jueves, 5 de marzo de 2026

"...Y quién no tiene un amor?
¿Y quién no goza entre amapolas?…»
AP

«Caminos del espejo«
I
Y sobre todo mirar con inocencia. Como si no pasara nada, lo cual es cierto.

II
Pero a ti quiero mirarte hasta que tu rostro se aleje de mi miedo como un pájaro del borde
filoso de la noche.

III
Como una niña de tiza rosada en un muro muy viejo súbitamente borrada por la lluvia.

IV
Como cuando se abre una flor y revela el corazón que no tiene.

V
Todos los gestos de mi cuerpo y de mi voz para hacer de mí la ofrenda, el ramo que abandona
el viento en el umbral.

VI
Cubre la memoria de tu cara con la máscara de la que serás y asusta a la niña que fuiste.

VII
La noche de los dos se dispersó con la niebla. Es la estación de los alimentos fríos.

VIII
Y la sed, mi memoria es de la sed, yo abajo, en el fondo, en el pozo, yo bebía, recuerdo.

IX
Caer como un animal herido en el lugar que iba a ser de revelaciones.

X
Como quien no quiere la cosa. Ninguna cosa. Boca cosida. Párpados cosidos. Me olvidé.
Adentro el viento. Todo cerrado y el viento adentro.

XI
Al negro sol del silencio las palabras se doraban.

XII
Pero el silencio es cierto. Por eso escribo. Estoy sola y escribo. No, no estoy sola.
Hay alguien aquí que tiembla.

XIII
Aun si digo sol y luna y estrella me refiero a cosas que me suceden. ¿Y qué deseaba yo?
Deseaba un silencio perfecto.
Por eso hablo.

XIV
La noche tiene la forma de un grito de lobo.

XV
Delicia de perderse en la imagen presentida. Yo me levanté de mi cadáver, yo fui en busca de quien soy.
Peregrina de mí, he ido hacia la que duerme en un país al viento.

XVI
Mi caída sin fin a mi caída sin fin en donde nadie me aguardó pues al mirar quién me aguardaba
no vi otra cosa que a mí misma.

XVII
Algo caía en el silencio. Mi última palabra fue yo pero me refería al alba luminosa.

XVIII
Flores amarillas constelan un círculo de tierra azul. El agua tiembla llena de viento.

XIX
Deslumbramiento del día, pájaros amarillos en la mañana. Una mano desata tinieblas, una mano arrastra
la cabellera de una ahogada que no cesa de pasar por el espejo. Volver a la memoria del cuerpo,
he de volver a mis huesos en duelo, he de comprender lo que dice mi voz.

Alejandra Pizarnik
A ti, que fuiste el lugar del amor
Y yo caminaría por todos los desiertos de este mundo
y aun muerta te seguiría buscando,
a ti, que fuiste el lugar del amor…
Alejandra Pizarnik

A ti, que alumbraste cada objeto que el mar cubrió incesante

Hasta dar una rama de manos que el oleaje duda cada estruendo

A ti, que en el rasguño del resucitado o en el alarido de quien se salva de una improbable pesadilla

Has despertado

Luego de todo

Luego de que la furia ya no sirve más que para envejecer

Primero que nuestros enemigos

A ti, que en el votivo olor de las rosas amargas

Maquinas un pequeño alumbramiento que deja caer un grano como un mundo

A ti,

Que te levantas a pesar de mil caídas juntas que jamás se vuelven a tropezar contra el polvo de la loca muchedumbre

Por una masa junta que la envidia no pueda derrocar

Por una morena a quien hay que venerar hasta la demencia

Porque sólo ella nos habría de salvar en las peores tempestades

Juntos en el oleaje a ultramar

En la vil batalla por ser lo soñado

Que más no se recuerda

Como lo que somos

Mientras una casa se espabila contra los muros

Mientras una cantinela sucede mientras llegamos tarde

Y no somos más que el instante que se pierde

Así el gas que ya no nos encuentra

Así el ladrido que avanza

Así en ti es el rezo que sana con ternura

En la medida de los brazos que el dolor excomulga

Y sabrás que la excusa de siempre

A pesar de todo

Y en la medida en que nos juntemos

Para resguardar el nombre de los hombres

Que ya no cierran el peso de la luz

Para que la mar se junte

Para que se abran los brazos

Hacia la pura luz,

A ti,

Acompañándote

Un suicida resplandor (inédito)

Alejandra Pizarnik
EL SUEÑO DE LA MUERTE O EL LUGAR
DE LOS CUERPOS POÉTICOS

            Esta noche, dijo, desde el ocaso, me
                                              cubrían con una
            mortaja negra en un lecho de cedro.
             Me escanciaban vino azul mezclado
                                                 con amargura.
        EL CANTAR DE LAS HUESTES DE ÍGOR

 

Toda la noche escucho el llamamiento de la muerte, toda la noche escucho el canto de la muerte junto al río, toda la noche escucho la voz de la muerte que me llama.

Y tantos sueños unidos, tantas posesiones, tantas inmersiones, en mis posesiones de pequeña difunta en un jardín de ruinas y de lilas. Junto al río la muerte me llama. Desoladamente desgarrada en el corazón escucho el canto de la más pura alegría.

Y es verdad que he despertado en el lugar del amor porque al oír su canto dije: es el lugar del amor. Y es verdad que he despertado en el lugar del amor porque con una sonrisa de duelo yo oí su canto y me dije: es el lugar del amor (pero tembloroso pero fosforescente).

Y las danzas mecánicas de los muñecos antiguos y las desdichas heredadas y el agua veloz en círculos, por favor, no sientas miedo de decirlo: el agua veloz en círculos fugacísimos mientras en la orilla el gesto detenido de los brazos detenidos en un llamamiento al abrazo, en la nostalgia más pura, en el río, en la niebla, en el sol debilísimo filtrándose a través de la niebla.

Más desde adentro: el objeto sin nombre que nace y se pulveriza en el lugar en que el silencio pesa como barras de oro y el tiempo es un viento afilado que atraviesa una grieta y es esa su sola declaración. Hablo del lugar en que se hacen los cuerpos poéticos -como un cesta llena de cadáveres de niñas. Y es en ese lugar donde la muerte está sentada, viste un traje muy antiguo y pulsa un arpa en la orilla del río lúgubre, la muerte en un vestido rojo, la bella, la funesta, la espectral, la que toda la noche pulsó un arpa hasta que me adormecí dentro del sueño.

¿Qué hubo en el fondo del río? ¿Qué paisajes se hacían y deshacían detrás del paisaje en cuyo centro había un cuadro donde estaba pintada una bella dama que tañe un laúd y canta junto a un río? Detrás, a pocos pasos, veía el escenario de cenizas donde representé mi nacimiento. El nacer, que es un acto lúgubre, me causaba gracia. El humor corroía los bordes reales de mi cuerpo de modo que pronto fui una figura fosforescente: el iris de un ojo lila tornasolado; una centelleante niña de papel plateado a medias ahogada dentro de un vaso de vino azul. Sin luz ni guía avanzaba por el camino de las metamorfosis. Un mundo subterráneo de criaturas de formas no acabadas, un lugar de gestación, un vivero de brazos, de troncos, de caras, y las manos de los muñecos suspendidas como hojas de los fríos árboles filosos aleteaban y resonaban movidas por el viento, y los troncos sin cabeza vestidos de colores tan alegres danzaban rondas infantiles junto a un ataúd lleno de cabezas de locos que aullaban como lobos, y mi cabeza, de súbito, parece querer salirse ahora por mi útero como si los cuerpos poéticos forcejearan por irrumpir en la realidad, nacer a ella, y hay alguien en mi garganta, alguien que se estuvo gestando en soledad, y yo, no acabada, ardiente por nacer, me abro, se me abre, va a venir, voy a venir. El cuerpo poético, el heredado, el no filtrado por el sol de la lúgubre mañana, un grito, una llamada, una llamarada, un llamamiento. Sí. Quiero ver el fondo del río, quiero ver si aquello se abre, si irrumpe y florece del lado de aquí, y vendrá o no vendrá pero siento que está forcejeando, y quizás y tal vez solamente la muerte.

La muerte es una palabra.

La palabra es una cosa, la muerte es una cosa, es un cuerpo poético que alienta en el lugar de mi nacimiento.

Nunca de este modo lograrás circundarlo. Habla, pero sobre el escenario de cenizas; habla, pero desde el fondo del río donde está la muerte cantando. Y la muerte es ella, me lo dijo el sueño, me lo dijo la canción de la reina. La muerte de cabellos del color del cuervo, vestida de rojo, blandiendo en sus manos funestas un laúd y huesos de pájaro para golpear en mi tumba, se alejó cantando y contemplada de atrás parecía una vieja mendiga y los niños le arrojaban piedras.

Cantaba en la mañana de niebla apenas filtrada por el sol, la mañana del nacimiento, y yo caminaría con una antorcha en la mano por todos los desiertos de este mundo y aún muerta te seguiría buscando, amor mío perdido, y el canto de la muerte se desplegó en el término de una sola mañana, y cantaba, y cantaba.

También cantó en la vieja taberna cercana del puerto. Había un payaso adolescente y yo le dije que en mis poemas la muerte era mi amante y amante era la muerte y él dijo: tus poemas dicen la justa verdad. Yo tenía dieciséis años y no tenía otro remedio que buscar el amor absoluto. Y fue en la taberna del puerto que cantó la canción.

Escribo con los ojos cerrados, escribo con los ojos abiertos: que se desmorone el muro, que se vuelva río el muro.

La muerte azul, la muerte verde, la muerte roja, la muerte lila, en las visiones del nacimiento.

El traje azul y plata fosforescente de la plañidera en la noche medieval de toda muerte mía.

La muerte está cantando junto al río.

Y fue en la taberna del puerto que cantó la canción de la muerte.

Me voy a morir, me dijo, me voy a morir. Al alba venid, buen amigo, al alba venid.

