeras canciones, con una gran influencia del tango y el folklore, y las mostraba en reductos como el Café de la Flor, donde se reunía con otros músicos como el propio Baglietto, Rubén Goldín, Silvina Garré, Lalo de los Santos y Fito Páez.
La canción habla de un hombre que cae preso por robar y vuelve a su casa después de “3 años a la sombra” encontrando a su mujer con otro hombre. Adrián la escribió en Rosario a los 20 años. Recuerda: “yo era un tipo con mucha bronca, vivía enojado con el mundo y lo único que me quedaba era escribir canciones”.
“Mirta…” fue la primera canción interpretada por Baglietto que caló hondo en el público. Antes de que salga el disco, en el Festival de La Falda realizado en febrero del 82, la gente ya sabía de memoria la letra de la canción. Y tenía elementos que resultaban muy oportunos para la época como la frase “me recibió el frío de un nuevo gobierno” en momentos en que se pedía a gritos la salida de los militares del gobierno.
Por el momento político que se vivía, algunos le encontraron otros significados. Decía Baglietto: “como estaba todo tan convulsionado y todo pretendía decir otra cosa, algunos pensaban que la canción hablaba de un preso político, cuando en realidad era la historia de un chorro que vuelve a su casa y se encuentra con otra realidad porque la mujer no lo esperó y cambió todo”.
En abril de 1982 sale a la venta “Tiempos Difíciles”, primer disco de Baglietto, y en un mes vende 30.000 copias, cifra que era impensada en ese momento. La primera canción y sin dudas la que más representaba el disco, es precisamente “Mirta, de regreso”, sin dudas un himno de la época.
Ficha técnica:
Autor: Adrián Abonizio
Intérprete: Juan Carlos Baglietto
Álbum: Tiempos Difíciles (1982)
Formación: Silvina Garré (coros), Rubén Goldín (guitarra), Sergio Sainz (bajo), Fito Páez (teclados) y Zappo Aguilera (batería)
Duración: 4 min. 35 seg.
Fecha de edición: Abril de 1982
Editado por EMI Odeón

Mirta, de regreso

De regreso, Mirta, ya sabes: tres años a la sombra.
No quiero saber si me fuiste fiel, 
yo sé que una mujer valiente se inclina igual
por el lado de la sed. 

Servime algo, Mirta, parece mentira verte como antes, 
pero para el que vuelve del infierno
ya no hay más fantasías, sólo existe un tiempo blando. 
Mirta, contame cómo andás. 

No es necesario que estés alegre ni que prendas la luz. 
Entré despacio sin que me viera nadie. 
La noche se abre como un abrigo, Mirta, 
y es un sábado más, como dice el tango. 
Mirta, contame cómo andás. 

Hacé de cuenta que estuve navegando
es casi lo mismo, sólo cambia el paisaje: 
abajo el mar que nunca se ve, arriba el cielo - el cielo raso-
y tu foto en la pared. 

La moda ha cambiado un poco, Mirta, 
ya no hay ni un pelo largo, todos parecen soldados. 
Me siento parado en un cementerio, Mirta, 
me recibió el frío y un nuevo gobierno. 
Mirta, no recuerdo ni tu cuerpo. 

Y ahora me voy, Mirta, para vos soy un extraño conocido, 
si no estoy llorando, ¿no ves cómo me la aguanto? 
Debajo de la cama, asoman sus zapatos, 
Mirta, gracias por todo. 

Salgo a la verja, parece que ha llovido, 
en la estación retumba el Estrella del Norte. 
"Vení a verme cuando salgas", me dijo el Turco, 
comés todos los días y no hay problemas de laburo. 
Sólo algunas noches, sólo algunas noches, salís a trabajar. 
http://rock.com.ar/notas/esenciales-de-regreso-mirta

Lejana - Julio Cortázar

Lejana

[Cuento - Texto completo.]
Julio Cortázar
Diario de Alina Reyes
12 de enero
Anoche fue otra vez, yo tan cansada de pulseras y farándulas, de pink champagne y la cara de Renato Viñes, oh esa cara de foca balbuceante, de retrato de Dorian Gray a lo último. Me acosté con gusto a bombón de menta, al Boogie del Banco Rojo, a mamá bostezada y cenicienta (como queda ella a la vuelta de las fiestas, cenicienta y durmiéndose, pescado enormísimo y tan no ella.)
Nora que dice dormirse con luz, con bulla, entre las urgidas crónicas de su hermana a medio desvestir. Qué felices son, yo apago las luces y las manos, me desnudo a gritos de lo diurno y moviente, quiero dormir y soy una horrible campana resonando, una ola, la cadena que Rex arrastra toda la noche contra los ligustros. Now I lay me down to sleep… Tengo que repetir versos, o el sistema de buscar palabras con a, después con ae, con las cinco vocales, con cuatro. Con dos y una consonante (ala, ola), con tres consonantes y una vocal (tras, gris) y otra vez versos, la luna bajó a la fragua con su polisón de nardos, el niño la mira mira, el niño la está mirando. Con tres y tres aslternadas, cábala, laguna, animal; Ulises, ráfaga, reposo.
Así paso horas: de cuatro, de tres y dos, y más tarde palindromas. Los fáciles, salta Lenin el Atlas; amigo, no gima; los más difíciles y hermosos, átate, demoniaco Caín o me delata; Anás usó tu auto Susana. O los preciosos anagramas: Salvador Dalí, Avida Dollars; Alina Reyes, es la reina y… Tan hermoso, éste, porque abre un camino, porque no concluye. Porque la reina y…
No, horrible. Horrible porque abre camino a esta que no es la reina, y que otra vez odio de noche. A esa que es Alina Reyes pero no la reina del anagrama; que será cualquier cosa, mendiga en Budapest, pupila de mala casa en Jujuy o sirvienta en Quetzaltenango, cualquier lado lejos y no reina. Pero sí Alina Reyes y por eso anoche fue otra vez, sentirla y el odio.
20 de enero
A veces sé que tiene frío, que sufre, que le pegan. Puedo solamente odiarla tanto, aborrecer las manos que la tiran al suelo y también a ella, a ella todavía más porque le pegan, porque soy yo y le pegan. Ah, no me desespera tanto cuando estoy durmiendo o corto un vestido o son las horas de recibo de mamá y yo sirvo el té a la señora de Regules o al chico de los Rivas. Entonces me importa menos, es un poco cosa personal, yo conmigo; la siento más dueña de su infortunio, lejos y sola pero dueña. Que sufra, que se hiele; yo aguanto desde aquí, y creo que entonces la ayudo un poco. Como hacer vendas para un soldado que todavía no ha sido herido y sentir eso de grato, que se le está aliviando desde antes, previsoramente.
Que sufra. Le doy un beso a la señora de Regules, el té al chico de los Rivas, y me reservo para resistir por dentro. Me digo: «Ahora estoy cruzando un puente helado, ahora la nieve me entra por los zapatos rotos». No es que sienta nada. Sé solamente que es así, que en algún lado cruzo un puente en el instante mismo (pero no sé si es el instante mismo) en que el chico de los Rivas me acepta el té y pone su mejor cara de tarado. Y aguanto bien porque estoy sola entre esas gentes sin sentido, y no me desespera tanto. Nora se quedó anoche como tonta, dijo: «¿Pero qué te pasa?». Le pasaba a aquella, a mí tan lejos. Algo horrible debió pasarle, le pegaban o se sentía enferma y justamente cuando Nora iba a cantar a Fauré y yo en el piano, mirándolo tan feliz a Luis María acodado en la cola que le hacía como un marco, él mirándome contento con cara de perrito, esperando oír los arpegios, los dos tan cerca y tan queriéndonos. Así es peor, cuando conozco algo nuevo sobre ella y justo estoy bailando con Luis María, besándolo o solamente cerca de Luis María. Porque a mí, a la lejana, no la quieren. Es la parte que no quieren y cómo no me va a desgarrar por dentro sentir que me pegano la nieve me entra por los zapatos cuando Luis María baila conmigo y su mano en la cintura me va subiendo como un calor a mediodía, un sabor a naranjas fuertes o tacuaras chicoteadas, y a ella le pegan y es imposible resistir y entonces tengo que decirle a Luis María que no estoy bien, que es la humedad, humedad entre esa nieve que no siento, que no siento y me está entrando por los zapatos.
