domingo, 12 de julio de 2026

"El pedazo de piedra más triste y conmovedor del mundo", así describió el escritor Mark Twain al León de Lucerna, en Suiza.

Se trata de un león moribundo, atravesado por una lanza, que protege un escudo de la monarquía francesa mientras espera la muerte. Su expresión transmite tanto dolor que millones de personas guardan silencio apenas llegan frente a él.

Pero ese león no habla de animales, habla de 760 hombres.

El 10 de agosto de 1792, durante la Revolución Francesa, la Guardia Suiza recibió la misión de proteger el Palacio de las Tullerías, residencia del rey Luis XVI. Mientras la familia real abandonaba el lugar, los soldados permanecieron en sus puestos. Sabían que estaban completamente superados en número y que apenas les quedaban municiones. Aun así, demostraron su inquebrantable lealtad a la corona.

Treinta años después, Karl Pfyffer von Altishofen, un oficial que salvó la vida porque estaba de permiso, impulsó la construcción de un monumento para que el sacrificio de sus compañeros jamás fuera olvidado.

Entre 1820 y 1821, el escultor danés Bertel Thorvaldsen diseñó la obra y Lukas Ahorn la talló directamente sobre una antigua cantera de arenisca. Mide 10 metros de largo por 6 de alto, pero más que su tamaño, impresiona la expresión de su mirada.

Bajo el león aparecen grabados los nombres de los soldados caídos y una frase en latín que resume el sentido del monumento: "Helvetiorum Fidei ac Virtuti", "A la lealtad y la valentía de los suizos".

Cada año, más de un millón de personas visitan este rincón de Lucerna que representa a hombres honorables que permanecieron fieles a su palabra incluso, a costa de su propia vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario