jueves, 26 de noviembre de 2015

Esquila sustentable de vicuñas

Una antigua costumbre de los pueblos precolombinos. Una práctica respetuosa para obtener -y proteger- un recurso muy preciado –y necesario- para las culturas andinas.

A 460 km de San Fernando del Valle de Catamarca se halla Laguna Blanca, una Reserva de la Biósfera que tiene por objetivo proteger a la vicuña, un camélido silvestre en peligro de extinción, de cuya preciada lana las artesanas catamarqueñas elaboran delicadísimos tejidos (ponchos, chales, corbatines, bufandas, guantes y mantas).

Desde el año 2003 la vicuña se esquila aquí de manera sustentable: utilizando las técnicas ancestrales de los pueblos originarios; también desde entonces se invita a los viajeros a presenciar la práctica del Chaku, una costumbre precolombina que consiste en el encierro, esquila y posterior liberación de vicuñas silvestres. En Laguna Blanca, las vicuñas descienden desde los cerros a beber agua y a pastar. Los pobladores aguardan entonces el momento justo –en el que la concentración de animales sea lo más numerosa posible- para formar un cordón humano y comenzar el arreo. 
Antes del Chaku se realiza un ritual llamado “Corpachada”, a través del cual se pide por un numeroso encierro, una exitosa esquila y un tranquilo regreso a casa. Luego, será el momento del arreo, el que se realiza sosteniendo una soga “chimpeada” (soga con cintas atadas cada un metro) y formando un cordón humano hasta lograr encerrar a las vicuñas en una zona con redes y postes. Al día siguiente, experimentados lugareños tienen la gran tarea de esquilar a los animales con métodos tradicionales para luego liberarlos. Una manera sustentable de obtener -y proteger- un recurso muy preciado para los pueblos andinos.

INVESTIGADORA ARGENTINA PREMIADA POR NACIONES UNIDAS

 La coordinadora científica de la Comisión Asesora sobre la Biodiversidad y Sustentabilidad del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, Bibiana Vilá, fue premiada por la Convención de Diversidad Biológica de la ONU (CBD) en conjunto con la Fundación AEON de Japón. Se trata del premio Midori, que se entrega cada dos años y reconoce a personas cuyo estudio de la conservación y el uso sostenible de la biodiversidad, haya hecho aportes extraordinarios a nivel global, regional o local. Vilá, que lleva más de treinta años dedicada al estudio y conservación de la vicuña, recibií  el premio el 15 de octubre de 2014 en la Conferencia de las Partes (COP12) en la ciudad de PyeongChang, Corea.
Tras la notificación del galardón, que por primera vez se entregó a un argentino, Vilá agradeció al Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET): “El CONICET ha sido y es mi principal institución desde que a los 23 años comencé a estudiar a las vicuñas del altiplano”. “Desarrollé mi carrera investigando a las vicuñas y proveyendo las bases para la toma de decisiones en materia de conservación y manejo de la especie”, agregó. En lo referido a su objeto de estudio, Vilá indicó que “las vicuñas son animales hermosos, muy interesantes a nivel biológico y económico así como también muy valorados simbólica, social y económicamente por los pueblos originarios de los Andes”.
Se recibieron nominaciones de más de 60 países y los ganadores fueron seleccionados sobre la base de sus contribuciones a los objetivos de la década de las Naciones Unidas sobre la Biodiversidad (2011-2020) y del documento de Biodiversidad de Aichi en la línea de la conservación y el uso sostenible de la Biodiversidad.
Además de la conservación de la vicuña silvestre, Bibiana Vilá encabezó la implementación de medidas de uso sostenible que integran tanto el conocimiento tradicional indígena como la ciencia moderna para el bienestar animal. Además el premio reconoce sus significativos aportes a las comunidades locales y la implementación de la educación ambiental en las zonas donde vive la especie. Estos logros fueron posibles gracias al uso sostenible de la fibra de vicuña, una de las más valiosas del mundo. Según la Fundación AEON, co-organizadora del premio, “los resultados en materia de conservación y uso sustentable diseñados por Vilá pueden ser situados como un modelo moderno de conservación y son muy significantes”.
Vilá dirige además el grupo de investigación VICAM (Vicuñas, camélidos y ambiente) que permitió, junto a los pueblos nativos de los Andes, la recuperación del chaku, ritual de captura y esquila de vicuñas prehispánico que permite la esquila del animal sin dañarlo. Este acercamiento permite la subsistencia económica de los pueblos donde se encuentra la especie y los incentiva a desarrollar conciencia sobre la necesidad de la conservación. VICAM recibió en los últimos años subsidios por $327.900 por parte del Ministerio de Ciencia.
La vicuña es una especie silvestre de camélido sudamericano que habita en la puna. Hasta 1950 estuvo en serio riesgo de extinción debido a la ausencia de planes de manejo y conservación. Desde la llegada de los españoles se comenzó con la caza y exportación de los cueros para la obtención de la fibra, que puede llegar a valer U$S600 por kilo, lo que llevo a la casi desaparición de estos animales. Por ese entonces, la población de vicuñas en América era cercana a los 4 millones de ejemplares, en 1950 no eran más de 10.000.
A fines de la década del 70 Argentina, Bolivia, Chile, Perú y Ecuador firmaron un Convenio para la conservación y manejo de la vicuña que permitió recuperar su población hasta contar en la actualidad con más de 76 mil ejemplares en nuestro país.
En Santa Catalina, Jujuy, a 3.800 metros sobre el nivel del mar, investigadores de CONICET, junto a comunidades y productores locales, han logrado recuperar una tecnología prehispánica sustentable para la obtención de la fibra de vicuña. Se trata de una ceremonia ancestral y captura mediante la cual se arrean y esquilan las vicuñas silvestres para obtener su fibra. Se denomina chaku y se realizaba en la región antes de la llegada de los conquistadores españoles.
Además de Vila, quien recibirá U$S100.000, la Convención de Diversidad Biológica de las Naciones Unidas premió a Kamal Bawa de la India por sus aportes en la investigación de bosques tropicales y a Alfred Oteng-Yeboah de Ghana por sus gestiones a nivel político para la conservación de la biodiversidad en África.

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