Nos hemos reconocido, nos hemos desaparecido, amigo el que yo más quería.

Yo, asistiendo a mi nacimiento. Yo, a mi muerte.

Y yo caminaría por todos los desiertos de este mundo y aún muerta te seguiría buscando, a ti, que fuiste el lugar del amor.

 
Alejandra Pizarnik,
Extracción de la piedra de locura, 1968

Albert Camus

Su maestro le dio libros cuando en su casa no había ninguno. Más de veinte años después, ganó el Premio Nobel y le escribió una carta: «Usted es una de las razones por las que estoy aquí».
7 de noviembre de 1913. Mondovi, Argelia.
Albert Camus nació en una pobreza de esas que suelen borrar el futuro antes de que empiece.
Su padre, Lucien, era un trabajador agrícola casi sin instrucción en la Argelia colonial francesa. Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, fue movilizado y enviado al frente. El 11 de octubre de 1914, Lucien Camus murió por las heridas sufridas en la batalla del Marne. Albert tenía once meses. Nunca llegaría a conocer de verdad el rostro de su padre.
Su madre, Catherine, se quedó sola con dos niños pequeños, sin dinero y con muy pocas opciones. Era parcialmente sorda y no sabía leer ni escribir. Para evitar que sus hijos pasaran hambre, aceptó el único trabajo que encontraba: limpiar casas de familias acomodadas.
Cada día, Catherine fregaba suelos en hogares donde había más libros en una habitación que los que ella había visto en toda su vida. Luego regresaba a un pequeño apartamento en Belcourt, uno de los barrios más pobres de Argel, donde vivía con sus hijos, su madre autoritaria y su hermano, que tenía una discapacidad.
Sin agua corriente. Sin baño dentro de casa. Y sin libros.
Albert Camus creció en el silencio. Su madre hablaba poco. Nunca había suficiente comida, nunca había suficiente espacio, nunca había suficiente de nada.
Por casi cualquier medida que importara en la Argelia colonial de los años veinte, Albert Camus parecía no tener futuro.

Con diez años, Albert se sentó en un aula abarrotada de la escuela comunal, una escuela pública primaria para hijos de familias trabajadoras.
Era callado. Observador. Menudo para su edad. Llevaba la misma ropa gastada semana tras semana. Sus compañeros se parecían mucho a él: niños pobres con un porvenir que parecía ya escrito, entre trabajos duros y vidas estrechas.
Para muchos, la escuela terminaba muy pronto. Después tocaba ponerse a trabajar.
Pero un maestro vio algo.
Louis Germain era un hombre serio y delgado que creía que la inteligencia no dependía del dinero. Había dedicado su vida a enseñar a niños pobres y había aprendido a reconocer a quienes podían salir adelante si alguien les daba una oportunidad.
Albert Camus era uno de ellos.
El niño casi no hablaba, pero cuando escribía, sus frases tenían una claridad que impresionó a Germain. Entonces tomó una decisión: ayudaría a ese niño.

Germain dedicó tiempo extra a Albert después de clase, sin cobrar nada. Lo preparó en lengua, literatura, matemáticas y en todo lo que necesitaba para presentarse al examen de beca que le permitiría entrar en el liceo.
Pero el verdadero obstáculo no era la capacidad de Albert. Era su familia.
Catherine necesitaba que su hijo trabajara. En cuanto fuera un poco mayor, podría aportar dinero a casa.
Louis Germain fue hasta el apartamento de Belcourt para hablar con ellos.
Se plantó en aquel espacio pequeño y oscuro, con las paredes gastadas y el peso de la pobreza en el ambiente, e intentó convencer a una madre casi sorda que no sabía leer y a una familia que veía la escuela como un lujo imposible.
Les dijo, en esencia: «Su hijo tiene talento. Si sigue estudiando, su vida puede ser distinta. Déjenme ayudarlo».
Catherine miró a aquel maestro que no tenía ninguna obligación de preocuparse por su hijo. No entendía del todo por qué insistía tanto.
Y dijo que sí.

En 1924, con apenas diez años, Albert se presentó al examen de beca para entrar en el liceo de Argel. Lo aprobó.
Se convirtió en uno de los pocos niños pobres de la Argelia colonial que lograron pasar a la enseñanza secundaria. La mayoría de sus nuevos compañeros procedían de familias con más recursos. Albert era el hijo de una mujer que limpiaba casas.
Vestía ropa usada. Apenas podía permitirse lo necesario. Pero estudió con una intensidad feroz porque entendía algo esencial: Louis Germain le había abierto una salida, y si fracasaba, esa puerta podía cerrarse para siempre.
Albert no fracasó.
Descubrió la filosofía, la literatura y el teatro. Leyó a Gide, Malraux y Dostoievski, autores que abordaban las mismas preguntas que lo acompañaban desde niño: ¿qué es la justicia?, ¿por qué existe el sufrimiento?, ¿cómo se vive en un mundo que no siempre tiene sentido?
Pero nunca olvidó de dónde venía. Cada día regresaba a Belcourt, al apartamento silencioso donde su madre seguía fregando suelos.

