Llega un momento
en que un alma se cansa
de explicar su dolor.
Entonces va en silencio
al campo,
al viento,
a la vieja luz de arriba,
y se sienta
donde la tierra aún sabe
escuchar.
Nuestros ancestros comprendieron
que la sanación no siempre es ruidosa.
No siempre llega
con respuestas,
ni con manos
que intentan recomponer tu dolor.
A veces, la sanación
es solo esto:
Un lugar suave donde descansar.
Un cielo que no te juzga.
Una luna que permanece
incluso cuando no tienes palabras.
Observa con atención.
Hasta las flores
enseñan.
No florecen
porque la vida haya sido fácil.
Florecen
porque recuerdan
para qué fueron creadas.
Tú también.
No fuiste creado
solo para sobrevivir
a lo que te hirió.
Fuiste creado
para conservar tu ternura.
Para conservar tus oraciones.
Para mantener viva una pequeña llama
a través de las estaciones
que intentaron enfriarte.
No te apresures
porque el mundo
es impaciente.
El corazón tiene sus propias estaciones.
El espíritu tiene su propio ritmo.
Lo sagrado
nunca se fuerza.
Si debes sentarte a solas,
siéntate sin vergüenza.
La soledad no es vacío.
A menudo es donde
el Creador habla
con mayor claridad.
Si debes empezar de nuevo,
empieza con suavidad.
Un río no se odia a sí mismo
por fluir lentamente.
Una semilla no se disculpa
por necesitar tierra oscura
antes de brotar.
Recuerda esto.
La paz no es debilidad.
La quietud no es rendición.
Y la suavidad
no es algo que
el mundo cruel
te pueda arrebatar.
Siéntate con la luna.
Siéntate con tus recuerdos.
Siéntate con la parte de ti
que aún está en formación.
Un día,
lo que parecía roto
se convertirá en sabiduría.
Lo que parecía vacío
se convertirá en oración.
Lo que parecía un final
se convertirá en tierra fértil
donde florece nueva belleza.
Pamela Maguire Smith
Ilustración tomado de la web
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