martes, 31 de marzo de 2026

"Cada uno da lo que tiene en el corazón, y cada uno recibe con el corazón que tiene".
 Oscar Wilde 

A veces nos olvidamos de regar el jardín que llevamos dentro por salir a cuidar bosques ajenos. Hoy vuelvo a este recorte, a esta imagen, para recordarme (y recordarte) que el jardín propio es el único lugar donde siempre somos bienvenidas.
¿Qué semilla estás cuidando hoy en tu silencio?

Germana Martin
Arte: Sabina Botti
«El alma es un manantial que sólo se revela en lágrimas. Hasta que se llora de veras no se sabe si se tiene o no alma». 

Niebla,
Miguel de Unamuno
Está bien que se mida con la dura
Sombra que una columna en el estío
Arroja o con el agua de aquel río
En que Heráclito vio nuestra locura

El tiempo, ya que al tiempo y al destino
Se parecen los dos: la imponderable
Sombra diurna y el curso irrevocable
Del agua que prosigue su camino.

Está bien, pero el tiempo en los desiertos
Otra substancia halló, suave y pesada,
Que parece haber sido imaginada
Para medir el tiempo de los muertos.

Surge así el alegórico instrumento
De los grabados de los diccionarios,
La pieza que los grises anticuarios
Relegarán al mundo ceniciento

Del alfil desparejo, de la espada
Inerme, del borroso telescopio,
Del sándalo mordido por el opio
Del polvo, del azar y de la nada.

¿Quién no se ha demorado ante el severo
Y tétrico instrumento que acompaña
En la diestra del dios a la guadaña
Y cuyas líneas repitió Durero?

Por el ápice abierto el cono inverso
Deja caer la cautelosa arena,
Oro gradual que se desprende y llena
El cóncavo cristal de su universo.

Hay un agrado en observar la arcana
Arena que resbala y que declina
Y, a punto de caer, se arremolina
Con una prisa que es del todo humana.

La arena de los ciclos es la misma
E infinita es la historia de la arena;
Así, bajo tus dichas o tu pena,
La invulnerable eternidad se abisma.

No se detiene nunca la caída
Yo me desangro, no el cristal. El rito
De decantar la arena es infinito
Y con la arena se nos va la vida.

En los minutos de la arena creo
Sentir el tiempo cósmico: la historia
Que encierra en sus espejos la memoria
O que ha disuelto el mágico Leteo.

El pilar de humo y el pilar de fuego,
Cartago y Roma y su apretada guerra,
Simón Mago, los siete pies de tierra
Que el rey sajón ofrece al rey noruego,

Todo lo arrastra y pierde este incansable
Hilo sutil de arena numerosa.
No he de salvarme yo, fortuita cosa
De tiempo, que es materia deleznable.

Jorge Luis Borges,
El reloj de arena
Hay una pregunta que atormentó a la literatura mundial durante décadas: ¿Por qué Juan Rulfo no volvió a escribir? Tras publicar Pedro Páramo en 1955, el mundo se rindió a sus pies, pero él se sumergió en un mutismo absoluto. Cuando le preguntaban, respondía con una timidez cortante: "Es que se me murió el tío Celerino, que era el que me contaba las historias". Pero la verdad era mucho más compleja y técnica.

El método del "tijeretazo": Escribir para borrar
El proceso creativo de Rulfo no era de acumulación, sino de sustracción. Se sabe que el manuscrito original de Pedro Páramo era mucho más largo y lineal. Rulfo, con una disciplina casi quirúrgica, comenzó a eliminar capítulos enteros, adjetivos y explicaciones.

Su método consistía en dejar solo la estructura ósea de la historia. Quería que el lector sintiera el "aire" entre las palabras. Por eso, en Comala, los muertos no asustan; simplemente están ahí, como el polvo. Rulfo no escribía sobre fantasmas; escribía sobre la omnipresencia de la ausencia.

El escritor que miraba a través de una lente
Un detalle que pocos conectan con su literatura es que Rulfo fue un fotógrafo magistral. Durante sus viajes por el México rural como agente de ventas de llantas Goodrich-Euzkadi, cargaba siempre con su cámara Rolleiflex.

Tomó más de 6,000 fotografías. Su ojo fotográfico dictó su prosa: Rulfo escribía imágenes. Si observas sus fotos de iglesias en ruinas o indígenas de mirada perdida, estás viendo los borradores visuales de El llano en llamas. Él no describía un paisaje; lo encuadraba. Su literatura es, en esencia, una sucesión de fotogramas estáticos donde el tiempo se ha detenido.

