viernes, 13 de febrero de 2026

No es lo mismo oír que escuchar
Oír es un acto leve,
casi involuntario,
como la lluvia que cae
sin pedir permiso.
Los sonidos entran,
rozan la piel del instante
y se marchan
sin dejar memoria.
Escuchar, en cambio,
es un gesto profundo.
Es detener el mundo un segundo,
inclinar el alma
y prestar atención al latido ajeno.
Escuchar es quedarse
cuando la voz tiembla,
es abrazar los silencios
y leer entre palabras.
Oír reconoce voces,
pero escuchar reconoce historias.
Oír repite sonidos;
escuchar comprende heridas,
deseos, miedos
que no siempre se nombran.
Quien escucha no interrumpe,
no adelanta respuestas,
no juzga.
Se convierte en refugio,
en pausa,
en espacio seguro.
Porque escuchar
no es solo usar los oídos,
es mirar con el corazón abierto
y decir, sin palabras:
estoy aquí, te veo, te siento.

miércoles, 11 de febrero de 2026

Emma Zunz

Emma Zunz


Jorge Luis Borges


El catorce de enero de 1922, Emma Zunz, al volver de la fábrica de tejidos Tarbuch y Loewenthal, halló en el fondo del zaguán una carta, fechada en el Brasil, por la que supo que su padre había muerto. La engañaron, a primera vista, el sello y el sobre; luego, la inquietó la letra desconocida. Nueve diez líneas borroneadas querían colmar la hoja; Emma leyó que el señor Maier había ingerido por error una fuerte dosis de veronal y había fallecido el tres del corriente en el hospital de Bagé. Un compañero de pensión de su padre firmaba la noticia, un tal Fein o Fain, de Río Grande, que no podía saber que se dirigía a la hija del muerto.

Emma dejó caer el papel. Su primera impresión fue de malestar en el vientre y en las rodillas; luego de ciega culpa, de irrealidad, de frío, de temor; luego, quiso ya estar en el día siguiente. Acto continuo comprendió que esa voluntad era inútil porque la muerte de su padre era lo único que había sucedido en el mundo, y seguiría sucediendo sin fin. Recogió el papel y se fue a su cuarto. Furtivamente lo guardó en un cajón, como si de algún modo ya conociera los hechos ulteriores. Ya había empezado a vislumbrarlos, tal vez; ya era la que sería.

En la creciente oscuridad, Emma lloró hasta el fin de aquel día del suicidio de Manuel Maier, que en los antiguos días felices fue Emanuel Zunz. Recordó veraneos en una chacra, cerca de Gualeguay, recordó (trató de recordar) a su madre, recordó la casita de Lanús que les remataron, recordó los amarillos losanges de una ventana, recordó el auto de prisión, el oprobio, recordó los anónimos con el suelto sobre “el desfalco del cajero”, recordó (pero eso jamás lo olvidaba) que su padre, la última noche, le había jurado que el ladrón era Loewenthal. Loewenthal, Aarón Loewenthal, antes gerente de la fábrica y ahora uno de los dueños. Emma, desde 1916, guardaba el secreto. A nadie se lo había revelado, ni siquiera a su mejor amiga, Elsa Urstein. Quizá rehuía la profana incredulidad; quizá creía que el secreto era un vínculo entre ella y el ausente. Loewenthal no sabía que ella sabía; Emma Zunz derivaba de ese hecho ínfimo un sentimiento de poder.

No durmió aquella noche, y cuando la primera luz definió el rectángulo de la ventana, ya estaba perfecto su plan. Procuró que ese día, que le pareció interminable, fuera como los otros. Había en la fábrica rumores de huelga; Emma se declaró, como siempre, contra toda violencia. A las seis, concluido el trabajo, fue con Elsa a un club de mujeres, que tiene gimnasio y pileta. Se inscribieron; tuvo que repetir y deletrear su nombre y su apellido, tuvo que festejar las bromas vulgares que comentan la revisación. Con Elsa y con la menor de las Kronfuss discutió a qué cinematógrafo irían el domingo a la tarde. Luego, se habló de novios y nadie esperó que Emma hablara. En abril cumpliría diecinueve años, pero los hombres le inspiraban, aún, un temor casi patológico… De vuelta, preparó una sopa de tapioca y unas legumbres, comió temprano, se acostó y se obligó a dormir. Así, laborioso y trivial, pasó el viernes quince, la víspera.