25 de enero
Claro, vino Nora a verme y fue la escena. «M’hijita, la última vez que te pido que me acompañes al piano. Hicimos un papelón». Qué sabía yo de papelones, la acompañé como pude, me acuerdo que la oía con sordina. Votre âme est un paysage choisi… pero me veía las manos entre las teclas y parecía que tocaban bien, que acompañaban honestamente a Nora. Luis María también me miró las manos, el pobrecito, yo creo que era porque no se animaba a mirarme la cara. Debo ponerme tan rara.
Pobre Norita, que la acompañe otra. (Esto parece cada vez más un castigo, ahora sólo me conozco allá cuando voy a ser feliz, cuando soy feliz, cuando Nora canta Fauré me conozco allá y no queda más que el odio).
Noche
A veces es ternura, una súbita y necesaria ternura hacia la que no es reina y anda por ahí. Me gustaría mandarle un telegrama, encomiendas, saber que sus hijos están bien o que no tiene hijos -porque yo creo que allá no tengo hijos- y necesita confortación, lástima, caramelos. Anoche me dormí confabulando mensajes, puntos de reunión. Estaré jueves stop espérame puente. ¿Qué puente? Idea que vuelve como vuelve Budapest donde habrá tanto puente y nieve que rezuma. Entonces me enderecé rígida en la cama y casi aúllo, casi corro a despertar a mamá, a morderla para que se despertara. Nada más que por pensar. Todavía no es fácil decirlo. Nada más que por pensar que yo podría irme ahora mismo a Budapest, si realmente se me antojara. O a Jujuy, a Quetzaltenango. (Volví a buscar estos nombres páginas atrás). No valen, igual sería decir Tres Arroyos, Kobe, Florida al cuatrocientos. Sólo queda Budapest porqueallí es el frío, allí me pegan y me ultrajan. Allí (lo he soñado, no es más que un sueño, pero cómo adhiere y se insinúa hacia la vigilia) hay alguien que se llama Rod -o Erod, o Rodo- y él me pega y yo lo amo, no sé si lo amo pero me dejo pegar, eso vuelve de día en día, entonces es seguro que lo amo.
Más tarde
Mentira. Soñé a Rod o lo hice con una imagen cualquiera de sueño, ya usada y a tiro. No hay Rod, a mí me han de castigar allá, pero quién sabe si es un hombre, una madre furiosa, una soledad.
Ir a buscarme. Decirle a Luis María: «Casémonos y me llevas a Budapest, a un puente donde hay nieve y alguien». Yo digo: ¿y si estoy? (Porque todo lo pienso con la secreta ventaja de no querer creerlo a fondo. ¿Y si estoy?). Bueno, si estoy… Pero solamente loca, solamente… ¡Qué luna de miel!
28 de enero
Pensé una cosa curiosa. Hace tres días que no me viene nada de la lejana. Tal vez ahora no le pegan, o no pudo conseguir abrigo. Mandarle un telegrama, unas medias… Pensé una cosa curiosa. Llegaba a la terrible ciudad y era de tarde, tarde verdosa y ácuea como no son nunca las tardes si no se las ayuda pensándolas. Por el lado de la Dobrina Stana, en la perspectiva Skorda, caballos erizados de estalagmitas y polizontes rígidos, hogazas humeantes y flecos de viento ensoberbeciendo las ventanas Andar por la Dobrina con paso de turista, el mapa en el bolsillo de mi sastre azul (con ese frío y dejarme el abrigo en el Burglos), hasta una plaza contra el río, casi en encima del río tronante de hielos rotos y barcazas y algún martín pescador que allá se llamará sbunáia tjéno o algo peor.
Después de la plaza supuse que venía el puente. Lo pensé y no quise seguir. Era la tarde del concierto de Elsa Piaggio de Tarelli en el Odeón, me vestí sin ganas sospechando que después me esperaría el insomnio. Este pensar de noche, tan noche… Quién sabe si no me perdería. Una inventa nombres al viajar pensando, los recuerda en el momento: Dobrina Stana, sbunáia tjéno, Burglos. Pero no sé el nombre de la plaza, es como si de veras hubiera llegado a una plaza de Budapest y estuviera perdida por no saber su nombre; ahí donde un nombre es una plaza.
