domingo, 5 de junio de 2016

El amor que no pudo ser?

Salvador Doménec Felip Jacint Dalí i Doménech: más conocido como Salvador Dalí, murió el 23 de enero de 1989, hace hoy 23 años, en Figueras-España, a consecuencia de un paro cardiorrespiratorio, tenía 84 años. Considerado uno de los máximos representantes del surrealismo. Es conocido por sus impactantes y oníricas imágenes, por su vida extravagante y por ser un experto dibujante que además abordó el cine, la escultura y la fotografía. Una de sus frases célebre es: "...que no conozca el significado de mi arte, no significa que no lo tenga".

Federico García Lorca (Fuente Vaqueros,  5 de junio de 1898) camino de Viznar a Alfacer118 de agosto de 1936) fue un poeta , dramaturgo y prosista español también conocido por su destreza en muchas otras artes. Adscrito a la llamada Generación del 27, es el poeta de mayor influencia y popularidad de la literatura esespañola del siglo XX. Como dramaturgo, se le considera una de las cimas del teatro español del siglo xx, junto con Valle-Inclán y Buero Vallejo. Murió fusilado tras el golpe de Estado que dio origen a la Guerra Civil Española.


En 1922, Dalí se aloja en la Residencia de Estudiantes de Madrid para comenzar sus estudios en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, allí cuando por ese entonces tanteaba el cubismo conoce a Federico García Lorca, uno de sus compañeros de residencia. Amigos durante muchos años, Dalí que rehuyó el enfrentamiento con el inicio de la Guerra Civil Española, y rechazó manifestar su adhesión a ninguno de los bandos, nunca dejó de mostrar una indudable repulsión al régimen de Franco por el asesinato del poeta Federico por milicias nacionales, que denunció incluso en los años en los que la obra del poeta estaba oficialmente prohibida.  

Se dice que se conocieron casi por casualidad, cuando uno de los amigos de Federico llamó a los demás la atención sobre un joven catalán de 18 años, un tal Salvador Dalí, que realizaba cuadros aún más excéntricos que su persona. Al parecer, el poeta y dramaturgo se sintió atraído de inmediato por su amigo, un muchacho de pocas palabras que compensaba su huraño carácter con su fructífero mundo interior.
Por su parte, Lorca, amante de la conversación, la gente y la fiesta, también cautivó el alma de Dalí, que vio en el granadino un ejemplo de arte apasionado, capaz de hacer de lo cotidiano un mundo de texturas.
La Residencia de Estudiantes fue caldo de cultivo de los grandes pensadores y artistas de esa época. Se encontraban en un clima de prosperidad y progresismos, muy lejos de lo que les depararía el destino tras el estallido de la Guerra Civil Española.

Cuando Dalí y Lorca se conocen en la Residencia de Estudiantes, aquél tiene diecinueve años y éste veinticinco. Ambos compartían su pasión por la poesía de Rubén Darío y por la cultura francesa, por lo que entre ellos se establece inmediatamente una intensa relación afectiva e intelectual cuya dialéctica enriquecería sus respectivas obras.


Conocido homosexual, Lorca se enamora del pintor. Dalí sólo había tenido una estrecha amistad con García Lorca, una amistad que, sin duda, se había acrecentado con el tiempo, y no hay duda alguna de que uno había encontrado en el otro una pasión por los descubrimientos estéticos acorde con sus propios deseos. Dalí concibe el pensamiento poético de su “amante” como un eco de su propia búsqueda. Y aquella amistad había cedido el paso a una pasión amorosa del poeta granadino, que llenó de confusión al pintor, llegando a escribir más tarde, en Las pasiones según Dalí: “Cuando García Lorca quería poseerme, yo lo rehusaba horrorizado”. Conocido el arte fabulador de Dalí, jamás llegará a saberse lo que pasó realmente entre ambos jóvenes. Queda solamente la certeza de que en aquel tiempo, Dalí solamente había tenido experiencias pasajeras con las mujeres, muy por debajo de su imaginación. Siempre afirmó estar virgen hasta conocer a Gala. 



Durante estos años, Salvador Dalí invitará a sus íntimos a Cadaqués, el pueblo marinero en el que su familia veraneaba; uno de los enclaves más importantes de la vida de Dalí.

Dalí y Lorca en Cadaqués

El pintor acababa de terminar el servicio militar y sus amigos se morían por verlo. Allí, Lorca conoció a la familia de Dalí, a la que deshizo en halagos y con la que congenió desde el primer momento. Se sabe que Lorca nunca ocultó su homosexualidad, por lo que el único que no vio con buenos ojos la relación de ambos fue el padre del pintor; el notario de Figueras. Puede que debido a la influencia de su padre, severa en algunos casos, el joven Dalí reprimiera sus instintos sexuales, no sólo homosexuales sino también heterosexuales, hasta bien entrada la madurez. De hecho, en entrevistas posteriores, Dalí llegó a afirmar que Lorca quiso intimar con él, pero que esta unión nunca fue consumada. Otro ejemplo de su letargo sexual fue su amor incondicional por Gala; la que se le presentó desnuda y le dijo “tómame”; la única mujer que tomó – según aseguró Dalí- en toda su vida.

Federico viajó dos veces a Cadaqués, una en 1925 y otra en 1927. Sería en 1926 cuando Dalí iniciaría su denominada época lorquiana, y lo haría con la obra Naturaleza muerta (invitación al sueño), siendo la obra maestra de este período, "Composición con tres figuras" (Academia neocubista), cuyo personaje central, flanqueado por las representaciones femeninas de la virtud y el vicio, era un san Sebastián, patrón de Cadaqués, patrón oficioso de los homosexuales y emblema de la relación entre ambos creadores.

"Composicion con tres figuras",( Academia neocubista )

óleo sobre lienzo 190 x 200 cm, 1926


Ambos pasaron las vacaciones de verano de 1927 en Cadaqués, durante las cuales Dalí pintó su cuadro Cenicitas, dedicado a su gran amigo.

De Cadaqués también hablará Lorca en sus escritos:
Cadaqués, en el fiel del agua y la colina,  eleva escalinatas y oculta caracolas. Las flautas de madera pacifican el aire.  Un viejo dios silvestre da frutas a los niños. 
Sus pescadores duermen, sin ensueño, en la arena.  En alta mar les sirve de brújula una rosa.  El horizonte virgen de pañuelos heridos,  junta los grandes vidrios del pez y de la luna. 
Una dura corona de blancos bergantines  ciñe frentes amargas y cabellos de arena.  Las sirenas convencen, pero no sugestionan,  y salen si mostramos un vaso de agua dulce.  
Cuadro pintado por Lorca popularmente conocido como “El beso”, aunque el poeta nunca lo llegó a titular

Esta fue, sin duda, una de las etapas más fructíferas para ambos. Se encontraban por aquel entonces realizando de forma conjunta la obra de Mariana Pineda, una composición teatral de Federico García Lorca donde Dalí participó como escenógrafo y autor de los decorados.  La obra se estrenó en el Teatro Goya de Barcelona en 1927. Y pese a que muchos biógrafos coinciden en apuntar que durante estos años comenzarán a separarse nuestros protagonistas, los recientes descubrimientos del estudioso Ian Gibson, autor de una de las mejores biografías de Lorca, dicen lo contrario.
Lo cierto es que Salvador Dalí fue expulsado de la Academia en 1926 y se dirigió a París, centro neurálgico de las nuevas corrientes que atraían al autor, en concreto, del surrealismo. Allí conoció a personajes notables como Picasso y su círculo de amigos se hizo extenso y variopinto. Ya no nos encontramos ante un Dalí retrospectivo, sino ante una fiera del espectáculo y de las gentes, que descubrió en su excentricismo personal la fuente de admiración de los demás.
Por otro lado, Lorca viajará a América y más tarde a Latinoamérica, continente donde le depararán grandes éxitos. Durante esta etapa, ambos artistas establecerán una intensa comunicación a través de cartas, donde se refleja la amistad perenne que les unía y en la que encontraremos algunos elementos como San Sebastián. 
En una de sus cartas, Dalí le expresa a Lorca su intención de realizar un cuadro en donde la figura del poeta se difumine con la de San Sebastián, patrón de Cadaqués. Este personaje bíblico fue un romano que se hizo cristiano y fue asesinado por ello. Su amor por Dios y la defensa de su fe han sido tomados desde tiempos memorables por los cristianos homosexuales, que deciden reprimir sus impulsos sexuales para servir a su religión. Estas referencias bíblicas, controvertidas y llenas de dobles significados, las podemos observar en las letras de Salvador:
“Se ve claro que mi oficio es pintar, pero, en fin, creo que digo cosas. Deseo, ¡mon cheri!, una muy larga carta tuya… En mi San Sebastián te recuerdo mucho y a veces me parece que eres tú… ¡A ver si resultará que San Sebastián eres tú!… Pero ahora déjame que use su nombre para firmar. Un gran abrazo de tu San Sebastián”.


