martes, 3 de diciembre de 2024
«Ojos de perro azul» es un relato de Gabriel García Márquez que explora el mundo onírico de dos personas, un hombre y una mujer, que se encuentran repetidamente en sus sueños. La historia se centra en sus conversaciones y la conexión especial que comparten, simbolizada por la frase «Ojos de perro azul». Mientras que ella evoca estos encuentros al despertar y busca desesperadamente al hombre en el mundo real, él es incapaz de rememorar nada al día siguiente. El cuento juega con los conceptos de realidad y fantasía, memoria y olvido, cercanía y distancia. García Márquez teje una narrativa surrealista y poética que reflexiona sobre la naturaleza efímera de los sueños y el anhelo de conexión humana.
Lee el cuento completo: https://lecturia.org/cuentos-y-relatos/gabriel-garcia-marquez-ojos-de-perro-azul/5821/
lunes, 2 de diciembre de 2024
Cuando estamos alineadas con nosotras mismas y con nuestro proceso, estamos realmente alineadas con el proceso del universo. Cuando estamos alineadas con nosotras mismas, nuestras vidas parecen transcurrir sin esfuerzo. Cuando tenemos el valor de confiar en nuestra intuición, la vida comienza a vivirse a sí misma.
Mi intuición me conecta con la voz que necesito escuchar.
Anne Wilson Schaef
Ilustración Anna & Elena Balbusso
“Las neurociencias nos permiten afirmar los efectos beneficiosos del arte. Y sobre el hábito de la lectura de ficción sostiene el poder de ayudar a dormir mejor, aliviar tensiones, mejorar la empatía, ampliar el horizonte de la mirada. Quienes leen literatura tienen mayor capacidad de autoestima, combaten la depresión, refuerzan el sistema inmunológico y consiguen regular los niveles de estrés postraumático. Leer funciona como estímulo para afrontar los problemas emocionales y redibujar el mapa de nuestra expectativa sobre la realidad.
Las zonas del cerebro que se activan con la meditación, la gratitud y la exposición de lo estético confieren hoy la base teórica de lo que siempre supimos los amantes del arte: si realizamos un cambio en la red neuronal, si salimos de la huella, los circuitos cerebrales desarrollan una codificación nueva para un estado anímico viejo. El nuevo rail funciona como bálsamo al dolor, como píldora cargada de entusiasmo. En las lecturas literarias, el efecto actúa como un tónico reconstituyente, un analgésico de impulso creativo, un horizonte insospechado que permite ir hacia nuevas formas de encarar el presente.
Las investigaciones actuales valoran “los aspectos positivos protectores de la lectura, como paliar la soledad, evitar pensamientos negativos y gestionar mejor las emociones”. La ciencia confirma un hacer-leer que ya se conocía, que es milenario y que nació con el sujeto mismo: la diferencia es que ahora hay datos de laboratorio, un complejo sistema de escáner cerebral y electrodos de máxima precisión. Hoy, mediante pruebas de neuroimágenes y técnicas de rastreo cerebral, se discriminan las áreas que se activan cuando leemos (y cómo se encienden según el modo de reaccionar), se observa cómo se “iluminan “las áreas que corresponden a la solidaridad, los sentidos (olfato y vista sobre todo), la empatía, la compasión dependiendo del eco personal que las palabras y la historia que leemos ser asocian a nuestro resentir”.
Diana Paris
Ilustración Nerina Canzi
Diez nombres dieron los sabios antiguos,
diez formas del amor en su camino.
Cada uno, un mundo, un sentir profundo,
dibujando el alma en su destino.
Eros, fuego ardiente, deseo carnal,
llama que consume sin preguntar,
corazón que late en loca pasión,
un amor fugaz como el huracán.
Philia, el amor de amigo sincero,
compañero fiel, sin otro anhelo.
Es la unión que no pide ni espera,
el lazo firme que el tiempo venera.
Storge, dulce amor familiar,
de padres, hijos, hermanos por igual.
Cálido abrigo en noches de frío,
el amor seguro que siempre va contigo.
Agape, amor sin condición,
un dar sin esperar, entrega y perdón.
Es amar al mundo y a cada ser,
con altruismo puro, sin retroceder.
Ludus, amor juguetón y ligero,
el coqueteo, la risa, el juego.
En la juventud danza y persiste,
un amor libre que nunca se resiste.
Pragma, amor de larga vida,
la pareja que con el tiempo camina.