Ya voy, mamá. Llegaremos bien a tu Bach y a tu Brahms. Es un camino tan simple. Sin plaza, sin Burglos. Aquí nosotras, allá Elsa Piaggio. Qué triste haberme interrumpido, saber que estoy en una plaza (pero esto ya no es cierto, solamente lo pienso y eso es menos que nada). Y que al final de la plaza empieza el puente.
Noche
Empieza, sigue. Entre el final del concierto y el primer bis hallé su nombre y el camino. La plaza Vladas, el puente de los mercados. Por la plaza Vladas seguí hasta el nacimiento del puente, un poco andando y queriendo a veces quedarme en casas o vitrinas, en chicos abrigadísimos y fuentes con altos héroes de emblanquecidas pelerinas, Tadeo Alanko y Vladislas Néroy, bebedores de tokay y cimbalistas. Yo veía saludar a Elsa Piaggio entre un Chopin y otro Chopin, pobrecita, y de mi platea se salía abiertamente a la plaza, con la entrada del puente entre vastísimas columnas. Pero esto yo lo pensaba, ojo, lo mismo que anagramar es la reina y… en vez de Alina Reyes, o imaginarme a mamá en casa de los Suárez y no a mi lado. Es bueno no caer en la sonsera: eso es cosa mía, nada más que dárseme la gana, la real gana. Real porque Alina, vamos-No lo otro, no el sentirla tener frío o que la maltratan. Esto se me antoja y lo sigo por gusto, por saber adónde va, para enterarme si Luis María me lleva a Budapest, si nos casamos y le pido que me lleve a Budapest. Más fácil salir a buscar ese puente, salir en busca mía y encontrarme como ahora porque ya he andado la mitad del puente entre gritos y aplausos, entre «¡Álbeniz!» y más aplausos y «¡La polonesa!», como si esto tuviera sentido entre la nieve arriscada que me empuja con el viento por la espalda, manos de toalla de esponja llevándome por la cintura hacia el medio del puente.
(Es más cómodo hablar en presente. Esto era a las ocho, cuando Elsa Piaggio tocaba el tercer bis, creo que Julián Aguirre o Carlos Guastavino, algo con pasto y pajaritos). Pero me he vuelto canalla con el tiempo, ya no le tengo respeto. Me acuerdo que un día pensé: «Allá me pegan, allá la nieve me entra por los zapatos y esto lo sé en el momento, cuando me está ocurriendo allá yo lo sé al mismo tiempo. ¿Pero por qué al mismo tiempo? A lo mejor me llega tarde, a lo mejor no ha ocurrido todavía. A lo mejor le pegarán dentro de catorce años, o ya es una cruz y una cifra en el cementerio de Santa Úrsula. Y me parecía bonito, posible, tan idiota. Porque detrás de eso una siempre cae en el tiempo parejo. Si ahora ella estuviera realmente entrando en el puente, sé que lo sentiría ya mismo y desde aquí. Me acuerdo que me paré a mirar el río que estaba sonando y chicoteando. (Esto yo lo pensaba). Valía asomarse al parapeto del puente y sentir en las orejas la rotura del hielo ahí abajo. Valía quedarse un poco por la vista, un poco por el miedo que me venía de adentro -o era el desabrigo, la nevisca deshecha y mi tapado en el hotel-. Y después que yo soy modesta, soy una chica sin humos, pero vengan a decirme de otra que le haya pasado lo mismo, que viaje a Hungría en pleno Odeón. Eso le da frío a cualquiera, che, aquí o en Francia.
Pero mamá me tironeaba la manga, ya casi no había gente en la platea. Escribo hasta ahí, sin ganas de seguir acordándome de lo que pensé. Me va a hacer mal si sigo acordándome. Pero es cierto, cierto; pensé una cosa curiosa.
30 de enero
Pobre Luis María, qué idiota casarse conmigo. No sabe lo que se echa encima. O debajo, como dice Nora que posa de emancipada intelectual.
31 de enero
Iremos allá. Estuvo tan de acuerdo que casi grito. Sentí miedo, me pareció que él entra demasiado fácilmente en este juego. Y no sabe nada, es como el peoncito de dama que remata la partida sin sospecharlo. Peoncito Luis María, al lado de su reina. De la reina y –
7 de febrero
A curarse. No escribiré el final de lo que había pensado en el concierto. Anoche la sentí sufrir otra vez. Sé que allá me estarán pegando de nuevo. No puedo evitar saberlo, pero basta de crónica. Si me hubiese limitado a dejar constancia de eso por gusto, por desahogo… Era peor, un deseo de conocer al ir releyendo; de encontar claves en cada palabra tirada al papel después de tantas noches. Como cuando pensé la plaza, el río roto y los ruidos, y después… Pero no lo escribo, no lo escribiré ya nunca.
Ir allá a convencerme de que la soltería me dañaba, nada más que eso, tener veintisiete años y sin hombre. Ahora estará bien mi cachorro, mi bobo, basta de pensar, a ser al fin y para bien.
Y sin embargo, ya que cerraré este diario, porque una o se casa o escribe un diario, las dos cosas no marchan juntas -Ya ahora no me gusta salirme de él sin decir esto con alegría de esperanza, con esperanza de alegría. Vamos allá pero no ha de ser como lo pensé la noche del concierto. (Lo escribo, y basta de diario para bien mío.) En el puente la hallaré y nos miraremos. La noche del concierto yo sentía en las orejas la rotura del hielo ahí abajo. Y será la victoria de la reina sobre esa adherencia maligna, esa usurpación indebida y sorda. Se doblegará si realmente soy yo, se sumará a mi zona iluminada, más bella y cierta; con sólo ir a su lado y apoyarle una mano en el hombro.
*
Alina Reyes de Aráoz y su esposo llegaron a Budapest el 6 de abril y se alojaron en el Ritz. Eso era dos meses antes de su divorcio. En la tarde del segundo día Alina salió a conocer la ciudad y el deshielo. Como le gustaba caminar sola -era rápida y curiosa- anduvo por veinte lados buscando vagamente algo, pero sin proponérselo demasiado, dejando que el deseo escogiera y se expresara con bruscos arranques que la llevaban de una vidriera a otra, cambiando aceras y escaparates.
Llegó al puente y lo cruzó hasta el centro andando ahora con trabajo porque la nieve se oponía y del Danubio crece un viento de abajo, difícil, que engancha y hostiga. Sentía cómo la pollera se le pegaba a los muslos (no estaba bien abrigada) y de pronto un deseo de dar vuelta, de volverse a la ciudad conocida. En el centro del puente desolado la harapienta mujer de pelo negro y lacio esperaba con algo fijo y ávido en la cara sinuosa, en el pliegue de las manos un poco cerradas pero ya tendiéndose. Alina estuvo junto a ella repitiendo, ahora lo sabía, gestos y distancias como después de un ensayo general. Sin temor, liberándose al fin -lo creía con un salto terrible de júbilo y frío- estuvo junto a ella y alargó también las manos, negándose a pensar, y la mujer del puente se apretó contra su pecho y las dos se abrazaron rígidas y calladas en el puente, con el río trizado golpeando en los pilares.
A Alina le dolió el cierre de la cartera que la fuerza del abrazo le clavaba entre los senos con una laceración dulce, sostenible. Ceñía a la mujer delgadísima, sintiéndola entera y absoluta dentro de su abrazo, con un crecer de felicidad igual a un himno, a un soltarse de palomas, al río cantando. Cerró los ojos en la fusión total, rehuyendo las sensaciones de fuera, la luz crepuscular; repentinamente tan cansada, pero segura de su victoria, sin celebrarlo por tan suyo y por fin.
Le pareció que dulcemente una de las dos lloraba. Debía ser ella porque sintió mojadas las mejillas, y el pómulo mismo doliéndole como si tuviera allí un golpe. También el cuello, y de pronto los hombros, agobiados por fatigas incontables. Al abrir los ojos (tal vez gritaba ya) vio que se habían separado. Ahora sí gritó. De frío, porque la nieve le estaba entrando por los zapatos rotos, porque yéndose camino de la plaza iba Alina Reyes lindísima en su sastre gris, el pelo un poco suelto contra el viento, sin dar vuelta la cara y yéndose.

martes, 17 de octubre de 2017

Idea Vilariño, Tal vez no era pensar

Tal vez no era pensar, la fórmula, el secreto,
sino darse y tomar perdida, ingenuamente,
tal vez pude elegir, o necesariamente,
tenía que pedir sentido a toda cosa.

Tal vez no fue vivir este estar silenciosa
y despiadadamente al borde de la angustia
y este terco sentir debajo de su música
un silencio de muerte, de abismo a cada cosa.

Tal vez debí quedarme en los amores quietos
que podrían llenar mi vida con un nombre
en vez de buscar al evadido del hombre,
despojado, sin alma, ser puro, esqueleto.

Tal vez no era pensar, la fórmula, el secreto.
sino amarse y amar, perdida, ingenuamente.

Tal vez pude subir como una flor ardiente
o tener un profundo destino de semilla
en vez de esta terrible lucidez amarilla
y de este estar de estatua con los ojos vacíos.

Tal vez pude doblar este destino mío
en música inefable. O necesariamente...

Mind of Brando

"Cómo olvidarte, si tú me hiciste de besos, y ya estoy hecho de ti."

Neil Young - My my, hey hey (Out of the blue)

lunes, 16 de octubre de 2017

Te quiero, Julia de Burgos

"Te quiero 
en el dolor sin llanto que tanta noche ha recogido el sueño..." 
Foto/Arte: Lara Zankoul

Te quiero… 
y me mueves el tiempo de mi vida sin horas. 

Te quiero 
en los arroyos pálidos que viajan en la noche, 
y no termina nunca de conducir estrellas a la mar. 

Te quiero 
en aquella mañana desprendida del vuelo de los siglos 
que huyó su nave blanca hasta el agua sin ondas 
donde nadaban tristes, tu voz y mi canción. 

Te quiero 
en el dolor sin llanto que tanta noche ha recogido el sueño 
en el cielo invertido en mis pupilas para mirarte cósmica, 
en la voz socavada de mi ruido de siglos derrumbándose. 

Te quiero 
(grito de noche blanca…) 
en el insomnio reflexivo 
de donde ha vuelto en pájaros mi espíritu. 

Te quiero… 
Mi amor se escapa leve de expresiones y rutas, 
y va rompiendo sombras y alcanzando tu imagen 
desde el punto inocente donde soy yerba y trino.

New Street Adventure - 'What's So Good About Happiness?'

domingo, 15 de octubre de 2017

Miro hacia atrá buscándote en forma desesperada,
como se busca el aire, como se busca el agua.
Miro y no te alcanzo, mi alma ansía sentirte, etéreo
mi cuerpo desea verte, oirte, saberte entero, lleno de vida.
Mi alma no se conforma con imaginar que en algún lugar estás
porque solo estás en mi, en ningún otro lugar,
de ningún otro modo.

Juan Carlos Baglietto - La Vida Es Una Moneda



La vida es una moneda

La vida es una moneda
quien la rebusca la tiene
ojo que hablo de monedas
y no de gruesos billetes. 

Mi vida es una hoja en blanco
un piano desafinado
diez dedos largos y flacos
y un manojo de palabras. 

Sólo se trata de vivir
esa es la historia
con la sonrisa en el ojal
con la idiotez y la cordura de
todos los días, 
a lo mejor resulta bien. 

La gente sueña que sueña
la calle sigue que sigue
el taxi gira que gira
el cielo y la ancha avenida. 

Los días cantan la historia
del hombre al borde del hombre
los días cantan mañanas
los días no tienen miedo. 

Sólo se trata de vivir
esa es la historia
con un amor, sin un amor, 
con la inocencia y la ternura
que florece a veces. 
A lo mejor resulta bien. 

Si nos inunda el asfalto
de sensaciones profundas
gocemos bien nuestro aahogo
que es nuestra imagen fecunda.

