Nada cambia de golpe.
Primero se permite.
Luego se repite.
Después… se celebra.
Y con el tiempo…
nadie lo cuestiona.
Así es como lo incorrecto se vuelve común.
Así es como se pierde el criterio.
Porque cada vez que aceptas algo que sabes que está mal…
estás enseñando que no importa.
Y eso no se queda en ti.
Se transmite.
Se multiplica.
La sabiduría nos recuerda:
Lo que una generación tolera…
la siguiente lo vive como verdad.
Y aquí viene la parte más importante:
Si no pones límites hoy—
mañana ni siquiera sabrás que debiste hacerlo.
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