A los 17 años, Camus contrajo tuberculosis. Estuvo a punto de morir. Sobrevivió, pero la enfermedad le dejó secuelas en los pulmones y la conciencia de que su tiempo podía ser breve.
Eso lo cambió todo. Se obsesionó con una pregunta: si la vida es corta y no ofrece respuestas fáciles, ¿cómo se vive con dignidad?
Esas preguntas marcarían toda su obra.
En sus veinte años, Camus fue periodista y después novelista. Escribió El extranjero, sobre el absurdo de la existencia. Escribió La peste, una reflexión sobre cómo los seres humanos responden al sufrimiento que no controlan. Escribió El mito de Sísifo, donde sostuvo que la falta de sentido no obliga a la desesperación.
Camus se hizo famoso en todo el mundo. Sus libros vendieron millones de ejemplares. Intelectuales de todas partes discutían sus ideas.
Y en 1957, con 44 años, Albert Camus ganó el Premio Nobel de Literatura.

Estocolmo, diciembre de 1957.
Albert Camus subió al estrado para recibir uno de los mayores honores de la literatura. Era uno de los ganadores más jóvenes del premio. La ceremonia fue solemne: con presencia de la realeza, trajes de gala y discursos en varias lenguas.
Pero antes de esa ceremonia, tras conocer la noticia del Nobel, hizo algo que decía mucho más sobre él que cualquier discurso.
No escribió primero a su editor. No escribió primero a los críticos. Escribió a Louis Germain, su maestro de primaria en Belcourt.
La carta, fechada el 19 de noviembre de 1957, decía en esencia:
«Querido señor Germain: he dejado que se calme un poco el ruido a mi alrededor antes de hablarle desde el fondo de mi corazón. Acaban de concederme un honor demasiado grande, que no busqué. Pero cuando supe la noticia, después de mi madre, pensé en usted. Sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que yo era, sin su enseñanza y su ejemplo, nada de esto habría ocurrido. Esta distinción me da al menos la ocasión de decirle lo que usted ha sido y sigue siendo para mí, y de asegurarle que sus esfuerzos y su generoso corazón siguen vivos en uno de sus escolares, que nunca ha dejado de ser su alumno agradecido. Lo abrazo con toda mi alma. Albert Camus».
Louis Germain, ya mayor y retirado, recibió aquella carta profundamente emocionado.
Había pasado su vida enseñando a niños pobres que, en muchos casos, desaparecían en la dureza del trabajo y el anonimato. Y uno de ellos, un niño silencioso de Belcourt, acababa de ganar el Nobel y lo reconocía como una figura decisiva.

Albert Camus murió tres años después, el 4 de enero de 1960, en un accidente de coche, a los 46 años.
Estaba en la cima de su fama. Todavía tenía libros por escribir e ideas por desarrollar. Pero una carretera francesa puso fin a todo.
En el abrigo llevaba un billete de tren sin usar: en un principio pensaba viajar en tren, pero aceptó ir por carretera con un amigo. Una elección mínima. Una muerte absurda, del tipo de ironía que había atravesado toda su obra.
Pero esto fue lo que quedó:
Sus libros, que siguen influyendo en la forma en que pensamos sobre el sentido, la moral y la rebelión.
Sus ideas sobre lo absurdo: que la vida no trae un significado garantizado, pero aun así puede vivirse con dignidad y lucidez.
Y aquella carta a Louis Germain, convertida con el tiempo en una de las más recordadas de la historia literaria.

Louis Germain le dio a Albert Camus algo más valioso que unos libros.
Le dio permiso para creer que la pobreza no definía su inteligencia ni su destino. Que el hijo de una mujer que limpiaba casas podía pensar, escribir e importar. Que el talento no era un privilegio reservado a los ricos, sino algo que también podía aparecer en un niño callado, sentado al fondo de un aula abarrotada en uno de los barrios más pobres de la Argelia colonial.
Germain murió en 1965, cinco años después de Camus. Alcanzó a ver cómo aquel alumno se convertía en una figura inmortal de la literatura.
En su casa no había libros. Su madre no sabía leer. Su futuro parecía destinado al trabajo más duro. Entonces un maestro se fijó en él, y más de veinte años después, ganó el Premio Nobel.

Fuente: Fundación Nobel ("Albert Camus, Premio Nobel de Literatura 1957", 1957)

miércoles, 4 de marzo de 2026

Desde el tiempo de mi niñez, no he sido
como otros eran, no he visto
como otros veían, no pude sacar
mis pasiones desde una común primavera.
De la misma fuente no he tomado
mi pena; no se despertaría
mi corazón a la alegría con el mismo tono;
y todo lo que quise, lo quise solo.
Entonces -en mi niñez- en el amanecer
de una muy tempestuosa vida, se sacó
desde cada profundidad de lo bueno y lo malo
el misterio que todavía me ata:
desde el torrente o la fuente,
desde el rojo peñasco de la montaña,
desde el sol que alrededor de mí giraba
en su otoño teñido de oro,
desde el rayo en el cielo
que pasaba junto a mí volando,
desde el trueno y la tormenta,
y la nube que tomó la forma
(cuando el resto del cielo era azul)
de un demonio ante mi vista.