El sábado, la impaciencia la despertó. La impaciencia, no la inquietud, y el singular alivio de estar en aquel día, por fin. Ya no tenía que tramar y que imaginar; dentro de algunas horas alcanzaría la simplicidad de los hechos. Leyó en La Prensa que el Nordstjärnan, de Malmö, zarparía esa noche del dique 3; llamó por teléfono a Loewenthal, insinuó que deseaba comunicar, sin que lo supieran las otras, algo sobre la huelga y prometió pasar por el escritorio, al oscurecer. Le temblaba la voz; el temblor convenía a una delatora. Ningún otro hecho memorable ocurrió esa mañana. Emma trabajó hasta las doce y fijó con Elsa y con Perla Kronfuss los pormenores del paseo del domingo. Se acostó después de almorzar y recapituló, cerrados los ojos, el plan que había tramado. Pensó que la etapa final sería menos horrible que la primera y que le depararía, sin duda, el sabor de la victoria y de la justicia. De pronto, alarmada, se levantó y corrió al cajón de la cómoda. Lo abrió; debajo del retrato de Milton Sills, donde la había dejado la antenoche, estaba la carta de Fain. Nadie podía haberla visto; la empezó a leer y la rompió.

Referir con alguna realidad los hechos de esa tarde sería difícil y quizá improcedente. Un atributo de lo infernal es la irrealidad, un atributo que parece mitigar sus terrores y que los agrava tal vez. ¿Cómo hacer verosímil una acción en la que casi no creyó quien la ejecutaba, cómo recuperar ese breve caos que hoy la memoria de Emma Zunz repudia y confunde? Emma vivía por Almagro, en la calle Liniers; nos consta que esa tarde fue al puerto. Acaso en el infame Paseo de Julio se vio multiplicada en espejos, publicada por luces y desnudada por los ojos hambrientos, pero más razonable es conjeturar que al principio erró, inadvertida, por la indiferente recova… Entró en dos o tres bares, vio la rutina o los manejos de otras mujeres. Dio al fin con hombres del Nordstjärnan. De uno, muy joven, temió que le inspirara alguna ternura y optó por otro, quizá más bajo que ella y grosero, para que la pureza del horror no fuera mitigada. El hombre la condujo a una puerta y después a un turbio zaguán y después a una escalera tortuosa y después a un vestíbulo (en el que había una vidriera con losanges idénticos a los de la casa en Lanús) y después a un pasillo y después a una puerta que se cerró. Los hechos graves están fuera del tiempo, ya porque en ellos el pasado inmediato queda como tronchado del porvenir, ya porque no parecen consecutivas las partes que los forman.

¿En aquel tiempo fuera del tiempo, en aquel desorden perplejo de sensaciones inconexas y atroces, pensó Emma Zunz una sola vez en el muerto que motivaba el sacrificio? Yo tengo para mí que pensó una vez y que en ese momento peligró su desesperado propósito. Pensó (no pudo no pensar) que su padre le había hecho a su madre la cosa horrible que a ella ahora le hacían. Lo pensó con débil asombro y se refugió, en seguida, en el vértigo. El hombre, sueco o finlandés, no hablaba español; fue una herramienta para Emma como esta lo fue para él, pero ella sirvió para el goce y él para la justicia.

Cuando se quedó sola, Emma no abrió en seguida los ojos. En la mesa de luz estaba el dinero que había dejado el hombre: Emma se incorporó y lo rompió como antes había roto la carta. Romper dinero es una impiedad, como tirar el pan; Emma se arrepintió, apenas lo hizo. Un acto de soberbia y en aquel día… El temor se perdió en la tristeza de su cuerpo, en el asco. El asco y la tristeza la encadenaban, pero Emma lentamente se levantó y procedió a vestirse. En el cuarto no quedaban colores vivos; el último crepúsculo se agravaba. Emma pudo salir sin que lo advirtieran; en la esquina subió a un Lacroze, que iba al oeste. Eligió, conforme a su plan, el asiento más delantero, para que no le vieran la cara. Quizá le confortó verificar, en el insípido trajín de las calles, que lo acaecido no había contaminado las cosas. Viajó por barrios decrecientes y opacos, viéndolos y olvidándolos en el acto, y se apeó en una de las bocacalles de Warnes. Paradójicamente su fatiga venía a ser una fuerza, pues la obligaba a concentrarse en los pormenores de la aventura y le ocultaba el fondo y el fin.

