lunes, 24 de agosto de 2026

Punta Perdices, Río Negro

Punta Perdices, Río Negro
"Entre las cosas hay una de la que no se arrepiente nadie en la tierra. Esa cosa es haber sido valiente".

Jorge Luis Borges
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Un día como hoy, 24 de agosto de 1899, nacía en Buenos Aires Jorge Luis Borges, una de las figuras más extraordinarias de la literatura en lengua española y uno de los escritores que transformó para siempre la manera de entender la ficción. A 127 años de su nacimiento, su obra continúa siendo un territorio inagotable de espejos, laberintos, bibliotecas, sueños y preguntas sobre el tiempo, la identidad y el infinito.

Desde muy joven, Borges estuvo rodeado de libros y creció en un ambiente bilingüe, entre el español y el inglés. Aquella temprana relación con la lectura marcaría profundamente su destino. Con el paso de los años construyó una obra singular, donde la filosofía, la historia, la imaginación y la literatura dialogan constantemente.

Libros como Ficciones y El Aleph lo convirtieron en una referencia universal. Sus relatos demostraron que unas pocas páginas podían contener universos enteros y que la realidad podía ser tan misteriosa como un sueño.

Aunque nunca recibió el Premio Nobel de Literatura, Borges alcanzó algo quizá más duradero: la inmortalidad literaria. Murió en Ginebra en 1986, pero sus palabras siguen multiplicándose en cada lector que se pierde, una vez más, en alguno de sus infinitos laberintos.

El amenazado

Es el amor. Tendré que ocultarme o que huir.
Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz.
La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única.
¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras,
la vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que usó el áspero Norte para cantar sus mares y sus espadas,
la serena amistad, las galerías de la biblioteca, las cosas comunes,
los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño?
Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo.
Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se
levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido los que miran por las ventanas, pero la sombra no ha traído la paz.
Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo.
Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles.
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.
Ya los ejércitos me cercan, las hordas.
(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto.)
El nombre de una mujer me delata.
Me duele una mujer en todo el cuerpo.
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El oro de los tigres, 1972.
Ilustración: Oswaldo Guayasmin.

viernes, 21 de agosto de 2026

Ruta 12, Misiones

Ruta 12, Misiones
Jorge Luis Borges 
La casa de Asterión es un relato breve escrito por Jorge Luis Borges en 1947. Publicado por primera vez en un número de la revista ‘Anales de Buenos Aires’, aunque su inclusión en ‘El Aleph’, uno de los dos volúmenes más famosos de Borges (el otro es ‘Ficciones’) lo hizo bastante más conocido.

El relato es una revisión de un famoso mito griego, "Ariadna, Teseo y el minotauro" de verdad recomiendo leerlo antes de los spoilers, su efecto es tremendo.

Resumen:

 Y la reina dio a luz un hijo que se llamó Asterión.

Apolodoro, Biblioteca, III, 1.
Y Asterión comienza su discurso.

Primero rechaza las acusaciones que sobre él arroja la plebe, no es ni un misántropo, ni un soberbio, ni mucho menos un loco, calumnias que “castigará a su tiempo”.

Luego admite que no sale de su casa, pero da buenas razones para ello. 

En primer lugar es muy grande, de hecho tiene un número infinito de puertas (el texto anota que el original decía catorce, número que para Asterión equivale al infinito), de nuevo desprecia el rumor de que hay una casa parecida en Egipto.

Otra calumnia es que es un prisionero, de nuevo, aunque su casa es tan grande y un laberinto para los extraños. Ha salido a la calle, pero las caras aplanadas de la plebe, sus llantos y rezos de terror que les inspiraba verle, lo terminaron por fastidiar.

Humildemente acepta que aunque su modestia lo quiera, no se le puede confundir con el vulgo.

Tampoco sabe leer, pues, como el filósofo, piensa que nada es comunicable por el arte de la escritura, eso a veces le pesa pues los días son largos.

Aunque tiene muchas distracciones.

A veces corre por las galerías como un carnero en embestida, juega a que le buscan, escondiéndose entre los infinitos (catorce) aljibes de su casa. También juega a estar dormido, en ocasiones realmente lo hace, pero su juego favorito es fingir que ‘otro Asterión’ lo visita y que le muestra la casa.

También reflexiona sobre esta, con infinitos patios, pesebres, aljibes y galerías, todos idénticos, son uno y muchos a la vez.

Por último habla de que cada nueve años, entran a su casa nueve hombres para que él los libre de todo mal, tan pronto los escucha corre alegremente a buscarlos, ceremonia que dura pocos minutos. Ignora quiénes son, pero sabe que uno profetizó al morir, que alguna vez llegaría su redentor, desde entonces no le duele la soledad, sabe que existe y que en algún momento se van a encontrar.

El discurso de Asterión es seguido por estas líneas:

El sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre. 

–¿Lo creerás, Ariadna? –dijo Teseo–. El minotauro apenas se defendió

miércoles, 19 de agosto de 2026

Cascada Pumahua, Córdoba

El Cenote Cordobés (cuyo nombre real es Cascada Pumahua o Cascada de la Campana) es una formación natural con un pozo de agua verde y una pequeña gruta con goteo mineral, ubicada en las sierras de Córdoba, Argentina. 
  • Se encuentra en la zona de La Calera / Casa Bamba, dentro de un entorno serrano de vegetación tupida.
  • El sitio se popularizó en redes sociales bajo el nombre de "cenote" por el color de su agua y la forma de la roca, aunque es una cascada de vertiente.
"La nostalgia no es siempre nostalgia de un pretérito. Hay lugares que nos producen nostalgia por adelantado. Lugares que sabemos perdidos en cuanto los encontramos; lugares en donde nos sabemos más felices de lo que jamás seremos después”. 
Valeria Luiselli
📷Leopoldo Pomes