Muchos dicen que es aquí, durante la etapa de Lorca en EEUU, donde el granadino procederá a “surrealizar” su poesía debido a las demandas de su amigo, que desde París criticaba la “putrefacción” de su estilo. Así nacerá Poeta en Nueva York, desde donde se emitirán los versos de la  Oda a Salvador Dalí. 
Una rosa en el alto jardín que tú deseas. 
Una rueda en la pura sintaxis del acero. 
Desnuda la montaña de niebla impresionista. 
Los grises oteando sus balaustradas últimas. 

Los pintores modernos en sus blancos estudios, 
cortan la flor aséptica de la raíz cuadrada. 
En las aguas del Sena un ice-berg de mármol 
enfría las ventanas y disipa las yedras. 

El hombre pisa fuerte las calles enlosadas. 
Los cristales esquivan la magia del reflejo. 
El Gobierno ha cerrado las tiendas de perfume. 
La máquina eterniza sus compases binarios. 

Una ausencia de bosques, biombos y entrecejos 
yerra por los tejados de las casas antiguas. 
El aire pulimenta su prisma sobre el mar 
y el horizonte sube como un gran acueducto. 

Marineros que ignoran el vino y la penumbra, 
decapitan sirenas en los mares de plomo. 
La Noche, negra estatua de la prudencia, tiene 
el espejo redondo de la luna en su mano. 

Un deseo de formas y límites nos gana. 
Viene el hombre que mira con el metro amarillo. 
Venus es una blanca naturaleza muerta 
y los coleccionistas de mariposas huyen. 

* * * 

Cadaqués, en el fiel del agua y la colina, 
eleva escalinatas y oculta caracolas. 
Las flautas de madera pacifican el aire. 
Un viejo dios silvestre da frutas a los niños. 

Sus pescadores duermen, sin ensueño, en la arena. 
En alta mar les sirve de brújula una rosa. 
El horizonte virgen de pañuelos heridos, 
junta los grandes vidrios del pez y de la luna. 

Una dura corona de blancos bergantines 
ciñe frentes amargas y cabellos de arena. 
Las sirenas convencen, pero no sugestionan, 
y salen si mostramos un vaso de agua dulce. 

* * * 

¡Oh, Salvador Dalí, de voz aceitunada! 
No elogio tu imperfecto pincel adolescente 
ni tu color que ronda la color de tu tiempo, 
pero alabo tus ansias de eterno limitado. 

Alma higiénica, vives sobre mármoles nuevos. 
Huyes la oscura selva de formas increíbles. 
Tu fantasía llega donde llegan tus manos, 
y gozas el soneto del mar en tu ventana. 

El mundo tiene sordas penumbras y desorden, 
en los primeros términos que el humano frecuenta. 
Pero ya las estrellas ocultando paisajes, 
señalan el esquema perfecto de sus órbitas. 

La corriente del tiempo se remansa y ordena 
en las formas numéricas de un siglo y otro siglo. 
Y la Muerte vencida se refugia temblando 
en el círculo estrecho del minuto presente. 

Al coger tu paleta, con un tiro en un ala, 
pides la luz que anima la copa del olivo. 
Ancha luz de Minerva, constructora de andamios, 
donde no cabe el sueño ni su flora inexacta. 

Pides la luz antigua que se queda en la frente, 
sin bajar a la boca ni al corazón del bosque. 
Luz que temen las vides entrañables de Baco 
y la fuerza sin orden que lleva el agua curva. 