Aarón Loewenthal era, para todos, un hombre serio; para sus pocos íntimos, un avaro. Vivía en los altos de la fábrica, solo. Establecido en el desmantelado arrabal, temía a los ladrones; en el patio de la fábrica había un gran perro y en el cajón de su escritorio, nadie lo ignoraba, un revólver. Había llorado con decoro, el año anterior, la inesperada muerte de su mujer -¡una Gauss, que le trajo una buena dote!-, pero el dinero era su verdadera pasión. Con íntimo bochorno se sabía menos apto para ganarlo que para conservarlo. Era muy religioso; creía tener con el Señor un pacto secreto, que lo eximía de obrar bien, a trueque de oraciones y devociones. Calvo, corpulento, enlutado, de quevedos ahumados y barba rubia, esperaba de pie, junto a la ventana, el informe confidencial de la obrera Zunz.

La vio empujar la verja (que él había entornado a propósito) y cruzar el patio sombrío. La vio hacer un pequeño rodeo cuando el perro atado ladró. Los labios de Emma se atareaban como los de quien reza en voz baja; cansados, repetían la sentencia que el señor Loewenthal oiría antes de morir.

Las cosas no ocurrieron como había previsto Emma Zunz. Desde la madrugada anterior, ella se había soñado muchas veces, dirigiendo el firme revólver, forzando al miserable a confesar la miserable culpa y exponiendo la intrépida estratagema que permitiría a la Justicia de Dios triunfar de la justicia humana. (No por temor, sino por ser un instrumento de la Justicia, ella no quería ser castigada.) Luego, un solo balazo en mitad del pecho rubricaría la suerte de Loewenthal. Pero las cosas no ocurrieron así.

Ante Aarón Loewenthal, más que la urgencia de vengar a su padre, Emma sintió la de castigar el ultraje padecido por ello. No podía no matarlo, después de esa minuciosa deshonra. Tampoco tenía tiempo que perder en teatralerías. Sentada, tímida, pidió excusas a Loewenthal, invocó (a fuer de delatora) las obligaciones de la lealtad, pronunció algunos nombres, dio a entender otros y se cortó como si la venciera el temor. Logró que Loewenthal saliera a buscar una copa de agua. Cuando este, incrédulo de tales aspavientos, pero indulgente, volvió del comedor, Emma ya había sacado del cajón el pesado revólver. Apretó el gatillo dos veces. El considerable cuerpo se desplomó como si los estampidos y el humo lo hubieran roto, el vaso de agua se rompió, la cara la miró con asombro y cólera, la boca de la cara la injurió en español y en ídisch. Las malas palabras no cejaban; Emma tuvo que hacer fuego otra vez. En el patio, el perro encadenado rompió a ladrar, y una efusión de brusca sangre manó de los labios obscenos y manchó la barba y la ropa. Emma inició la acusación que había preparado (“He vengado a mi padre y no me podrán castigar…”), pero no la acabó, porque el señor Loewenthal ya había muerto. No supo nunca si alcanzó a comprender.

Los ladridos tirantes le recordaron que no podía, aún, descansar. Desordenó el diván, desabrochó el saco del cadáver, le quitó los quevedos salpicados y los dejó sobre el fichero. Luego tomó el teléfono y repitió lo que tantas veces repetiría, con esas y con otras palabras: Ha ocurrido una cosa que es increíble… El señor Loewenthal me hizo venir con el pretexto de la huelga… Abusó de mí, lo maté…

La historia era increíble, en efecto, pero se impuso a todos, porque sustancialmente era cierta. Verdadero era el tono de Emma Zunz, verdadero el pudor, verdadero el odio. Verdadero también era el ultraje que había padecido; solo eran falsas las circunstancias, la hora y uno o dos nombres propios.


