EL TIEMPO DE BORGES
Jorge Luis Borges/
Negar la sucesión temporal,
negar el yo,
negar el universo astronómico,
son desesperaciones aparentes
y consuelos secretos.
Nuestro destino
(a diferencia del infierno de Swedenborg
y del infierno de la mitología tibetana)
no es espantoso por irreal;
es espantoso porque es irreversible y de hierro.
El tiempo es la sustancia de que estoy hecho.
El tiempo es un río que me arrebata,
pero yo soy el río;
es un tigre que me destroza,
pero yo soy el tigre;
es un fuego que me consume,
pero yo soy el fuego.
El mundo, desgraciadamente, es real;
yo, desgraciadamente, soy Borges
EN EL OTRO, EL MISMO
Soy,
pero soy también el otro,
el muerto,
el otro de mi sangre y de mi nombre;
soy un vago señor
y soy el hombre que detuvo las lanzas del desierto.
Vuelvo a Junín,
donde no estuve nunca,
a tu Junín, abuelo Borges.
¿Me oyes, sombra o ceniza última,
o desoyes en tu sueño de bronce esta voz trunca?
Acaso buscas por mis vanos ojos
el épico Junín de tus soldados,
el árbol que plantaste, los cercados
y en el confín la tribu y los despojos.
Te imagino severo, un poco triste.
Quién me dirá cómo eras y quién fuiste.
En El otro, el mismo (1964) Jorge Luis Borges -/
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