A ti, que fuiste el lugar del amor
Y yo caminaría por todos los desiertos de este mundo
y aun muerta te seguiría buscando,
a ti, que fuiste el lugar del amor…
Alejandra Pizarnik
A ti, que alumbraste cada objeto que el mar cubrió incesante
Hasta dar una rama de manos que el oleaje duda cada estruendo
A ti, que en el rasguño del resucitado o en el alarido de quien se salva de una improbable pesadilla
Has despertado
Luego de todo
Luego de que la furia ya no sirve más que para envejecer
Primero que nuestros enemigos
A ti, que en el votivo olor de las rosas amargas
Maquinas un pequeño alumbramiento que deja caer un grano como un mundo
A ti,
Que te levantas a pesar de mil caídas juntas que jamás se vuelven a tropezar contra el polvo de la loca muchedumbre
Por una masa junta que la envidia no pueda derrocar
Por una morena a quien hay que venerar hasta la demencia
Porque sólo ella nos habría de salvar en las peores tempestades
Juntos en el oleaje a ultramar
En la vil batalla por ser lo soñado
Que más no se recuerda
Como lo que somos
Mientras una casa se espabila contra los muros
Mientras una cantinela sucede mientras llegamos tarde
Y no somos más que el instante que se pierde
Así el gas que ya no nos encuentra
Así el ladrido que avanza
Así en ti es el rezo que sana con ternura
En la medida de los brazos que el dolor excomulga
Y sabrás que la excusa de siempre
A pesar de todo
Y en la medida en que nos juntemos
Para resguardar el nombre de los hombres
Que ya no cierran el peso de la luz
Para que la mar se junte
Para que se abran los brazos
Hacia la pura luz,
A ti,
Acompañándote
Un suicida resplandor (inédito)
Alejandra Pizarnik
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