El Aleph, 1949
<<Borges dice que hay autores intraducibles. Creo que pone el ejemplo de Quevedo. Se podría agregar a García Lorca o a otros. No obstante eso, una obra como el "Quijote" podría resistir hasta el peor traductor. Es más: podría resistir la mutilación, la pérdida de numerosas páginas y hasta una lluvia de mierda. Así y todo, mal traducida, incompleta y dañada, esa versión del "Quijote" le podría decir mucho a un chino o a un africano. Y eso es literatura, indudablemente. A lo mejor se pierde mucho en el camino. Sin duda, pero tal vez ése era su destino. Llega lo que llega>>

 Roberto Bolaño

Síntesis

Nubes (I) y Nubes (II)

No habrá una sola cosa que no sea
una nube. Lo son las catedrales
de vasta piedra y bíblicos cristales
que el tiempo allanará. Lo es la Odisea,
que cambia como el mar. Algo hay distinto
cada vez que la abrimos. El reflejo
de tu cara ya es otro en el espejo
y el día es un dudoso laberinto.
Somos los que se van. La numerosa
nube que se deshace en el poniente
es nuestra imagen. Incesantemente
la rosa se convierte en otra rosa.
Eres nube, eres mar, eres olvido.
Eres también aquello que has perdido.

                             ■

Por el aire andan plácidas montañas
o cordilleras trágicas de sombra
que oscurecen el día. Se las nombra
nubes. Las formas suelen ser extrañas.
Shakespeare observó una. Parecía
un dragón. Esa nube de una tarde
en su palabra resplandece y arde
y la seguimos viendo todavía.
¿Qué son las nubes? ¿Una arquitectura
del azar? Quizá Dios las necesita
para la ejecución de Su infinita
obra y son hilos de la trama oscura.
Quizá la nube sea no menos vana
que el hombre que la mira en la mañana.

Jorge Luis Borges,
Los Conjurados (1985)
Perderse para encontrarse: el arte de leer.

Leer es la forma más maravillosa de perderte. No se trata solo de abrir un libro y pasar páginas; se trata de abandonar, aunque sea por un momento, la realidad que conoces, tus horarios, tus preocupaciones, tu mundo. Es un acto de valentía silenciosa: permitir que otra voz, otra mente, otro corazón, te guíe hacia lugares que nunca habrías imaginado.
Cuando lees, te pierdes en ciudades que no existen y en paisajes que nadie ha visto más que el autor y tu imaginación. Te pierdes en la mente de personas que no son tú, pero cuyos miedos, alegrías y anhelos parecen reflejar los tuyos de manera sorprendente. Cada palabra es un hilo, y cada frase un sendero que te arrastra a un universo paralelo donde todo es posible: el amor puede salvar mundos, los héroes pueden fracasar gloriosamente, y los secretos más profundos se revelan en un susurro entre líneas.
Perderse en un libro es aprender a escuchar. Escuchar la voz de otros tiempos, de otras culturas, de otros mundos. Escuchar el eco de tus propias emociones en los pensamientos ajenos. Es experimentar vidas que nunca vivirías, sufrir pérdidas que nunca te tocarían, y celebrar victorias que nunca serían tuyas, y aun así sentir que algo en ti ha cambiado, que algo se ha expandido y abierto a nuevas perspectivas.
Pero también es encontrarte. Porque en cada historia que abrazas, en cada personaje que acompañas, descubres algo sobre ti mismo: tus miedos, tus deseos, tus contradicciones y tus sueños. La lectura no es solo un escape; es un espejo. Te pierdes en ella para descubrir que incluso en lo más extraño y lejano, hay fragmentos de ti que estaban dormidos, esperando ser despertados por la magia de unas palabras impresas.
Al cerrar el libro, no vuelves igual. Has viajado sin moverte, has llorado y reído sin que nadie más lo supiera, y sin embargo, te sientes más vivo, más consciente, más conectado con el mundo que te rodea y con el que yace dentro de ti. Perderte entre páginas es, paradójicamente, la manera más segura de encontrarte. Es un viaje sin mapa ni reloj, pero con una brújula que siempre apunta hacia lo que eres y lo que puedes llegar a ser.
Leer es perderse, sí, pero perderse nunca ha sido tan hermoso.
Créditos al autor ©️ 
“Si gritas todo el mundo te escucha, si susurras, sólo te escucha quien este cerca de ti. Pero si te quedas en silencio, sólo quien te quiere te puede oír.”

