No tan distintos...
domingo, 20 de septiembre de 2026
¿Con qué palabra acaba el «Quijote»?
«Vale» es la última palabra de las aventuras del hidalgo más famoso de la literatura. Un «vale» que en latín, y aún en tiempos de Cervantes, se empleaba como fórmula de despedida con el significado de ‘consérvate sano’.
Se trata de la segunda persona del singular del imperativo de «valēre» ‘estar sano’. Usado en las despedidas, por tanto, era una forma de decirle al otro algo así como «Adiós, que estés bien».
"Me quedaban las noches. Me concedía, cada noche, unos minutos de música para mí solo. Es cierto que el placer solitario es un placer estéril, pero ningún placer es estéril cuando nos reconcilia con la vida. La música me transporta a un mundo en donde el dolor sigue existiendo, pero se ensancha, se serena, se hace a la vez más quieto y más profundo, como un torrente que se transforma en lago".
Marguerite Yourcenar,
Alexis o el tratado del inútil combate
viernes, 18 de septiembre de 2026
jueves, 17 de septiembre de 2026
Somos el río que invocaste, Heráclito.
Somos el tiempo. Su intangible curso
acarrea leones y montañas,
llorado amor, ceniza del deleite,
insidiosa esperanza interminable,
vastos nombres de imperios que son polvo,
hexámetros del griego y del romano,
lóbrego un mar bajo el poder del alba,
el sueño, ese pregusto de la muerte,
las armas y el guerrero, monumentos,
las dos caras de Jano que se ignoran,
los laberintos de marfil que urden
las piezas de ajedrez en el tablero,
la roja mano de Macbeth que puede
ensangrentar los mares, la secreta
labor de los relojes en la sombra,
un incesante espejo que se mira
en otro espejo y nadie para verlos,
láminas en acero, letra gótica,
una barra de azufre en un armario,
pesadas campanadas del insomnio,
auroras, ponientes y crepúsculos,
ecos, resaca, arena, liquen, sueños.
Otra cosa no soy que esas imágenes
que baraja el azar y nombra el tedio.
Con ellas, aunque ciego y quebrantado,
he de labrar el verso incorruptible
y (es mi deber) salvarme.
El hacedor,
Jorge Luis Borges
miércoles, 16 de septiembre de 2026
"Una angustia tremenda que no puedo expresar
me ahoga el equilibrio sereno del rimar,
una angustia tremenda de atormentado duelo,
una amargura inmensa tan grande como el mar.
Que no sé lo que digo, que no sé lo que siento
o si sé lo que siento no lo puedo expresar.
Que yo sólo anhelo ser alma
ser crepúsculo, aurora, ser flor,
ser muy bueno, muy niño, muy pobre,
ser mañana, ser miel, ser amor”.
Federico García Lorca
A Federico García Lorca se le recuerda con frecuencia por la violencia de su muerte antes que por la profundidad de sus preguntas. Sin embargo, en sus escritos juveniles ya habitaba una angustia que ninguna palabra lograba contener. «Si sé lo que siento, no lo puedo expresar», confesó, revelando el drama de quien busca convertir el dolor en belleza. Su mirada también cuestionó la fe nacida del miedo y soñó con una patria fundada en el amor y la igualdad. Leer hoy a Lorca es descubrir que la verdadera poesía no ofrece respuestas: ilumina nuestras heridas y les concede un nombre.
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