En mi pueblo, y en mi familia, las mujeres siempre han sido determinantes, aunque nunca se las dio un papel protagonista.
Las mujeres, en general, y las rurales en particular, han sido silenciadas, olvidadas durante siglos.
Nunca se las ha dado el lugar que merecen.
Mi abuela, sus hermanas y vecinas me enseñaron recetas, refranes y cantares.
A quién reírle y a qué llorarle.
Y que las penas, son menos penas si se comparten.
Con ellas he enhebrado agujas de todos los tamaños, he devanado ovillos de lana con más de tres usos, y me han cogido la sisa para los jerseys de sus nietas.
Hemos desgranado fréjoles y hemos ido a echar el agua al huerto a horas intempestivas, por eso de seguir un orden con el resto de vecinos.
Lo de llevar a la Virgen de casa en casa también era un ritual, y preparar con ellas hacecillos de piornos para la lumbre del invierno, por lo que pudiera venir.
Hemos escogido patatas, hemos hecho conservas de tomates, de judías, de melocotones y de todo lo conservable.
Hemos rezado por todos y para todos.
Las he visto escardar huertos cantando y sin sudar, y sin quejarse, cuidar de hijos, nietos y arrimaos.
Las he visto enterrar a sus maridos y pasar horas y horas velando juntas por no dejarse solas las unas a las otras.
Las he visto vestir de riguroso negro años y años.
Igual que las he visto confesarse entre ellas de todo lo que llevaban sufrido por dentro, en una mesa camilla, con un rosario en la mano y un brasero a los pies.
Las puertas de sus casas, siempre estaban abiertas, literalmente, por lo que pudieran necesitar las vecinas.
Sororidad lo llaman ahora.
Se celebraba la vida, y se acompañaba la muerte.
Lo que había se repartía.
A la que necesitaba, se la ayudaba.
Ni se pensaba.
Estaban para lo bueno y lo malo.
Y ahí entendí lo que era la vida.
La vida de verdad.
Con sus luces y sus sombras.
Nunca tendré palabras suficientes para agradecerlas tanto.
Por todas ellas ❤️🩹
Las que fueron, son y serán ✨💜
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