Mahatma Gandhi

Salto del Tigre, Merlo,San Luis

Salto del Tigre, Merlo,
San Luis

martes, 10 de febrero de 2026

"Se llama nostalgia, y sirve para recordarnos que, por suerte , también somos frágiles".
Cesare Pavese
📷Edward Hopper

lunes, 9 de febrero de 2026

"Busco a ciertas horas aquellos sitios en los que un día fui feliz".

Fiodor Dostoievski,
Noches Blancas

viernes, 6 de febrero de 2026

"Entre mi amor y yo han de levantarse
trescientas noches como trescientas paredes
y el mar será una magia entre nosotros.

No habrá sino recuerdos.
Oh tardes merecidas por la pena,
noches esperanzadas de mirarte,
campos de mi camino, firmamento
que estoy viendo y perdiendo…
Definitiva como un mármol
entristecerá tu ausencia otras tardes".

Jorge Luis Borges | Despedida
"Supongo que ya he escrito mis mejores libros. Eso me da una cierta satisfacción y tranquilidad. Sin embargo, no creo que lo haya escrito todo. De algún modo, la juventud me resulta más cercana que cuando era joven. Ya no considero inalcanzable la felicidad como me sucedía en aquel tiempo. Ahora sé que puede ocurrir en cualquier momento, pero nunca hay que buscarla, la felicidad uno la encuentra. En cuanto al fracaso y la fama, me parecen irrelevantes y no ocupan mi tiempo. Lo que quiero ahora es la paz, el placer del pensamiento y de la amistad. Y aunque parezca demasiado ambicioso, la sensación de amar y ser amado."

Jorge Luis Borges,
Autobiografia
✍️

Cajón Grande o Cajón del Rio Pico, Chubut

Cajón Grande o Cajón del Rio Pico, 
Chubut

jueves, 5 de febrero de 2026

Los Bolillos, Neuquén

Los Bolillos, Neuquén 
"Porque me duele si me quedo
pero me muero si me voy,
por todo y a pesar de todo, mi amor,
yo quiero vivir en vos.

Por tu decencia de vidala
y por tu escándalo de sol,
por tu verano con jazmines, mi amor,
yo quiero vivir en vos.

Porque el idioma de infancia
es un secreto entre los dos,
porque le diste reparo
al desarraigo de mi corazón.

Por tus antiguas rebeldías
y por la edad de tu dolor,
por tu esperanza interminable, mi amor,
yo quiero vivir en vos.

Para sembrarte de guitarra,
para cuidarte en cada flor
y odiar a los que te castigan, mi amor,
yo quiero vivir en vos".

"Serenata para la tierra de uno", 
María Elena Walsh

La Carolina, San Luis

La Carolina, San Luis
"La ternura es la forma más modesta de amor. No tiene emblemas o símbolos especiales. Aparece cuando miramos de cerca y con cuidado a otro ser, a algo que no es nuestro “yo”, pero donde nos descubrimos a nosotros mismos"
Olga Tokarczuk
 Efraín Huerta, figura fundamental de la poesía mexicana del siglo XX. 

A 44 años de su fallecimiento, se le sigue recordando por su mirada crítica, su compromiso social y su capacidad para renovar el lenguaje poético con una voz aguda, irreverente y profundamente contemporánea.

Su obra permanece como un referente imprescindible de la literatura mexicana y continúa dialogando con nuevas generaciones de lectoras y lectores.

martes, 3 de febrero de 2026

Hay un proverbio indio que dice que todo el mundo es una casa con cuatro habitaciones, una física, una mental, una emocional y una espiritual.

La mayoría de nosotros tendemos a vivir en una habitación la mayor parte del tiempo, pero a menos que entremos en cada habitación todos los días, aunque solo sea para mantenerla ventilada, no somos una persona completa.