Julio Cortazar

"Fuimos todo eso juntos; sólo quedan nuestros ojos a solas en el polvo del tiempo.”

sábado, 14 de octubre de 2017

Cadaver Exquisito - Fito Páez en el Estudio






Prácticas surrealistas: el origen del Cadáver Exquisito


Si existe una técnica surrealista que despierte especial interés por su innovación y extravagancia, es la conocida como cadáver exquisito. En la búsqueda de obras que estuvieran concebidas a partir del mayor automatismo posible, donde la razón no delimitara ninguna de sus formas, el grupo surrealista ideó un sistema que permitía la participación conjunta de los artistas. El procedimiento lo iniciaba un componente del grupo, quien realizaba una pequeña obra -ya fuera plástica o literaria- sobre un fragmento de papel. A continuación, doblaba dicho segmento con el fin de ocultarlo al siguiente participante, quien debía continuar la creación de manera completamente ajena al trabajo de su predecesor. Esto se repetía sucesivamente hasta obtener como resultado, una vez finalizada y desplegada, una obra compuesta por elementos inconexos que daba pie a todo tipo de teorías y percepciones imaginativas. Esta nueva imagen resumía el axioma de la mínima intervención de la voluntad consciente del autor, estudiada por André Breton en Los campos magnéticos de 1920 y finalmente establecida en su Manifiesto surrealista de 1924. Por su parte, la invención de término “cadáver exquisito” (“cadavre exquis” en francés), obedece a los resultados obtenidos del primer ejercicio literario realizado: “Le cadavre / exquis / boira / le vin / nouveau” (El cadáver exquisito beberá el vino joven).
Cadavre exquis. Man Ray, Yves Tanguy, Joan Miró y Max Morise. 1928



Pero, ¿cuál es el origen de esta novedosa práctica? Al parecer la idea está relacionada con la obra de 1869, titulada Los cantos de Maldoror, del poeta francés Isidore Lucien Ducasse, autodenominado Conde de Lautréamont. En ella, el autor enuncia su concepción de la belleza, la cual define como “el encuentro fortuito en una mesa de disección de una máquina de coser y un paraguas”. El carácter absolutamente surrealista de esta máxima hizo que el grupo parisino -encabezado por Max Ernst, Joan Miró y Jacques Prévert- acogiera a Lautréamont como figura de culto de la vanguardia y elevara su obra a referente teórico del movimiento. El collage verbal que propone el poeta será traducido por los surrealistas a muchas otras disciplinas artísticas.
André Masson. Lunatiques. 1943

Así, la presencia incongruente y arbitraria de elementos dentro de la obra será un rasgo común empleado en los dos caminos propios del surrealismo: el automatismo y el onirismo. El primero de ellos, liderado por el pintor André Masson, defendía la inconsciencia e intervención del azar como componentes esenciales del instante creativo. De ahí que obtuvieran obras de impronta más que impresionista, gestuales y automáticas, cuyo valor residía en el resultado final fruto de un ejercicio mental fuera de toda norma. El onirismo, por el contrario, amparaba la idea académica del estudio compositivo, abogando por una pintura más cuidada donde el ingrediente surrealista lo aportaba la asociación dispar de elementos, metodología semejante a la teoría del psicoanálisis. Esta vertiente producía obras de gran virtuosismo técnico, rozando en ocasiones el hiperrealismo. Representantes de esta tendencia son René Magritte, Salvador Dalí y el fotógrafo Man Ray, quienes, a pesar de abandonar el grupo surrealista de André Breton en los años 30, mantuvieron fidelidad al aforismo iniciado por el Conde de Lautrémont, así como al esparcimiento mental que ofrecía el juego irracional del cadáver exquisito.
René Magritte. L’Heureux donateur. 1966

http://queaprendemoshoy.com/practicas-surrealistas-el-origen-del-cadaver-exquisito/

Idea Vilariño, Vive

Vive


Aquel amor
aquel
que tomé con la punta de los dedos
que dejé que olvidé
aquel amor
ahora
en unas líneas que
se caen de un cajón
está ahí
sigue estando
sigue diciéndome
está doliendo
está
todavía
sangrando.