El "vicio" secreto: La literatura nórdica
Aunque se le asocia con el polvo de Jalisco, el método de Rulfo bebía de fuentes gélidas. Era un lector voraz de literatura islandesa y noruega (como Knut Hamsun). De ellos aprendió la sequedad del lenguaje. Decía que el español de México era demasiado "barroco y gordo", y su obsesión fue "adelgazarlo" hasta que solo quedara el susurro.

El manuscrito en los cuadernos escolares
Rulfo no usaba máquinas de escribir de lujo. Escribió gran parte de sus notas en cuadernos escolares de espiral mientras viajaba por carreteras polvorientas. No buscaba la inspiración; buscaba el tono de voz de la gente que encontraba en los pueblos. Se sentaba en las plazas a escuchar, no las anécdotas, sino la cadencia del habla. Por eso, cuando leemos a Rulfo, no leemos un libro; escuchamos un murmullo que viene de la tierra.

El final del juego: El silencio como obra de arte
Muchos creen que Rulfo sufrió un bloqueo. La realidad es que su nivel de autoexigencia era tan alto que consideraba que ya había dicho todo lo que valía la pena decir. Prefirió el silencio a la repetición. Se convirtió en un burócrata del Instituto Nacional Indigenista, editando obras de otros, mientras el mito de su "novela perdida" (La cordillera) crecía. Nunca la entregó. Destruyó los borradores porque no alcanzaban la perfección mineral de su primera obra.
Equinoccio de otoño 🍂

Perséfone, hija de Deméter (diosa de la fertilidad y las cosechas), es raptada por Hades y llevada al inframundo para convertirla en su esposa. Deméter, devastada por la pérdida, deja de cuidar la tierra: los cultivos se secan y el mundo entra en una especie de invierno permanente.

Ante esta crisis, los dioses intervienen y acuerdan que Perséfone pase parte del año con su madre y parte con Hades.

Así, cada vez que Perséfone regresa con Deméter, la tierra florece (primavera y verano). Y cuando vuelve al inframundo, Deméter se entristece y la naturaleza se apaga (otoño e invierno).

Rosa William Morris
"Sólo en nuestra soledad somos nuestra verdad".
Ortega y Gasset
Cada palabra que pronuncio me abre y me expone, pero también me salva, porque en esa herida reconozco que estoy viva. Alejandra Pizarnik
A la espera de la oscuridad

Ese instante que no se olvida
Tan vacío devuelto por las sombras
Tan vacío rechazado por los relojes
Ese pobre instante adoptado por mi ternura
Desnudo desnudo de sangre de alas
Sin ojos para recordar angustias de antaño
Sin labios para recoger el zumo de las violencias
perdidas en el canto de los helados campanarios.

Ampáralo niña ciega de alma
Ponle tus cabellos escarchados por el fuego
Abrázalo pequeña estatua de terror.
Señálale el mundo convulsionado a tus pies
A tus pies donde mueren las golondrinas
Tiritantes de pavor frente al futuro
Dile que los suspiros del mar
Humedecen las únicas palabras
Por las que vale vivir.

Pero ese instante sudoroso de nada
Acurrucado en la cueva del destino
Sin manos para decir nunca
Sin manos para regalar mariposas
A los niños muertos.

Alejandra Pizarnik
"La ausencia termina por convertirse
en una presencia, la ausencia
termina por acompañarte".
Olga Orozco
"...Pero el corazón tiene su memoria y yo no olvidé nada..."

"La caída", 
Albert Camus

lunes, 30 de marzo de 2026

Tiempo de soledad

El tiempo de soledad es absolutamente esencial para el organismo humano. Muchas mujeres tenemos miedo de estar solas. Tenemos miedo de que si no hay alguien cerca, no haya ninguna presencia. Cuando hemos perdido la conciencia de nosotras mismas, intentamos llenar nuestro tiempo con trabajo, ocupaciones, comida y otras personas. Hemos estado asustadas de sondear nuestras propias profundidades. Nos ha dado miedo mirar adentro y encontrarnos con la posibilidad de que no hubiera nadie.
Pero cuando hemos tenido esta primera toma de conciencia de «redescubrir nuestro espíritu», sabemos que hay alguien ahí, dentro de nosotras, que merece la pena ser conocida.
No hay ningún medio de conocernos a nosotras mismas, a menos que tengamos tiempo de explorar solas.
Necesitamos proteger y nutrir nuestro tiempo de soledad, incluso cuando parece difícil.
Mi tiempo de soledad es esencial para mi espíritu como la comida, el sueño y el ejercicio lo son para mi cuerpo. Espero ser capaz de recordarlo.