Rumer Godden 🤍

Arte Miriam Bouwens
The bright side

domingo, 1 de febrero de 2026

Una disculpa real no busca alivio personal, busca reparación. Cuando las palabras no vienen acompañadas de un cambio, se convierten en una forma elegante de seguir cruzando límites. El verdadero arrepentimiento incomoda, exige coherencia y tiempo; implica renunciar a viejas conductas, no solo repetir promesas. Porque pedir perdón sin transformar el daño es, en el fondo, elegir seguir hiriendo con conciencia.🧐

sábado, 31 de enero de 2026

Porque cuidar plantas
también es cuidarse,
y observarlas en silencio
es una forma muy bonita de sanar. 🌿

A veces no hace falta decir nada, solo sentarse, respirar lento y ver cómo las hojas se mueven con el viento.
Hay vientos que no vienen a romper nada.
Llegan sin ruido, mueven apenas lo necesario y, aun así, lo cambian todo.

No todos los cambios arrasan.
Algunos solo te despeinan el alma, te sacan del piloto automático y te obligan a mirar hacia dentro.

Son movimientos suaves que no destruyen, pero reordenan.
Soplos que no quitan, sino que devuelven dirección.
Como si algo, por fin, volviera a encajar.

He aprendido que el caos no siempre es enemigo.
A veces es mensaje.
A veces es aviso.
Y muchas veces, es una invitación a crecer cuando ya no puedes quedarte igual.

Cuando algo se mueve dentro de ti, no siempre es pérdida.
Puede ser llamada.
Y quien se detiene a escucharla, aunque dé miedo, termina reconociéndose de nuevo.

Porque no todo viento arrasa.
Algunos solo vienen a recordarte quién eres.

Jose Luis Vaquero.
SOY OBRERA

Soy las mujeres que me habitan,
soy la cocinera al mediodía,
la mucama al atardecer,
soy la que plancha los domingos,
soy la que perfuma la salsa con laurel.
Soy la que estudia por las noches
cuando los niños duermen.
Soy la que lee en el colectivo
cuando puede leer.
Soy la que lustra en silencio
Soy la que pinta paredes
Soy la que lava los platos
Soy la que pide delivery.
Estoy hecha de fragmentos,
de madres y de tías,
de amigas y de hermanas,
de recetas de cocina.
Soy las mujeres que me habitan
que me acompañan
y me inspiran.
Soy manada
Soy aquelarre
Soy templo
Soy poesía
Soy obrera
Soy el pan de cada día.

Vaitiara Villagrán 
Arte: Rafael López
Hace 57 años, The Beatles se subieron a una azotea y cambiaron la historia del rock para siempre 🎸☁️
Un concierto sin avisos, sin boletos y con la música sonando desde lo más alto.

Porque el rock no se encierra… se transmite desde las alturas 

Rooftop concert

viernes, 30 de enero de 2026

Yo te deseo la locura, el valor, 
los anhelos, la impaciencia.
Te deseo la fortuna de los amores 
y el delirio de la soledad.

Te deseo el gusto por los cometas, 
por el agua y los hombres.
Te deseo la inteligencia y el ingenio.
Te deseo una mirada curiosa, 
una nariz con memoria,
una boca que sonría
y maldiga con precisión divina,
unas piernas que nunca envejezcan, 
un llanto que te devuelva la entereza.

Te deseo el sentido del tiempo 
que tienen las estrellas,
el temple de las hormigas, 
la duda de los templos.
Te deseo fe en los augurios,
en la voz de los muertos,
en la boca de los aventureros, 
en la paz de los hombres 
que olvidan su destino,
en la fuerza de tus recuerdos
y en el futuro como promesa 
donde cabe todo lo que aún 
no te sucede…

Ángeles Mastretta 
Ilustración: Tyutyunnikova Olesya
Llega un momento en la vida —generalmente después de haber dado mucho, esperado mucho o postergado demasiado— en el que el alma se cansa de vivir hacia afuera.

Ya no pensás tanto en los demás porque dejás de necesitar validación.
Ya no extrañás como antes porque aprendiste a estar completo en tu propia presencia.
Y empezás a vivir, leer, estudiar y prepararte para vos porque entendés algo clave:
nadie puede hacer ese trabajo interno por vos.

Este cambio sucede cuando:
 • Dejás de huir del silencio y empezás a habitarlo.
 • Comprendés que amar no es abandonarte.
 • Descubrís que tu energía es finita y vale más cuidarla que regalarla.

No es egoísmo.
Es madurez emocional.

