martes, 30 de junio de 2015

No entendemos el valor de los momentos hasta que se han convertido en recuerdos

No entendemos el valor de los momentos hasta que se han convertido en recuerdos

Si recordar el pasado te hace daño y te impide llenar tu presente de sensaciones nuevas y positivas, déjalo ir. Recuerda que la vida es eso que pasa mientras tú estás ocupado con otros planes
                                                   
                                                     Disfrutar del pasado es vivir dos veces.

                                                                         Marcus V. Martialis


Os vamos a pedir que cerréis lo ojos durante unos instantes, que recordéis aromas de la infancia, el olor del cabello de vuestra madre, las peleas y los juegos en el parque, la intensidad del amor en la adolescencia, la ilusión de la Noche de Reyes… Recordad algo, lo que queráis, pero sentidlo en profundidad.
Somos capaces de esto y de mucho más. Revivimos cientos de recuerdos de nuestra infancia y de nuestra adolescencia pero, sin embargo, no somos capaces de hacerlo con la misma intensidad con los momentos vivimos en la edad adulta.
Esto sucede porque, según vamos siendo mayores, no nos paramos ni a sentir ni a disfrutar, porque vivimos a contracorriente y dejamos que la vida pase ante nosotros. Al final, como consecuencia, acumulamos recuerdos por inercia.

El pasado como antesala del futuro

Recurrimos al anhelo y a la nostalgia con la idea de revivir, de recordar y de aprovechar algo que creemos que se nos escapa. Sin embargo, tal y como hemos dicho, cuando somos adultos le dedicamos más tiempo al empeño de generar buenos recuerdos que al hecho de no dejar que la vida se escape sin vivirla.
Quizás el problema esté en que de mayores comprendemos algo que de niños aún no hemos experimentado: el pasado es la antesala del futuro. Esto, sin duda, nos atrapa. Y lo hace porque nos esforzamos por programar absolutamente todo en nuestra vida, sin dejar nada al azar ni a la apetencia personal.
Nos hemos metido en la cabeza que solo vale que contemos episodios épicos o característicos de nuestra vida. Así, como si fuese lo único que importa, nos dedicamos a esperar que vengan tiempos mejores para vivir intensamente y no nos damos cuenta de que la vida es, precisamente, lo que está aconteciendo.

¿Qué beneficios tiene recordar?

Poder recordar es un privilegio, pues significa que hemos vivido y que nada está afectando a nuestro cerebro. Sin embargo, los beneficios de nuestros recuerdos van más allá de lo simple:
  • Recrearse en los recuerdos contribuye a serenar el estado de ánimo.
  • Recordar eleva nuestra autoestima.
  • Recordar nos ayuda a fortalecer nuestras relaciones interpersonales.
  • Rememorar momentos, ideas y emociones ayuda a mantener en forma nuestra mente.
Es decir, la capacidad de recordar es una fuente de equilibrio y de bienestar psíquico. Volver a sentir intensa y vívidamente es una manera de cuidar nuestro bienestar emocional.
Como es lógico, nuestros recuerdos no siempre son bellos y felices, sino que frecuentemente nos entristecen. Sabiendo esto, deberíamos procurar exprimir al máximo nuestra vida para conseguir inundar nuestra mente de recuerdos positivos. Lo malos momentos vienen solos, así que hay que salir a buscar los buenos.

Tendamos un puente entre el pasado y el presente

Como hemos comentado, para recordar es preciso haber vivido con anterioridad. Esto nos permitirá percibir la continuidad de nuestro Yo y de nuestro mundo interno. Hace falta que el ayer y el hoy se fundan en uno para darnos cuenta de que compartimos cientos de cualidades con la persona que somos y la que fuimos.
Conseguir esto nos ayudará a darnos cuenta de que cada momento se convierte en pasado en un instante, ya que es un tiempo que nunca volveremos a vivir.

Es posible que en más de una ocasión te hayas torturado anhelando un tiempo anterior en el que te acompañaba una persona significativa que ya no está a tu lado. Son ese tipo de recuerdos los que te dañan, pues te impiden llenar tu presente de nuevas y positivas sensaciones.
Precisamente, estos recuerdos recurrentes son los que debes dejar a un lado: si te equivocaste, no te empeñes en regresar, pues no te favorece y carece de todo sentido hacerlo.

Practica el Carpe Diem, vive el momento


La vida es una obra de teatro que no permite ensayos. Por eso, canta, ríe, baila, llora y vive intensamente cada momento de tu vida antes de que el telón baje y la obra termine sin aplausos.
Charles Chaplin

Relájate y comete errores, no intentes ser perfecto. Tómate las cosas con menos seriedad. Corre más riesgos, viaja más. Sube montañas, nada ríos. Ve a lugares adonde nunca hayas ido. Vive más, preocúpate menos.
Hay instantes que te cambian la vida y que te dejan sin habla, momentos que te hacen cerrar los ojos, suspirar y querer vivir. Pero también hay veces nuestro mundo se desmorona y que las circunstancias nos ahogan.
Ciertamente es en estos momentos en los que más necesitamos una bomba de oxígeno de ese mundo paralelo que está en nuestras manos crear. No cargues tu vida con un kit de supervivencia y aprovecha para teñir de la mayor intensidad posible cada día que vivas. Sumérgete y bucea. Trabájate y crea nuevos hábitos que te llenen de vitalidad.

La única manera de tener bonitos recuerdos es haber vivido

Puedes acudir a tus recuerdos para calmar tu mal humor, para relajarte, para sonreír y para darte motivos para seguir creando otros tantos y bonitos recuerdos. Abre tu álbum de fotos y relee viejas cartas, encuentra el lugar que corresponde a tus recuerdos y no dejes que se pierdan en el olvido, porque están ahí para hacerte feliz.
Mientras, no te olvides de que la única manera de generar preciosos recuerdos es viviendo el ahora con las enseñanzas del pasado. Este es el único sendero que te conduce a seguir manteniendo la ilusión por la vida y por el día a día, pues así desestimamos la idea de que solo las grandes y reconocidas hazañas valen la pena. Seamos héroes anónimos de nuestra vida.
Imagen destacada cortesía de shadesofeleven
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