Anne Wilson Schaef 
Meditaciones para mujeres que hacen demasiado

Arte: Dee Nickerson

Quebrada de las Golondrinas, Pasleam, San Juan

Quebrada de las Golondrinas, Pasleam,
San Juan

domingo, 29 de marzo de 2026

"Siempre hubo en mí, al menos, dos mujeres una mujer desesperada y perpleja que siente que se está ahogando y otra que salta a la acción, como si fuera un escenario, disimulando sus verdaderas emociones porque ellas son la debilidad, la impotencia, la desesperación y presenta al mundo sólo una sonrisa, ímpetu, curiosidad, entusiasmo, interés".

Anäis Nin, 
Diario
"Lo que una vez disfrutamos, nunca lo perdemos. Todo lo que amamos profundamente se convierte en parte de nosotros mismos".
Helen Keller
«El valor de las cosas no está en la duración, sino en la intensidad en la que suceden. Por eso hay momentos inolvidables, cosas inexplicables y personas incomparables». 

El libro del desasosiego,
Fernando Pessoa
Así sea
Blanca Varela

El día queda atrás,
apenas consumido y ya inútil.
Comienza la gran luz,
todas las puertas ceden ante un hombre
dormido,
el tiempo es un árbol que no cesa de crecer.

El tiempo,
la gran puerta entreabierta,
el astro que ciega.

No es con los ojos que se ve nacer
esa gota de luz que será,
que fue un día.

Canta abeja, sin prisa,
recorre el laberinto iluminado,
de fiesta.

Respira y canta.
Donde todo se termina abre las alas.
Eres el sol,
el aguijón del alba,
el mar que besa las montañas,
la claridad total,
el sueño.
"En verdad, muchas cosas dejaron de importarme. Y me alegro. Que me roben las maletas y yo pueda viajar con las manos libres".

Alejandra Pizarnik

sábado, 28 de marzo de 2026

Inquietud

No sé cómo decirte que temo suspirar y ser tormenta.

Laura Devetach,
Para que sepan de mí
Ilustración Jana Heidersdorf


Macachin, La Pampa

Macachin, La Pampa

«Yo soy, ante todo y sobre todo, un espíritu ilógico e inconcreto. No busco ni pruebas ni precisión en nada. Y lo que hago con más gusto es la poesía». 

Niebla,
Miguel de Unamuno
«Y de nuevo volvió a sentirse sola ante la presencia de su eterna antagonista: la vida.»
 
Virginia Woolf

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.
En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.
Una mujer morena,
resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.
Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma al oírte,
bata el espacio.
Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.
Es tu risa la espada
más victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.
La carne aleteante,
súbito el párpado,
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!
Desperté de ser niño.
Nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.
Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!
Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.
Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.
Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.

Miguel Hernández,
Nanas de la cebolla

viernes, 27 de marzo de 2026

Las huellas

A orillas de las aguas recogidas
en la luz regular del suelo unidas
como si juntas siempre caminaran,
solas, parecería que se amaran,
en la sal de la espuma con estrellas,
sobre la arena bajo el sol las huellas
de nuestros pies desnudos
tan lejanos, y mudos.
Dejando una promesa dibujada
nuestra voz entretanto ensimismada
se divide en el aire y atraviesa
la azul crueldad de la naturaleza
mientras solos cruzamos
la playa y nos hablamos.

Silvina Ocampo
La llave maestra

La luz de su cuarto me habla de él cuando no está,
me acompaña cuando tengo miedo,
y siempre tengo miedo porque soy valiente;
oye su paso sobre los mosaicos de la entrada
va a su encuentro cuando abre la puerta lentamente
cuando lo espero, y siempre lo espero;
lo mismo es para la luz eléctrica que para la luz del sol,
lo mismo para el sol que la luna o la estrella.
Un tapiz forma la luz complicada
es la vida y siempre la vida.
Si me quedara ciega la vería con mis patas
o tal vez con mi frente cuando llega.
El tapiz no lo forma la luz sino su llegada, el sonido
que cambia de oscuro en claro.
El tablero de la luz tiene varias llaves
pero una gobierna el resto:
se llama la llave maestra.
Del mismo modo el tablero de mi luz
tiene una sola llave que gobierna las otras
la llave que está en sus manos.
Apagaría todas las luces si quisiera
pero yo cierro los ojos para no ver
la oscuridad que podría ser luz
para no herirlo.

