Nada es para llevar,
todo es para vivir aquí.
Atte: la vida.
La vida no se empaca,
no se guarda para después,
no se deja pendiente en la puerta
como algo que algún día retomaremos.
La vida sucede ahora,
en este instante frágil
que no vuelve.
Nada de lo que amas
puede guardarse para más tarde.
Ni los abrazos,
ni las palabras,
ni las oportunidades.
Todo pide presencia,
todo reclama ser vivido
con los pies en el suelo
y el corazón despierto.
A veces vivimos como si hubiera reservas,
como si el tiempo esperara,
como si siempre hubiera otra ocasión.
Y la vida, en silencio,
nos recuerda que no se repite,
que no hay recibos ni devoluciones.
Lo que no se vive hoy
se convierte en recuerdo,
en ausencia,
en “hubiera”.
Y pesa más lo no vivido
que cualquier cansancio.
Por eso la vida no ofrece atajos,
ofrece momentos.
No promete eternidad,
regala instantes.
Y nos pide algo simple
y a la vez tan difícil:
estar.
Estar de verdad.
Escuchar sin prisa,
amar sin condiciones,
perdonar sin aplazar,
decir lo que sentimos
antes de que sea tarde.
Nada es para llevar.
Todo es para sentir aquí,
para aprender aquí,
para amar aquí.
Atte: la vida,
que no se guarda,
que no se presta,
pero que, cuando se vive,
lo da todo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario