APRENDER DEL SILENCIO
Y si las preguntas más importantes de tu vida ya no tuvieran respuesta…
si todas esas dudas que te desvelan
se quedaran colgadas del aire
como ropa mojada,
¿qué harías con el peso del silencio?
A veces la vida no explica nada.
Se limita a mostrarnos el vacío y nos deja ahí,
sentados frente a un misterio
que no piensa justificarse.
Uno quiere razones, quiere sentido,
quiere un porqué que alivie;
pero hay heridas que no hablan
y ausencias que se esconden
detrás de un silencio que arde.
Cuando ya no hay respuestas,
empieza la verdad.
La que no se dice, pero se siente.
La que aparece cuando cierras los ojos
y escuchas tu propia respiración temblar.
La que te revela que no necesitas comprenderlo todo para seguir:
te basta con no soltarte.
El alma aprende más de las sombras
que de los discursos.
Crece cuando se derrumba,
se fortalece cuando acepta
que no habrá explicación
que acomode el desorden.
Y aun así, camina.
Porque cuando las preguntas
se quedan mudas,
la vida te mira de frente
y te susurra sin labios:
"No vine a darte respuestas.
Vine a enseñarte a vivir".
Y en ese instante —crudo, íntimo, inevitable—
algo dentro de ti se acomoda,
como si por fin entendieras que la paz
no llega cuando todo tiene sentido,
sino cuando dejas de exigirlo.
Fernando D'Sandi
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