Antes de morirme otra vez.
Quiero llenar el cielo con flores.
Llorar salado.
Sabiendo que después de tanto.
Nunca estarás a mi lado.
Antes de pisar estrellas que dejaron de brillar desde aquella noche.
Quiero rogarle a mi boca, que sólo pronuncie oraciones y deje encerrado el retrato que contiene tu broche.
Las flores me devolvieron tus caricias.
El deseo. El valor. Derroche.
Y me trasladan a todas aquellas veces que me abrazabas de noche.
Rezar para adentro.
Que nunca te hubieras ido.
Aún sabiendo en silencio.
Lo bueno de habernos vivido.
Lo sentido.
Lo sufrido.
Tu latido.
Y la cicatriz que aún me duele en la lengua.
De saber que no me has elegido.
Te deseo que toques tu alma con la palma de tus manos. Que persignes tus deseos y acaricies con esmero como hacías con mi espalda.
Que a ella la llenes también de besos.
Sin herirle la garganta con mentiras.
Que vuele, que sea libre, que baile y que decida...
Y que nunca conozca tu ira.
Antes de morirme otra vez, quiero mirarte a los ojos desde lejos. A distancia.
Para verte así pequeño. Desprovisto de toda arrogancia.
Vete pronto.
Vete bien.
Me quedo descosiendo lana púrpura de todo aquello que íbamos a ser.
Palpando mis raíces para volver a renacer.
Me quedo escribiendo.
Por tantas cosas que merecimos.
Dejo tus últimas palabras escondidas.
Allá dónde se nos hizo de día.
Allá dónde me di por vencida.
Allá dónde me morí y te prometí que tu historia ya no sería mía.
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