Orwell y Huxley imaginaron dos formas muy distintas de perder la libertad.
Orwell pensó en un poder que te vigila, te castiga y te obliga a callar. Un mundo donde pensar por uno mismo se convierte en un delito y donde la verdad puede modificarse hasta que ya no sepamos distinguirla de la mentira.
Huxley imaginó algo quizá más difícil de detectar. No sería necesario prohibir los libros si conseguimos que nadie quiera leerlos. Tampoco haría falta ocultar la verdad si vivimos demasiado distraídos para buscarla.
Uno temía que el poder nos obligara a obedecer.
El otro, que termináramos obedeciendo porque ya no nos interesara hacer otra cosa.
Y quizá lo más inquietante es que ambas formas de control pueden convivir. Podemos ser vigilados y, al mismo tiempo, estar tan entretenidos que apenas prestemos atención.
La pregunta ya no es solo cuál de los dos acertó.
La pregunta es cuál de los dos mundos se parece más al nuestro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario