martes, 19 de mayo de 2015

Umbral

¿Por qué llorar por un capullo
Cuando la mariposa ha salido volando?

La muerte es una de las pocas cosas dadas en la vida, y sin embargo le tememos. Negamos su presencia o con inmadurez rehusamos tomarla en cuenta. En la vida, en que tan pocas cosas son lo suficientemente estables para servirnos como verdaderos puntos de referencia, la muerte es una de nuestras pocas seguridades.

La muerte no es un final. Es una transformación. Lo que muere es sólo nuestro sentido de identidad, el que era falso para empezar. La muerte es el umbral de esta vida. Más allá de él hay algo más, algún misterio. Sólo podemos estar seguros de que es distinto a esta vida.

Que no nos avergüence admitir que nadie conoce la muerte definitivamente. Lo más cerca a lo que podríamos llegar es a una experiencia supuestamente cercana a la muerte, la cual, por definición, no puede ser la muerte en si misma. Alternativamente, podemos examinar a otras personas que han muerto. Podemos mirar un cadáver. Cuando lo hacemos, vemos que sea lo que fuese lo que animaba ese cuerpo ya no está en acción. ¿Es ese cuerpo nuestro querido amigo? No. Lo que sea que haya sido lo que era la persona que conocimos, se ha ido. ¿Qué sentido tiene el llorar sobre una cáscara sin vida en un ataúd?

La muerte define los límites de la vida. Entre esos límites, hay una estructura sobre la cual basar las propias decisiones. Cuando uno estime que la propia vida ha sido completa, uno puede usar la muerte como el portal para salir de esta existencia.

Meditaciones Tao.

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