Silvina Ocampo
En tu jardín secreto hay mercenarias

En tu jardín secreto hay mercenarias
dulzuras, ávidas proclamaciones,
crueldades con sutiles corazones,
hay ladrones, sirenas legendarias.

Hay bondades en tu aire, solitarias
multiplican arcanas perfecciones.
Se ahondan en angostos callejones,
tus árboles con ramas arbitrarias.

Alguna vez oí el chirrido frío
de un portón que al cerrarse me dejaba
prisionera, perdida, siempre esclava

de tu felicidad que junto a un río
bajaba entre las frondas a un abismo
de intermitente luz, con tu exorcismo.

Silvina Ocampo
Diálogo

Te hablaba del jarrón azul de loza,
de un libro que me habían regalado,
de las Islas Niponas, de un ahorcado,
te hablaba, qué sé yo, de cualquier cosa.

Me hablabas de los pampas grass con plumas,
de un pueblo donde no quedaba gente,
de las vías cruzadas por un puente,
de la crueldad de los que matan pumas.

Te hablaba de una larga cabalgata,
de los baños de mar, de las alturas,
de alguna flor, de algunas escrituras,
de un ojo en un exvoto de hojalata.

Me hablabas de una fábrica de espejos,
de las calles más íntimas de Almagro,
de muertes, de la muerte de Meleagro.
No sé por qué nos íbamos tan lejos.

Temíamos caer violentamente
en el silencio como en un abismo
y nos mirábamos con laconismo
como armados guerreros frente a frente.

Y mientras proseguían los catálogos
de largas, toscas enumeraciones,
hablábamos con muchas perfecciones
no sé en qué aviesos, simultáneos diálogos.

Silvina Ocampo
Al rencor

No vengas, te conjuro, con tus piedras;
con tu vetusto horror con tu consejo;
con tu escudo brillante con tu espejo;
con tu verdor insólito de hiedras.

En aquel árbol la torcaza es mía;
no cubras con tus gritos su canción;
me conmueve, me llega al corazón,
repudia el mármol de tu mano fría.

Te reconozco siempre. No, no vengas.
Prometí no mirar tu aviesa cara
cada vez que lloré sola en tu avara
desolación. Y si de mí te vengas,

que épica sea al menos tu venganza
y no cobarde, oscura, impenitente,
agazapada en cada sombra ausente,
fingiendo que jamás hiere tu lanza.

Entre rosas, jazmines que envenenas,
¿por qué no te ultimé yo en mi otra vida?
Haz brotar sangre al menos de mi herida,
que estoy cansada de morir apenas.

Silvina Ocampo
¿Cuál es el propósito de mi vida y qué voy a hacer con ella?  
No lo sé y me asusta. Nunca consigo leer todos los libros que desearía, ni ser toda la gente que querría, ni vivir todas las vidas que me gustaría. Jamás tendré todas las destrezas que querría tener. Pero ¿por qué lo deseo tanto? Desearía vivir y sentir todos los matices, todos los tonos y las variaciones posibles de la experiencia mental y física, pero me siento terriblemente limitada.  

Sylvia Plath
Acuérdate:

El amor es calientito, 
suavecito, riega y florece.

No marchita, no consume, 
no angustia.

El amor se trabaja,
pero no cuesta trabajo.

Acuérdate de eso.
"Llorar alivia el alma de toda tristeza, pero
¿Qué pasa cuando las lágrimas no caen?
Hay un tipo de tristeza que no te hace llorar.
Es como una pena que te vacía por dentro y te deja pensando en todo y en nada a la vez, como si ya no fueras tú, como si te hubiesen rotó una parte de tu alma"

Charles Bukowski
VII.

Cada vez que te dejo retengo en mis ojos el resplandor de tu última mirada. Y, entonces, corro a encerrarme, apago las luces, evito todo ruido para que nada me robe un átomo de la substancia etérea de tu mirada, su infinita dulzura, su límpida timidez, su fino arrobamiento. Toda la noche, con la yema rosada de los dedos, acaricio los ojos que te miraron.

Poemas de amor,
Alfonsina Storni 
“Lo que siente nunca dura, lo que siente siempre acaba, y puede no volver nunca. Se encarniza entonces sobre el momento, se traga el fuego, y el fuego dulce arde, arde, flamea. Entonces, ella, que sabe que todo va a acabar, toma la mano libre del hombre, y la enlaza con la suya, ella dulce arde, arde, flamea”.

