viernes, 18 de septiembre de 2015

Buenos Aires - Palermo



El tango canta a los cien barrios porteños –en realidad son cuarenta y ocho– y como cada uno tiene su microhistoria, su personalidad y algún imperdible para conocer, vale la pena adentrarse en lo anecdótico.

Palermo es el barrio más verde; esto es así porque alberga el Parque Tres de Febrero. El Parque, conocido como los Bosques de Palermo, abarca unas cuatrocientas hectáreas de plazas, canteros, plazoletas y lagos. Eran las tierras de la quinta de Juan Manuel de Rosas –Palermo de San Benito– en la que se destacaba un gran caserón rodeado de lagos y jardines, casas de maestranza, canales navegables, senderos y caminos. Podemos imaginar a Manuelita paseando feliz en bote por los canales del jardín hasta que un domingo, el 3 de febrero de 1852, su padre perdió la Batalla de Caseros y los vencedores expropiaron sus propiedades. 
Las tierras de la quinta quedaron a la deriva, destinadas a diversos usos, durante más de veinte años hasta que el presidente Sarmiento ordenó que se le diera uso recreativo como parque público. El hijo del autor del Himno Nacional lo bautizó Tres de Febrero, en conmemoración a aquella batalla donde el Ejército Grande había resultado vencedor. Pero no fue todo oprobio para Rosas; en 1999 –diez años después de la repatriación de sus restos– se emplazó un monumento en su memoria en la Plaza Seeber. Por supuesto que Juan Manuel no es el único personaje de la Historia que tiene su efigie en mármol, piedra o bronce asoleándose en Palermo, en el Barrio abundan las estatuas y los monumentos. 


Plaza Sicilia es muy interesante, ahí hay una figura de bronce que homenajea a Sarmiento realizada por Auguste Rodin. El monumento está emplazado en el sitio donde estaba la casona de la quinta del Rosas, la plaza también conserva un sitio arqueológico: el aromo del perdón, cuenta la leyenda que bajo la sombra de ese árbol Manuelita intercedía ante su padre para que le perdonara la vida a sus adversarios condenados a muerte.
Urquiza, el gran triunfador de Caseros tiene su estatua ecuestre en la intersección de las avenidas Alcorta y Sarmiento, y unas cuadras hacia el bajo –en Sarmiento y Libertador– se emplaza el llamado Monumento a los Españoles. Está esculpido en mármol de Carrara, el nombre es un seudónimo impuesto por los porteños, en verdad se llama A la Carta Magna y las Cuatro Regiones Argentinas (se entiende por qué usamos seudónimo, ¿no?). La infanta Isabel puso la piedra fundamental durante los festejos del Centenario, una serie de escultores catalanes fueron los autores y se inauguró después de algunas idas y vueltas. Pero no todas las piezas son las originales; algunas de las estatuas destinadas al monumento naufragaron en las costas de Brasil y tuvieron que ser reemplazadas. 
¿Lobo está? No todo es Historia, en Plaza Sicilia también hay puro cuento,Caperucita Roja tiene su estatua (ojo que no es la única en el mundo como se cree; hay una preciosa Little Red Riding Hood de bronce embelleciendo el centro de Munich desde un pedestal). Hablando de ficciones, los poetas también tienen su jardín en El Rosedal, el rincón más romántico del parque. También hay un patio Andaluz donado por la ciudad de Sevilla a principios del siglo pasado, un Puente Helénico y una rosaleda con casi veinte mil ejemplares.



Coronando el romanticismo de El Rosedal los dejo con un mito griego, el deHero y Leandro. Dos jóvenes de amor furtivo a los que –además de los padres– los separaba el estrecho de los Dardanelos, que en ese entonces se llamaba Helesponto. Hero encendía una lumbre cada noche para guiar a su enamorado quien nadaba cruzando el estrecho para poder besarla, hasta que una noche se desató una tormenta y Leandro nunca llegó. Ella se suicidó arrojándose desde su torre (Una torre alude al mito de Hero y Leandro, está en una isla del Bósforo y es conocida como Kiz Kulesi o Torre de Leandro. Muy visitada por el turismo, es bella y fotogénica pero el rigor geográfico se impone: no hay que confundir el Bósforo (en Estambul, al Norte del Mar de Mármara) con el estrecho de los Dardanelos que baña Galípoli al sur del mismo mar. )El mito romántico llegó hasta nosotros, es más: lo tenemos en el barrio de Palermo. Ahí, a orillas del lago en El Rosedal, están inmortalizados en el monumento El Beso de Baptiste Gask.




http://vidayestilo.terra.com.ar/livinginbuenosaires/blog/2014/01/27/juguemos-en-el-bosque/

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