Es el momento en que el cuerpo, la mente y el espíritu se alinean y te dicen:

“Ahora te toca a vos.”

Ahí el foco cambia:
 • De complacer → a construirte
 • De correr detrás → a elegirte
 • De sobrevivir → a vivir con intención

Y pasa algo hermoso:
cuando empezás a prepararte para vos, todo lo que llega después llega por afinidad, no por carencia.

Ese es un punto de inflexión.
No hace ruido, no se anuncia…
pero marca un antes y un después en la vida de una persona.

jueves, 29 de enero de 2026

"Poco a poco estoy aprendiendo que incluso si reacciono, no cambiará nada, no hará que la gente me ame y me respete de repente, no cambiará mágicamente de opinión. 
A veces es mejor dejar que las cosas sean, dejar que la gente se vaya, 
no luchar por el cierre, no pedir explicaciones, no perseguir respuestas y no esperar que la gente entienda de dónde vienes.

Poco a poco estoy aprendiendo que la vida se vive mejor cuando no la centras en lo que sucede a tu alrededor y la centras en lo que sucede dentro de ti.

Trabaja en ti mismo y en tu paz interior y te darás cuenta de que no reaccionar a cada pequeña cosa que te molesta es el primer ingrediente para vivir una vida feliz y saludable".

Rania

martes, 27 de enero de 2026

Yalal ad-Din Rumi (1207–1273), el gran poeta, místico y pensador persa, es una de las voces espirituales más profundas que ha conocido la humanidad.

En sus versos, hablaba del amor puro, la humildad profunda y la transformación del alma, con palabras simples que esconden verdades eternas.

Sus ideas siguen vivas hoy porque no pretenden imponer nada, solo despertar lo que ya late en nosotros.

Quizá por eso resuenan en corazones de culturas y épocas tan variadas. 

Rumi no buscaba convencer ni ganar debates; solo recordarnos que el verdadero crecimiento nace en el silencio, con paciencia y una coherencia que inspira.

lunes, 26 de enero de 2026

Yo he visto 
al mar rugir y destrozarse contra la costa, 
como un enamorado despechado, 
herido, loco, 
como una bestia desatada, 
y lo he visto -a veces solo 
unas horas después- 
llegar en calma hasta la arena, 
con una gran sonrisa de felicidad.

Pero esas tardes de otoño 
en las que ni se nota su presencia, 
qué cerca he estado de él.

KARMELO IRIBARREN
"Demolí todos los puentes detrás de mí para no tener otra opción que seguir adelante". 

Fridtjof Nansen

Fotografía titulada "Breakfast Time" (Hora del desayuno), creada por el artista Krunoslav Nevistic

domingo, 25 de enero de 2026

"Al despertarse del sueño le invadió una profunda tristeza. Toda su vida pasada le parecía sin valor y sin sentido. No le había quedado nada viviente, nada que poseyera la exquisitez, nada que mereciese la pena guardar. Se encontraba solo y vacío, como un náufrago en una playa desierta".

Hermann Hesse, 
Siddharta 
Esa frase tiene una belleza muy particular: habla de paciencia, experiencia y confianza en la vida. 

“Como no estás experimentado en las cosas del mundo”: señala que la persona todavía no tiene suficiente vivencia o conocimiento de la vida, por lo que algunas situaciones le parecen abrumadoras.

“Todas las cosas que tienen dificultad te parecen imposibles”: aquí se reconoce que la falta de experiencia puede hacer que los problemas se vean más grandes de lo que realmente son.

“Confía en el tiempo”: es un consejo central: con paciencia, las cosas tienden a resolverse o a clarificarse.

“Que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades”: el tiempo, la experiencia y la perseverancia transforman las dificultades en aprendizajes, soluciones o incluso en algo positivo que no se esperaba.

En conjunto, la frase invita a no desesperar ante lo difícil, a confiar en que la experiencia y el tiempo traerán soluciones y a tener paciencia mientras se atraviesan los problemas.
“El amor no obedece a nuestras esperanzas, su misterio es puro y absoluto”.

Los puentes de Madison, película con Meryl Streep y Clint Eastwood.
"El verbo 'creer' es un verbo especial, el más ancho y el más estrecho de todos los verbos". 
Almudena Grandes 
📷Maureen Bisilliat