CANTO XVII — EL DESCENSO SOBRE GERIÓN
Dante y Virgilio han llegado al borde del séptimo círculo del Infierno, pero para continuar su viaje deben descender todavía más.
Frente a ellos aparece una criatura extraordinaria: Gerión, símbolo del fraude.
Su apariencia resulta inquietante porque su rostro parece el de un hombre honesto y bondadoso, mientras que su cuerpo es monstruoso y termina en una cola venenosa. Para Dante, esa contradicción representa perfectamente el engaño: un rostro que inspira confianza mientras oculta una naturaleza peligrosa.
Virgilio se acerca a Gerión y le pide que los transporte hasta las profundidades de Malebolge, el octavo círculo del Infierno.
Dante observa a la criatura con temor.
Aun así, debe subir sobre su espalda.
Virgilio se coloca delante y Dante detrás.
Entonces Gerión comienza a descender.
No existe ningún camino bajo sus pies.
La criatura se eleva en el aire y comienza a girar lentamente sobre el enorme abismo.
Dante siente el vértigo mientras contempla las profundidades del Infierno debajo de él.
El monstruo vuela en círculos, descendiendo cada vez más, hasta que finalmente llega al fondo.
Allí deja a Dante y Virgilio en Malebolge, donde serán castigados aquellos que utilizaron el fraude y el engaño contra otros.
Después de cumplir su misión, Gerión desaparece en la oscuridad.
Y así termina uno de los viajes más impresionantes de Dante:
un hombre que desciende hacia las profundidades del Infierno montado sobre una criatura cuyo propio cuerpo representa el engaño.
Porque en el mundo de Dante, incluso aquello que parece digno de confianza puede esconder un peligro.