El control
En 1984, Orwell imagina un poder que gobierna a través del miedo. La vigilancia constante, la violencia, la censura y el castigo hacen que las personas obedezcan porque saben que cualquier desviación puede destruir sus vidas. El control necesita enemigos, amenazas y una población que viva permanentemente atemorizada.
En Un mundo feliz, Huxley plantea un mecanismo mucho más sutil. No hace falta reprimir a la población si puedes mantenerla entretenida, satisfecha y distraída. El placer, el consumo y la comodidad sustituyen al miedo como herramientas de control. Orwell teme un poder que te obliga a obedecer; Huxley, uno que consigue que ni siquiera desees hacer otra cosa.