Edipo era un joven príncipe marcado por un destino terrible. Después de abandonar su tierra para evitar una antigua profecía que anunciaba que mataría a su padre y se casaría con su madre, llegó a las cercanías de Tebas. Allí encontró una ciudad sumida en el miedo, pues una criatura monstruosa, conocida como la Esfinge, impedía el paso y castigaba a quienes no podían resolver su enigma.
La Esfinge, representada con cuerpo de león, alas y rostro de mujer, había recibido un enigma que utilizaba para desafiar a los viajeros. Preguntaba qué criatura caminaba con cuatro piernas al amanecer, con dos al mediodía y con tres al atardecer. Muchos habían intentado responder, pero ninguno había conseguido descubrir el significado oculto de aquellas palabras. La presencia de la criatura había convertido el camino hacia Tebas en un lugar de muerte y desesperación.
Edipo se enfrentó a la Esfinge sin dejarse dominar por el temor. Después de reflexionar sobre el significado del acertijo, comprendió que la respuesta era el ser humano: durante la infancia gateaba sobre cuatro extremidades, en la adultez caminaba sobre dos piernas y en la vejez utilizaba un bastón como una tercera. Al escuchar la respuesta correcta, la Esfinge quedó derrotada y, según la tradición más conocida, terminó arrojándose desde su precipicio.
La victoria de Edipo liberó a Tebas del terror y convirtió al joven en un héroe admirado por sus habitantes. Como recompensa, recibió el trono de la ciudad y se convirtió en esposo de Yocasta, sin saber todavía que aquella unión estaba relacionada con la misma profecía que había intentado evitar. Así, el triunfo sobre la Esfinge representó uno de los momentos más gloriosos de su vida, pero también el comienzo de una tragedia en la que Edipo descubriría que ningún hombre puede escapar fácilmente de su destino.