Solo,
Edgar Alan Poe
La relación entre la mujer y las plantas suculentas y cactus es mucho más que un simple vínculo hortícola. Encierra una dimensión profunda, en la intersección de lo filosófico, lo psicológico, lo sociológico y lo científico.

Filosóficamente, estas plantas simbolizan la resiliencia y la fuerza interior – cualidades que a menudo se asocian con la feminidad. Así como un cactus florece en ambientes áridos, la mujer encarna la capacidad de superar obstáculos, preservando su dulzura interior a pesar de las espinas de la vida. La relación con estas plantas se convierte entonces en una metáfora de la vida misma, una celebración de la tenacidad y la belleza que emergen de los desafíos.

En el plano psicológico, cuidar de las suculentas y los cactus puede actuar como un verdadero refugio para la mujer. Estas plantas, por su sencillez de mantenimiento y su presencia apacible, favorecen la reducción del estrés, estimulan la serenidad y refuerzan el sentimiento de logro y autonomía. Cultivar estas plantas se convierte en una forma de terapia suave que mejora la salud mental y emocional.

Desde un punto de vista sociológico, estas plantas se han convertido en símbolos de tendencias actuales donde la naturaleza y la ecología se entrelazan con el estilo de vida urbano. La creciente popularidad de las suculentas entre las mujeres ilustra una conexión reencontrada con la naturaleza, un espacio de afirmación personal y expresión identitaria. Se convierten en una forma para que las mujeres construyan un entorno personal y social lleno de sentido, combinando dulzura, fuerza y estética.

Desde el enfoque científico, las suculentas y los cactus presentan beneficios medibles para el bienestar. Mejoran la calidad del aire interior, aumentan la productividad y su cuidado estimula el compromiso y la atención. Diversos estudios muestran que la presencia de plantas en el ambiente reduce la presión arterial y los niveles de ansiedad, revelando así un vínculo concreto entre biología y psicología.

Esta relación múltiple entre la mujer y las plantas suculentas y cactus es, por lo tanto, rica en significado y beneficios, en la encrucijada de conocimientos y sensibilidades, una fuente inagotable de inspiración para todas aquellas que encuentran en ellas un reflejo íntimo.

Alejandra Pizarnik

Cuesta del Obispo, Salta

Cuesta del Obispo, Salta
"Puede uno amar sin ser feliz; puede uno ser feliz sin amar; pero amar y ser feliz es algo prodigioso".
Honoré De Balzac

San Isidro, Salta

San Isidro, Salta
LAS GUERRAS MIENTEN

"Las guerras mienten. Ninguna guerra tiene la honestidad de confesar 
yo mato para robar. Las guerras siempre invocan nobles motivos: matan en nombre de la paz, en nombre de la civilización, en nombre del progreso, en nombre de la democracia y por las dudas, si tanta mentira no alcanzara, ahí están los medios de comunicación dispuestos a inventar enemigos imaginarios para justificar la conversión del mundo en un gran manicomio y un inmenso matadero".
-  Eduardo Galeano

lunes, 2 de marzo de 2026

«De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y de la imaginación.»

Jorge Luis Borges
LOS AMIGOS

No pueden impedir que uno sufra. No pueden garantizar que uno sea feliz. No pueden reemplazar a la madre ni al padre. No pueden confundirse con el amante ni con el hijo. No evitan que uno cometa errores, ni aciertan siempre en celebrar a tiempo el verdadero triunfo sobre uno mismo.
No impiden que el dolor duela, ni aseguran que el amor ame.
No detienen el tiempo ni sus deterioros.
No apresuran el equilibrio ni sus armonías.
No están siempre que hacen falta, ni se van solo cuando uno está preparado para la soledad.
No colman todas las posibilidades de la sed, ni se privan de despertar otras nuevas...
Los amigos solamente hacen que el espejo nos devuelva la imagen de alguien capaz de ser amado por alguien a quien ama.
Los amigos solamente hacen que la vida valga la pena de ser vivida.

— Aída Bortnik
📷 Cantina “Los tres amigos” en la calle Necochea del barrio de la Boca, una noche de 1963.

Retiro, Buenos Aires

Retiro, Buenos Aires 
"En el amor todo es actividad. Y en lugar de consistir en que el objeto venga a mí, como lo es el deseo, soy yo quien va al objeto y estoy en él. En el acto amoroso, la persona sale fuera de sí: es tal vez el máximo ensayo que la Naturaleza hace para que cada cual salga de sí mismo hacia otra cosa".

— José Ortega y Gasset, Estudios sobre el amor (fragm)
"Tenía la ternura torpe de
quien nunca ha sido amado
y debe improvisar"...
 Isabel Allende
"He dejado de acordarme de lo que ayer ocurrió y de preguntarme qué ocurrirá mañana. Lo que ocurre hoy, en el minuto presente, es lo que me interesa".