Clarice Lispector
"La mitad de la belleza depende del paisaje... la otra mitad , de la persona que lo mira".
Lin Yutang
📷Koschi Verocska

Decir, hacer

Octavio Paz

Entre lo que veo y digo,
Entre lo que digo y callo,
Entre lo que callo y sueño,
Entre lo que sueño y olvido
La poesía.
Se desliza entre el sí y el no:
dice
lo que callo,
calla
lo que digo,
sueña
lo que olvido.
No es un decir:
es un hacer.
Es un hacer
que es un decir.
La poesía
se dice y se oye:
es real.
Y apenas digo
es real,
se disipa.
¿Así es más real?
Idea palpable,
palabra
impalpable:
la poesía
va y viene
entre lo que es
y lo que no es.
Teje reflejos
y los desteje.
La poesía
siembra ojos en las páginas
siembra palabras en los ojos.
Los ojos hablan
las palabras miran,
las miradas piensan.
Oír
los pensamientos,
ver
lo que decimos
tocar
el cuerpo
de la idea.
Los ojos
se cierran
Las palabras se abren.






“Me has quitado el demonio de la tristeza y el del desaliento; me has quitado esa oscuridad que yo tenía siempre enfrente de mí y me has hecho menos dolorosa la vida. no te amo por nada, sino por eso, porque has sabido ser maravilloso para mí”.

Cartas de Juan Rulfo a Clara

La Buitrera, Bariloche

La Buitrera, Bariloche
Arroyo Felipe, Delta de Tigre 

jueves, 26 de marzo de 2026

Las primeras horas de la mañana, 
el aire fresco, limpio, el olor del café, la locura de los pájaros, como si la vida te dijera; "mira, estoy aquí, vuelve a intentarlo".

Ilustración Nga Phan
Llega un momento
en que un alma se cansa
de explicar su dolor.
Entonces va en silencio
al campo,
al viento,
a la vieja luz de arriba,
y se sienta
donde la tierra aún sabe
escuchar.

Nuestros ancestros comprendieron
que la sanación no siempre es ruidosa.
No siempre llega
con respuestas,
ni con manos
que intentan recomponer tu dolor.

A veces, la sanación
es solo esto:
Un lugar suave donde descansar.
Un cielo que no te juzga.
Una luna que permanece
incluso cuando no tienes palabras.
Observa con atención.
Hasta las flores
enseñan.
No florecen
porque la vida haya sido fácil.
Florecen
porque recuerdan
para qué fueron creadas.

Tú también.
No fuiste creado
solo para sobrevivir
a lo que te hirió.
Fuiste creado
para conservar tu ternura.
Para conservar tus oraciones.
Para mantener viva una pequeña llama
a través de las estaciones
que intentaron enfriarte.

No te apresures
porque el mundo
es impaciente.
El corazón tiene sus propias estaciones.
El espíritu tiene su propio ritmo.
Lo sagrado
nunca se fuerza.

Si debes sentarte a solas,
siéntate sin vergüenza.
La soledad no es vacío.
A menudo es donde
el Creador habla
con mayor claridad.
Si debes empezar de nuevo,
empieza con suavidad.
Un río no se odia a sí mismo
por fluir lentamente.
Una semilla no se disculpa
por necesitar tierra oscura
antes de brotar.

Recuerda esto.
La paz no es debilidad.
La quietud no es rendición.
Y la suavidad
no es algo que
el mundo cruel
te pueda arrebatar.
Siéntate con la luna.
Siéntate con tus recuerdos.
Siéntate con la parte de ti
que aún está en formación.

Un día,
lo que parecía roto
se convertirá en sabiduría.
Lo que parecía vacío
se convertirá en oración.
Lo que parecía un final
se convertirá en tierra fértil
donde florece nueva belleza.

Pamela Maguire Smith
Ilustración tomado de la web

miércoles, 25 de marzo de 2026

“Escribo para encontrar mi voz en el silencio, para hacer de mis palabras mi único refugio en un mundo que no entiende mi locura.”

-Alejandra Pizarnik
"Se llama nostalgia, y sirve para recordarnos que, por suerte, también somos frágiles."

Cesare Pavese
"Hay quien cruza el bosque y sólo ve leña para el fuego"

León Tolstoi
"Sueño con el aislamiento. Yo sola, cerca del mar. Sola. Absolutamente sola. Ésta es mi imagen de la felicidad".

Alejandra Pizarnik