martes, 15 de septiembre de 2015

Eduardo Galeano


El Juicio FInal

¿Qué sería de nosotros si existiera de veras el “Juicio Final”? No el “Juicio Final” como me lo contaron en el catecismo cuando yo era chico, no, no ese, sino el juicio final que la especie humana merece, un juicio final con un tribunal de jueces con patas, con ramas, con picos, un “Tribunal de la Naturaleza” con hojas, con raíces; que nos acusen con sus ramas, con sus patas, con sus picos, diciendo:

–¿Pero en qué supermercado se compraron el mundo ustedes los humanos?

–¿Pero qué se creen que es esto?

–¿Qué dios o diablo les otorgó a ustedes el derecho de maltratarnos, el derecho de asesinarnos, de herirnos, de despreciarnos?

–Y, sobre todo, el título de propiedad del planeta, ¿quién se los dio?

–¿Se creen con derecho de acabar con este planeta que es también nuestro?

No, yo ahí tiemblo de pánico. ¿Qué será de mí?

Yo levanto la mano y digo: –Yo no tengo la culpa, yo no fabrico armas, yo no intoxico el aire (ni siquiera tengo auto). ¿Pagaremos justos por pecadores?

¡Ay, ay! ¿Qué será de mí si me condenan todos estos bichitos a la pena eterna, al infierno, a escuchar cantantes de televisión, discos sin fin con discursos de políticos profesionales? Todo lo peor de lo peor hasta la eternidad.

¡No, no, no! Y para colmo, ¡en la misma celda con los críticos literarios!

Yo les diría a los bichitos: Perdonen, yo no fui, yo no fui, no me hagan eso...

Eduardo Galeano

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