Paciencia y compromiso en la unión,
es la perseverancia del corazón.
Philautia, el amor a uno mismo,
cuidar del ser, abrazar el abismo.
En equilibrio entre el ego y el amor,
hallar paz interna es su mayor don.
Manía, amor desbordado y obsesivo,
como un río sin cauce, destructivo.
Es la pasión que pierde la razón,
donde el amor se vuelve prisión.
Xenia, hospitalidad amorosa,
el extranjero encuentra casa hermosa.
Amor al prójimo sin distinción,
ofrecer refugio es su misión.
Anteros, amor correspondido,
el anhelo mutuo, el lazo tejido.
Es la respuesta al amar sincero,
donde dos almas se buscan y se encuentran entero.
Diez tipos de amor, diez formas de ser,
cada una un verso en nuestro amanecer.
En cada etapa, en cada rincón,
un amor espera, buscando su canción.
Elideth Abreu
Ilustración Ashui
Una parte de cada vida,
y aun de cada vida insignificante,
transcurre en buscar las razones de ser,
los puntos de partida,
las fuentes.
Mi impotencia para descubrirlos
me llevó a veces a las explicaciones mágicas,
a buscar en los delirios de lo oculto
lo que el sentido común no alcanzaba a darme.
Cuando los cálculos complicados resultan falsos,
cuando los mismos filósofos no tienen ya nada que decirnos,
es excusable volverse hacia el parloteo fortuito de las aves,
o hacia el lejano contrapeso de los astros.
Marguerite Yourcenar
Ilustración Jess Miller
domingo, 1 de diciembre de 2024
El último poema de Alfonsina Storni, su despedida; VOY A DORMIR.
Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.
Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera;
una constelación, la que te guste;
todas son buenas, bájala un poquito.
Déjame sola: oyes romper los brotes...
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases
para que olvides...
Gracias... Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido.
~El original de este poema fue enviado por Alfonsina Storni a La Nación, desde Mar del Plata, el sábado 22 de octubre de 1938. Llegó a la Redacción el domingo en la noche y fue publicado al día siguiente de su muerte.
ALFONSINA STORNI, vivió una vida plena ligada a la escritura. Y así fue hasta el mismísimo límite. La noche del 18 de octubre de 1928 entró a la estación Constitución acompañada por su único hijo, Alejandro. Al pie del tren se despedirían. Ese sería su último viaje. En Mar del Plata, se alojaría en una pensión de la zona de La Perla. La misma zona en la que hoy se levanta un monumento que la recuerda.
Alejandro Storni tenía 27 años cuando se despidió de su madre en aquella estación, Posteriormente manifestaría...
“Lloré toda la noche. Había que ser muy torpe para no darse cuenta de que no volvería”.
•Cartas dejadas por Alfonsina a su hijo, antes de su muerte.
Sueñito mío, corazón mío, sombra de mi alma, he recuperado el sueño, ya es algo. Dormí en el tren toda la noche. Te escribo ésta recostada en mi sillón, la mano sin apoyo. El apetito mejor, pero sigo con una gran debilidad. Lo mental es lo que está todavía debilísimo. ¡Ay mis depresiones! Y qué temor me dan. Pero hay que confiar, si el cuerpo se levanta puede que lo demás también. Te abraza largo y apretado, Alfonsina.
Querido Alejandro: Te hago escribir con mi mucama; pues anoche he tenido una pequeña crisis y estoy un poco fatigada, solamente para decirte que te adoro, que a cada momento pienso en ti, nada más por ahora para no cansarme e insisto en decirte que te adoro, sueña conmigo, lo necesito. Besitos largos, Alfonsina.
Y una tercera a su amigo también escritor Manuel Gálvez.
Querido Gálvez: Estoy muy mal. Por favor, mi hijo tiene un puesto municipal, yo otro. Ruéguele al intendente en mi nombre que lo ascienda acumulándole mi sueldo. Gracias. Adiós. No me olviden. No puedo escribir más. Alfonsina.
Luego Alfonsina escribiría unas notas que dejaría sobre la mesa de la habitación: una dirigida al juez y la otra, como el náufrago en una botella, al que la leyese: “Me arrojo al mar”.
Es maravilloso leer las cartas que escribe un escritor, pues siempre escriben desde la magia propia de su Arte. Siempre al leerlas encuentra uno la misma esencia que tenían al escribir sus obras.
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