domingo, 8 de marzo de 2026

Primero, tómese un puñado de barro
Y mézclese con un costillar ajeno.
No olvide soplar con suavidad:
Las mujeres nacen del aire,
Pero mueren de asfixia.
Luego, ubíquela en la cocina,
En el altar, en la trinchera,
En la sala de partos, en la sala de espera,
En la jaula sin barrotes,
En el teatro sin guion.
Para que funcione correctamente,
Aliméntela de silencio,
Vístala de súplica,
Píntela con miedo y un poco de rubor.
Enséñele a caminar sin hacer ruido,
A llorar sin descomponerse,
A sonreír con los labios pero nunca con los ojos.
Si protesta,
Ajústela un poco más al molde.
Si grita,
Cámbiele las pilas.
Si se rompe,
No se preocupe:
Siempre hay otra esperando.
Pero a veces,
Una se escapa del envase,
Desarma el instructivo,
Apaga el interruptor.
Y entonces,
Se sienta en la mesa equivocada,
Baila con los pies desnudos,
Dice su nombre en voz alta
Y ríe, ríe, ríe
Sabiendo que la risa 
Puede romper el mundo.

Instrucciones para fabricar una mujer,
Silvia Moscatel

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