viernes, 13 de febrero de 2026

No es lo mismo oír que escuchar
Oír es un acto leve,
casi involuntario,
como la lluvia que cae
sin pedir permiso.
Los sonidos entran,
rozan la piel del instante
y se marchan
sin dejar memoria.
Escuchar, en cambio,
es un gesto profundo.
Es detener el mundo un segundo,
inclinar el alma
y prestar atención al latido ajeno.
Escuchar es quedarse
cuando la voz tiembla,
es abrazar los silencios
y leer entre palabras.
Oír reconoce voces,
pero escuchar reconoce historias.
Oír repite sonidos;
escuchar comprende heridas,
deseos, miedos
que no siempre se nombran.
Quien escucha no interrumpe,
no adelanta respuestas,
no juzga.
Se convierte en refugio,
en pausa,
en espacio seguro.
Porque escuchar
no es solo usar los oídos,
es mirar con el corazón abierto
y decir, sin palabras:
estoy aquí, te veo, te siento.

No hay comentarios:

Publicar un comentario