Nikos Kazantzakis
🎨 Snehal p.
"Aprendí que las personas olvidarán lo que dijiste, olvidarán lo que hiciste, pero las personas nunca olvidarán cómo las hiciste sentir". 
Maya Angelou
📷Elliot Erwitt
No... No vuelvas donde un día fuiste feliz. Es una trampa de la melancolía. Todo habrá cambiado y ya nada será igual, ni tan siquiera tu.
     No intentes buscar los mismos paisajes, ni a las mismas personas. No estarán...
     El tiempo juega sucio y se habrá encargado de cambiar todo aquello que un día te hizo feliz.
No regreses al lugar donde un día fuiste feliz. Retenlo siempre en tu memoria tal como era, pero no regreses.
     No vuelvas al pasado, ya lo conoces, la vida sigue y hay nuevos caminos por recorrer, nuevos lugares que visitar y otras personas que nos esperan...

domingo, 1 de marzo de 2026

Minotauro
.
No quiero llanto, no quiero imágenes, solamente olvido. Y entonces seré más yo. En la crecida noche de la raza, sustancia innominable y duradera. ¡Oh delicada sangre que renuncia!  Miradle, su manantial ya ajeno, ya no mío. Infinitas estrellas parecen alentar en su movimiento, naciendo y dispersándose en la granada temblorosa. Así quiero acceder al sueño de los hombres, su cielo secreto y sus estrellas remotas, esas que se invocan cuando el alba y el destino están en juego. Mírame morir y olvida.

Julio Cortázar,
Los Reyes.
Siempre me pregunto por qué los pájaros eligen quedarse en un mismo lugar, pudiendo volar a cualquier lugar de la tierra. Entonces me hago a mí esa misma pregunta. 

Harum Yahya

Emociones

Antes de morirme otra vez.
Quiero llenar el cielo con flores.
Llorar salado.
Sabiendo que después de tanto.
Nunca estarás a mi lado.

Antes de pisar estrellas que dejaron de brillar desde aquella noche. 
Quiero rogarle a mi boca, que sólo pronuncie oraciones y deje encerrado el retrato que contiene tu broche.

Las flores me devolvieron tus caricias.
El deseo. El valor. Derroche.
Y me trasladan a todas aquellas veces que me abrazabas de noche.

Rezar para adentro.
Que nunca te hubieras ido.
Aún sabiendo en silencio.
Lo bueno de habernos vivido. 
Lo sentido.
Lo sufrido.
Tu latido.
Y la cicatriz que aún me duele en la lengua.
De saber que no me has elegido.

Te deseo que toques tu alma con la palma de tus manos. Que persignes tus deseos y acaricies con esmero como hacías con mi espalda.

Que a ella la llenes también de besos.
Sin herirle la garganta con mentiras. 
Que vuele, que sea libre, que baile y que decida...
Y que nunca conozca tu ira.

Antes de morirme otra vez, quiero mirarte a los ojos desde lejos. A distancia. 
Para verte así pequeño. Desprovisto de toda arrogancia. 

Vete pronto. 
Vete bien.

Me quedo descosiendo lana púrpura de todo  aquello que íbamos a ser.
Palpando mis raíces para volver a renacer.

Me quedo escribiendo.
Por tantas cosas que merecimos.
Dejo tus últimas palabras escondidas. 
Allá dónde se nos hizo de día.
Allá dónde me di por vencida.
Allá dónde me morí y te prometí que tu historia ya no sería mía.
"Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.
Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.
Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.
Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.
Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas".

"Itaca", 
Constantinos Kavafis
“No sé si es importante, pero nunca es demasiado tarde para ser quienes queremos ser. No hay límite en el tiempo, puedes empezar cuando quieras. Puedes cambiar o seguir siendo el mismo. No hay reglas para tal cosa. Podemos aprovechar oportunidades o echar todo a perder. Espero que hagas lo mejor. Espero que veas cosas que te asombren. Espero que sientas cosas que nunca sentiste antes. Espero que conozcas a gente con un punto de vista diferente. Espero que vivas una vida de la que estés orgullosa. Y si te das cuenta de que no es así, espero que tengas el valor de empezar de cero.”

"El curioso caso de Benjamin Button", Francis Scott Fitzgerald
📷Bert Hardy
“No me prendo a nada que me defina, soy compañía más puedo ser soledad, tranquilidad e inconstancia, piedra y corazón. Soy abrazos y sonrisas, buen humor, sarcasmo, pereza y sueño. Soy música alta y silencio, seré lo que tu quieras más sólo cuando yo quiera. No me limito, no soy”.
Clarice Lispector
—¿Por qué duermes tanto? - preguntó el corazón
—Porque cuando duermo, dejo de pensar en lo que tú sientes — respondió el cerebro-
Y así, por unas horas, sueño contigo ❣️

¡¡Por favor, adopta y cuida con mucho amor!!
¿Alguien sabe cómo se quita el dolor del alma y el sabor del desencuentro?

¿Alguien sabe?
... cómo se puede volver a sonreír con  el alma, después de que el mundo se desmoronara una mañana fría de jueves.
"Un corazón se rompe más silenciosamente que un vaso de vidrio, no causa el estruendo con que se despide de la vida un objeto: se va en silencio al desaparecer. Deja estupefacción porque ya no es lo que era, ya no es lo que iba a ser".
Rosa Chacel
Cuanto más inteligente eres, menos toleras compañías ruidosas, 
chats estériles, salidas forzadas.
No es arrogancia, es lucha. Es que te aburres, te cansas, te cierras.
Cuando el comité se ríe de cosas que no te tocan, 
cuando te encuentras atrapado en una actividad sin sentido, 
te sientes como un halcón en una jaula de pollo.
No eres antisocial, estás demasiado vivo para conformarte con un descuento emocional.
Las personas con una mente compleja a menudo también tienen 
un corazón que vibra en diferentes frecuencias. 
Así que busca la soledad, no como escape, sino como patria.
Tu guarida no es aislamiento, es comparación.
Es donde los pensamientos chispa, la creatividad despierta, 
te encuentras sin tener que darle explicaciones a nadie.
No es que no quieras estar con otros. Estás buscando algo más.
No un paquete. Sino una conexión.
No es una fiesta. Sino una llama.
Y si a menudo te sientes fuera de lugar, lejos de todo a la moda, 
recuerda: no estás equivocado.
Solo estás hecho para la intimidad de las cosas reales.
Para la belleza que no necesita ruido para ser escuchada.
Manuel Dalcesti
Art Dee Nickerson
Diez frases para reflexionar con Charles Bukowski

1- "El amor se quema con el primer sol de la realidad".

2- "Tienes que morir unas cuantas veces antes de poder vivir de verdad".

3- "Qué triste fueron esos años, tener el deseo y la necesidad de vivir pero no tener la habilidad".

4- "Cualquier cosa puede volver loco a un hombre porque la sociedad se asienta en bases falsas".

5- "Cuidado con aquellos que buscan multitudes".

6- "A veces, sales de la cama en la mañana y piensas que no lo podrás lograr, pero te ríes por dentro porque recuerdas todas las veces que te has sentido de esa forma".

7- "Un amor como ese era una enfermedad seria. Una enfermedad de la que nunca terminas de recuperarte".

8- "Dejé de buscar a la chica de mis sueños, sólo quería una que no fuese una pesadilla".

9- "La poesía es lo que pasa cuando no pasa nada más".

10- "Cuando estás en la calle, es cuando te das cuenta de que todo tiene dueño".
William Shakespeare es mucho más que un nombre en los libros de literatura: es una constelación entera dentro del firmamento cultural. Nacido en 1564 en Stratford-upon-Avon, Inglaterra, y fallecido en 1616, se le conoce como el Bardo de Avon y se le considera el escritor más influyente en lengua inglesa y uno de los pilares de la literatura universal.
«La felicidad es como una mariposa. Cuanto más la persigues, más huye. Pero si vuelves la atención hacia otras cosas, ella viene y suavemente se posa en tu hombro. La felicidad no es una posada en el camino, sino una forma de caminar por la vida». 

Viktor Frankl
llustración de Benjamín Lacombe
Besos 

Poema atribuido a Gabriela Mistral.

Hay besos que pronuncian por sí solos
la sentencia de amor condenatoria,
hay besos que se dan con la mirada
hay besos que se dan con la memoria.

Hay besos silenciosos, besos nobles
hay besos enigmáticos, sinceros
hay besos que se dan sólo las almas
hay besos por prohibidos, verdaderos.

Hay besos que calcinan y que hieren,
hay besos que arrebatan los sentidos,
hay besos misteriosos que han dejado
mil sueños errantes y perdidos.

Hay besos problemáticos que encierran
una clave que nadie ha descifrado,
hay besos que engendran la tragedia
cuantas rosas en broche han deshojado.

Hay besos perfumados, besos tibios
que palpitan en íntimos anhelos,
hay besos que en los labios dejan huellas
como un campo de sol entre dos hielos.

Hay besos que parecen azucenas
por sublimes, ingenuos y por puros,
hay besos traicioneros y cobardes,
hay besos maldecidos y perjuros.

Judas besa a Jesús y deja impresa
en su rostro de Dios, la felonía,
mientras la Magdalena con sus besos
fortifica piadosa su agonía.

Desde entonces en los besos palpita
el amor, la traición y los dolores,
en las bodas humanas se parecen
a la brisa que juega con las flores.

Hay besos que producen desvaríos
de amorosa pasión ardiente y loca,
tú los conoces bien son besos míos
inventados por mí, para tu boca.

Besos de llama que en rastro impreso
llevan los surcos de un amor vedado,
besos de tempestad, salvajes besos
que solo nuestros labios han probado.

¿Te acuerdas del primero...? Indefinible;
cubrió tu faz de cárdenos sonrojos
y en los espasmos de emoción terrible,
llenáronse de lágrimas tus ojos.

