"Ahora debía hundirse en el mar cálido, perderse para reencontrarse, nadar en esa cálida luz de luna para silenciar lo que quedaba del pasado, para hacer nacer el canto profundo de su felicidad. Se desnudó, bajó por unas rocas y entró en el mar. Era cálido como un cuerpo, otro cuerpo que le recorría los brazos y se aferraba a sus piernas con un abrazo inefable pero omnipresente".
Albert Camus,
Una muerte feliz
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