domingo, 4 de enero de 2015

El libro de los abrazos, Eduardo Galeano


Quien nombra, llama.

La luna llama a la mar y la mar llama al humilde chorrito de agua, que en busca de la mar corre y corre desde donde sea, por muy lejos que sea, y corriendo crece y arremete y no hay montaña que le pare la pechada. El sol llama a la parra, que queriendo sol se estira y sube.

El primer aire de la mañana llama a los olores de la ciudad que despierta, aroma de pan recién dorado, aroma de café recién molido, y los aromas al aire entran y del aire se apoderan. La noche llama a las flores del camalote, y a medianoche en punto estallan en el río esos blancos fulgores que abren la negrura y se meten en ella y la rompen y se la comen.

El libro de los abrazos, Eduardo Galeano

No hay comentarios:

Publicar un comentario