¿Te acuerdas que una tarde en loco exceso
te vi celoso imaginando agravios,
te suspendí en mis brazos... vibró un beso,
y qué viste después...? Sangre en mis labios.

Yo te enseñé a besar: los besos fríos
son de impasible corazón de roca,
yo te enseñé a besar con besos míos
inventados por mí, para tu boca.
🌸 Personas que sí valen la pena 🤍

No todas las relaciones aportan lo mismo a nuestra vida, y aprender a elegir con calma es una forma de autocuidado. Rodearse de las personas adecuadas crea un entorno más sano, estable y auténtico.

✨ Fomentan una comunicación más clara y respetuosa, ayudando a resolver diferencias sin herir.
🌱 Inspiran crecimiento personal con su ejemplo, actitud y forma de ver la vida.
🙏 Saben reconocer errores y pedir disculpas cuando es necesario, desde la responsabilidad.
💖 Desean que seas tú mismo, sin máscaras ni presiones externas.
🤍 Acompañan en los momentos más bajos, sin juzgar ni abandonar.
🛡️ Generan una sensación de seguridad emocional y confianza constante.

Elegir bien a las personas que permanecen en tu vida fortalece el bienestar emocional y construye relaciones más profundas, honestas y duraderas.
De alguna manera, nunca dejé de ser el niño solitario que se sintió abandonado, por lo que he vivido bajo una angustia semejante a la de Pessoa: "Seré siempre el que esperó a que le abrieran la puerta, junto a un muro sin puerta."

"Antes del fin"
Ernesto Sabato
¿Por qué mata nuestra salud el estar sobrepensando?

Sobrepensar no parece peligroso… no duele, no sangra, nadie lo ve.
Pero poco a poco nos va desgastando por dentro.

Cuando sobrepensamos, nuestro cuerpo no descansa.
El cerebro cree que estamos en peligro todo el tiempo,
y eso mantiene el estrés elevado, la presión sube,
el corazón se acelera y los músculos se tensan.

Sobrepensar quita el sueño, roba la paz y agota la energía.
Y un cuerpo cansado se mueve menos,
se inflama más y empieza a doler…
la espalda, las piernas, el cuello… incluso el ánimo.

Muchas personas creen que pensar demasiado es “preocuparse para estar preparados”,
pero en realidad es revivir el problema una y otra vez,
sin solución y sin descanso.

El cuerpo necesita calma para sanar.
Necesita silencio mental para recuperar fuerza,
para regular el azúcar, la presión, la respiración.

Por eso hoy te digo algo importante:
no todo lo que piensas es verdad, ni todo merece tu energía.

Respira, muévete un poco, suelta lo que no puedes controlar.
Cuida tu mente… porque tu salud empieza ahí.
Allá va el río, 
como la propia vida,
sin detenerse.
Las palabras que les digas, dejarán una huella y serán parte de la construcción de su autoestima. 

🎨 créditos a su autor
"Yo me pregunto, entonces:
más tarde o más temprano, mirado desde arriba,
¿cuál es en el recuento final, el verdadero, intocable destino?
¿El que quise y no fue?, ¿el que no quise y fue?

Madre, madre,
vuelve a erigir la casa y bordemos la historia.
Vuelve a contar mi vida".

— Olga Orozco, Les jeux sont faits (fragm)
📷 Friedrich Seidenstücker
Místicos copos
en fondos grises
y superficies rosa ... 
donde se mecen las sombras 
aromas de espectros imaginarios .

Mac-Quhae .
Cada persona, en su existencia, puede tener dos actitudes: construir o plantar. Los constructores un día terminan aquello que estaban haciendo y entonces les invade el tedio. Los que plantan, a veces sufren con las tempestades y las estaciones, pero el jardín jamás para de crecer.

Paulo Coelho.
"Sabemos que el olvido y la desmemoria forman parte de la estrategia de vivir...pero la memoria nos construye como seres morales". 

Juan Marsé
INÚTIL SOY
Alfonsina Storni

Por seguir de las cosas el compás
a veces quise, en este siglo activo,
pensar, luchar, vivir con lo que vivo,
ser en el mundo algún tornillo más.

Pero, atada al ensueño seductor,
de mi instinto volví al oscuro pozo,
pues, como algún insecto perezoso
y voráz, yo nací para el amor.

Inútil soy, pesada, torpe, lenta.
Mi cuerpo, al sol, tendido, se alimenta
y solo vivo bien en el verano.

Cuando la selva huele y la enroscada
serpiente duerme en tierra calcinada;
y la fruta se baja hasta mi mano.

🎨 El arte de José Echeverría
En la vida cada instante es un milagro 
que jamás volverá a repetirse

El amor no siempre es un guión perfecto, a veces es una película con giros inesperados

Se construye una vida, se hacen promesas y un día nos damos cuenta de que la historia tomó otro rumbo

No es guardar rencor, solo recordar 
que cada final abre la puerta a un nuevo comienzo

Así es la vida, y así es el amor: impredecibles, agridulces y siempre en movimiento ❣️