domingo, 19 de julio de 2015


Deja que el viento susurre el silencio. 
Deja que el sol le otorgue calor a tu corazón. 
Deja que tu mente se transforme en un mar profundo, que tus manos suelten y que tu respiración te de alas. 
Deja que tu dolor se evapore en un amanecer cualquiera, de esos que liberan y nunca se olvidan. 
Deja que tu alma se exprese, que tus pestañas sean persianas que se corran suavemente para dejar entrar la luz.
Deja a tus miedos en paz, que ya has tenido bastantes.
Deja atrás el camino de siempre, el que ya sabes de memoria, repleto de huellas que vienen y van; crea uno nuevo y zambúllete de lleno en él hasta hacerte pequeño y sencillo.
Deja que el presente fluya, déjalo ser.
Deja que tus lágrimas sean la cuna de tus sueños y que cuando caigas vuelvas al ruedo fortalecido, que nunca los golpes han detenido a los guerreros, mas los ha engrandecido.
Deja atrás las quimeras y a los seres mezquinos, te los cruzaras repetidas veces vistiendo trajes de irrealidades reales; parte del aprendizaje querido amigo.
Deja tus luchas por un instante y permítete ser, tal vez estés cansado de tanto querer llegar.
Deja todo lo conocido detrás y anímate a empezar de nuevo, otra vez. Desnúdate ante la vida para que te atraviese.
Deja, deja…que cuando ya no seas nada, lo serás todo.

-Natalia Lewitan-

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