Haces bien en poner banderines de aviso, 
en el límite oscuro que relumbra de noche. 
Como pintor no quieres que te ablande la forma 
el algodón cambiante de una nube imprevista. 

El pez en la pecera y el pájaro en la jaula. 
No quieres inventarlos en el mar o en el viento. 
Estilizas o copias después de haber mirado, 
con honestas pupilas sus cuerpecillos ágiles. 

Amas una materia definida y exacta 
donde el hongo no pueda poner su campamento. 
Amas la arquitectura que construye en lo ausente 
y admites la bandera como una simple broma. 

Dice el compás de acero su corto verso elástico. 
Desconocidas islas desmiente ya la esfera. 
Dice la línea recta su vertical esfuerzo 
y los sabios cristales cantan sus geometrías. 

* * * 

Pero también la rosa del jardín donde vives. 
¡Siempre la rosa, siempre, norte y sur de nosotros! 
Tranquila y concentrada como una estatua ciega, 
ignorante de esfuerzos soterrados que causa. 

Rosa pura que limpia de artificios y croquis 
y nos abre las alas tenues de la sonrisa 
(Mariposa clavada que medita su vuelo). 
Rosa del equilibrio sin dolores buscados. 
¡Siempre la rosa! 

* * * 

¡Oh, Salvador Dalí de voz aceitunada! 
Digo lo que me dicen tu persona y tus cuadros. 
No alabo tu imperfecto pincel adolescente, 
pero canto la firme dirección de tus flechas. 

Canto tu bello esfuerzo de luces catalanas, 
tu amor a lo que tiene explicación posible. 
Canto tu corazón astronómico y tierno, 
de baraja francesa y sin ninguna herida. 

Canto el ansia de estatua que persigues sin tregua, 
el miedo a la emoción que te aguarda en la calle. 
Canto la sirenita de la mar que te canta 
montada en bicicleta de corales y conchas. 

Pero ante todo canto un común pensamiento 
que nos une en las horas oscuras y doradas. 
No es el Arte la luz que nos ciega los ojos. 
Es primero el amor, la amistad o la esgrima. 

Es primero que el cuadro que paciente dibujas 
el seno de Teresa, la de cutis insomne, 
el apretado bucle de Matilde la ingrata, 
nuestra amistad pintada como un juego de oca. 

Huellas dactilográficas de sangre sobre el oro, 
rayen el corazón de Cataluña eterna. 
Estrellas como puños sin halcón te relumbren, 
mientras que tu pintura y tu vida florecen. 

No mires la clepsidra con alas membranosas, 
ni la dura guadaña de las alegorías. 
Viste y desnuda siempre tu pincel en el aire 
frente a la mar poblada de barcos y marinos.
El término “putrefacto” hacía referencia a la juventud de ambos, donde los nuevos artistas de la Residencia de Estudiantes se dedicaban a criticar a sus predecesores. Confirmaron así la muerte del viejo arte en pos del nuevo. Y Dalí llevó este término al máximo exponente.
Antes de que los distancie una sardónica crítica que Dalí manda a Lorca con motivo de la aparición de Romancero gitano en 1928, el pintor crea una múltiple iconografía lorquiana.
En 1934 volvieron a reencontrarse en Barcelona, un encuentro donde Dalí afirmó que pese a los años que habían pasado ambos se hablaban como si no se hubieran separado nunca. Pasarían dos años más hasta el estallido de la Guerra Civil y el asesinato del joven granadino. Tras esta conmoción, Dalí se vale de una fotografía en la que el pintor posa, junto a Lorca, vestido con el uniforme del servicio militar que cumplía entonces y rapado, para componer un magnífico tríptico en homenaje al poeta, aunque sólo una vez mencione su nombre: “Afgano invisible con aparición sobre la playa del rostro de García Lorca en forma de frutero con tres higos, aparición de un rostro y un frutero en la playa y el enigma sin fin”, y pintó Aparición de rostro y frutero, al que le escribió:

“Adiós, te quiero mucho, algún día volveremos a vernos, ¡qué bien lo pasaremos!”



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