jueves, 9 de abril de 2026

EL TIEMPO DE BORGES 
Jorge Luis Borges/

Negar la sucesión temporal, 
negar el yo, 
negar el universo astronómico, 
son desesperaciones aparentes 
y consuelos secretos. 
Nuestro destino 
(a diferencia del infierno de Swedenborg 
y del infierno de la mitología tibetana) 
no es espantoso por irreal; 
es espantoso porque es irreversible y de hierro. 
El tiempo es la sustancia de que estoy hecho. 
El tiempo es un río que me arrebata, 
pero yo soy el río; 
es un tigre que me destroza, 
pero yo soy el tigre; 
es un fuego que me consume, 
pero yo soy el fuego. 
El mundo, desgraciadamente, es real; 
yo, desgraciadamente, soy Borges 



EN EL OTRO, EL MISMO 

Soy, 
pero soy también el otro, 
el muerto, 
el otro de mi sangre y de mi nombre; 
soy un vago señor 
y soy el hombre que detuvo las lanzas del desierto. 
Vuelvo a Junín, 
donde no estuve nunca, 
a tu Junín, abuelo Borges. 
¿Me oyes, sombra o ceniza última, 
o desoyes en tu sueño de bronce esta voz trunca? 
Acaso buscas por mis vanos ojos 
el épico Junín de tus soldados, 
el árbol que plantaste, los cercados 
y en el confín la tribu y los despojos. 
Te imagino severo, un poco triste. 
Quién me dirá cómo eras y quién fuiste. 

En El otro, el mismo (1964) Jorge Luis Borges -/

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